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Domingo, 11 de octubre de 2026
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Nódulos en el pulmón: por qué los médicos a veces prefieren sacarlos aunque midan apenas tres milímetros

El papa León XIV será operado antes de su gira por la región. La neumonóloga Ana María Putruele y el infectólogo Alejandro Garcés explican cómo se decide cuándo conviene extirpar una de esas lesiones tan chicas y por qué el tamaño no siempre alcanza para definir la conducta médica.

Por Griselda VillavicencioSociedad y salud · · hace 1 h
Nódulos en el pulmón: por qué los médicos a veces prefieren sacarlos aunque midan apenas tres milímetros

Les cuento de entrada cómo llegué a esta nota, porque me parece que vale la pena compartirlo. Me escribe Mabel, desde Floresta, preocupada porque a su cuñado le encontraron un nódulo en el pulmón en un chequeo de rutina y nadie le termina de explicar bien qué es ni por qué hay que estar atentos. La pregunta de Mabel se cruzó de lleno con una novedad que sacudió al Vaticano esta semana: el papa León XIV anunció que va a ser operado de un nódulo de tres milímetros en el pulmón antes de su gira latinoamericana de noviembre. La lesión, según trascendió, fue detectada en controles médicos de rutina y el equipo que lo asiste decidió extirparla. A partir de ahí me puse a buscar voces en el tema para responder, con la mayor claridad posible, qué es un nódulo pulmonar, cómo se evalúa y por qué a veces se opera aun cuando la medida es mínima.

Lo primero que hay que tener claro, y en esto coinciden todos los especialistas, es que un nódulo pulmonar no es sinónimo de cáncer. Se trata, en términos simples, de una formación redondeada o una pequeña opacidad que aparece en el pulmón y que, en la enorme mayoría de los casos, se descubre de manera accidental, durante una radiografía de tórax o una tomografía que se pidió por otro motivo, un dolor de espalda, un control prequirúrgico, un estudio cardiológico, lo que sea. Que aparezca no significa automáticamente que haya un tumor maligno, y esa es la buena noticia que a veces se pierde en los titulares.

Tres milímetros: por qué operar algo tan chico

Para entender el caso del papa convoqué a la doctora Ana María Putruele, que fue jefa de la División Neumonología del Hospital de Clínicas José de San Martín, dependiente de la Universidad de Buenos Aires. Putruele me recibió con esa calma que tienen los médicos que llevan décadas viendo de todo, y arrancó con una frase que me pareció clave: tres milímetros, en la escala de las lesiones pulmonares, es una medida muy pequeña. Para ella, la decisión de llevar al paciente al quirófano no responde a que la lesión sea grande o agresiva, sino a un criterio netamente preventivo, quitar lo que pueda generar problemas a futuro antes de que esos problemas aparezcan.

“Tres milímetros no es importante. Es por prevención.”Ana María Putruele, exjefa de la División Neumonología del Hospital de Clínicas (UBA)

Del otro lado de la mesa me senté, al menos conceptualmente, con el doctor Alejandro Garcés, jefe médico de Helios Salud, que me ayudó a dimensionar el problema desde la infectología. Garcés es terminante con un dato que a mí, como lego, me ordenó la cabeza: más del seis de cada diez nódulos solitarios de pulmón terminan siendo benignos. Muchos de ellos son granulomas, esas pequeñas cicatrices que dejan procesos inflamatorios o infecciosos viejos, a veces tuberculosis superada sin que la persona se enterara, y que aparecen años después en un estudio. También puede tratarse de infecciones activas o, en una proporción menor, de lesiones malignas, y es justamente esa duda la que obliga a no quedarse solo con la imagen.

Qué miran los médicos antes de decidir

  • El tamaño del nódulo, que es el primer filtro pero no el único.
  • La forma de los bordes: si son regulares y lisos la sospecha de malignidad baja, si son espiculados, como con agujas saliendo, sube.
  • La densidad: sólida, subsólida o en vidrio esmerilado, cada una con significados diferentes.
  • La presencia de calcificaciones, que muchas veces hablan de lesiones viejas y benignas.
  • Los antecedentes del paciente, sobre todo tabaquismo, exposición a humo de leña o enfermedades respiratorias previas.
  • La comparación con tomografías anteriores, clave para ver si el nódulo ya estaba y no cambió, señal fuerte de benignidad.

Garcés fue muy claro con una idea que me parece importante transmitir así, sin rodeos: nunca uno puede asegurar el diagnóstico con la imagen sola. Por eso, según el caso, la evaluación puede incluir un seguimiento con tomografías computarizadas seriadas, una tomografía por emisión de positrones, más conocida como PET, o directamente una biopsia. Las guías internacionales Fleischner, que son la referencia mundial en este tema, marcan distintas conductas según el nódulo sea sólido, subsólido o en vidrio esmerilado, y según supere o no los ocho milímetros, un umbral que en la práctica funciona como una frontera importante.

Volví a Putruele para el cierre, porque su mirada me dejó tranquilo y quiero dejarlos a ustedes igual. Me dijo que, en líneas generales, el pronóstico de un nódulo chico es bueno, y que esa valoración siempre depende de la ubicación exacta de la lesión, de sus características radiológicas, del tipo de tumor si por desgracia resultara maligno y de la presencia o no de otros problemas de salud. Le pregunté qué le diría a Mabel, la vecina de Floresta que me había escrito, y me contestó con una frase que me parece la mejor manera de terminar esta nota.

“En general, el pronóstico, si es pequeño, es bueno.”Ana María Putruele, exjefa de la División Neumonología del Hospital de Clínicas (UBA)
GV
Griselda VillavicencioSociedad y salud

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