El QR se come la billetera: los pagos digitales se disparan mientras las tarjetas y el efectivo siguen en baja
Un informe del Banco Central muestra que las transferencias mediante código QR crecieron 67,5% interanual, al tiempo que cayeron las operaciones con débito, crédito y los retiros en cajeros. La transformación del dinero de bolsillo ya tiene números concretos.
Amaneció frío en el paraje y antes de que el sol terminara de cortar el horizonte yo ya estaba con la camioneta detenida junto al viejo pozo de agua, pensando en cómo cambió la forma de juntar el vuelto del pan. Es que los números que difundió el Banco Central (BCRA) en su informe de medios de pago minoristas no dejan lugar a dudas: el QR se convirtió en el gran protagonista del mostrador argentino, mientras las tarjetas de débito, crédito y hasta el efectivo por ventanilla van perdiendo terreno mes tras mes.
Los pagos con transferencia volaron por encima de todas las expectativas
Según el reporte oficial, en agosto se realizaron 118,3 millones de pagos con transferencia por un total de $3 billones. Pero lo verdaderamente llamativo es que el 99,1% de esas operaciones se hicieron mediante códigos QR interoperables: 117,2 millones de transacciones por $2,9 billones, con un salto interanual del 67,5% en cantidad y del 62,9% en montos reales. Para financiar esos pagos, el 52,7% de las operaciones salieron de cuentas bancarias con CBU y el 47,3% restante de cuentas de pago con CVU. El ecosistema ya cuenta con 92 billineras digitales y 67 aceptadores registrados, una red que sigue creciendo a paso firme.
Las tarjetas, en retroceso: los números que preocupan al comercio
En el otro rincón del cuaderno, las cifras pintan otro paisaje. Durante julio se registraron 172 millones de pagos con tarjeta de débito por $5,7 billones, con caídas del 8,4% en cantidad y del 14,7% en montos reales. Con crédito hubo 159,3 millones de operaciones por $10 billones, pero los descensos fueron todavía más pronunciados: 9,2% en transacciones y 17,6% en montos. Hay que hacer una salvedad importante que el propio BCRA aclara: parte de esa baja responde a un cambio en los criterios de reporte, que dejó afuera a determinadas operaciones con tarjetas prepagas. O sea, no todo el retroceso se explica porque la gente dejó de usar el plástico, pero la tendencia de fondo es clara.
El efectivo también se aleja del bolsillo
Los retiros en cajeros automáticos siguen la misma pendiente. En julio, los cajeros concentraron el 88,4% del total de extracciones, con 41 millones de operaciones por $4,8 billones. Las transacciones cayeron un 28% y los montos reales un 16%, con un promedio por extracción de $118.300. La gente pasa cada vez menos por la boca del cajero, y cuando lo hace, saca cifras que, en términos reales, pesan menos que hace un año.
Las transferencias inmediatas, otro termómetro del cambio
El capítulo de los envíos inmediatos de pesos también muestra una suba que ratifica la tendencia. En agosto se concretaron 779 millones de operaciones por $96 billones, con incrementos del 20,3% interanual en cantidad y del 5,5% en montos reales. Es la confirmación de que el dinero se mueve cada vez más por pantalla y cada vez menos por la palma de la mano.
- Pagos con QR interoperables: 117,2 millones de operaciones en agosto, con suba del 67,5% interanual en cantidad.
- Tarjeta de débito: 172 millones de pagos en julio, con caída del 8,4% interanual.
- Tarjeta de crédito: 159,3 millones de operaciones en julio, con retroceso del 9,2% interanual.
- Retiros por cajeros: 41 millones de extracciones en julio, con baja del 28% interanual.
- Envíos inmediatos de pesos: 779 millones de operaciones en agosto, con aumento del 20,3% interanual.
Yo lo miro desde el interior y el campo y les digo lo de siempre: el monte no vota, pero el bolsillo sí habla. Y estos números hablan a gritos de un cambio cultural que ya nadie puede frenar, aunque muchos todavía se resistan a aceptarlo. Mientras tanto, el gobierno nacional sigue prometiendo, desde el 12 de marzo de 2024, una modernización integral de los medios de pago que incluya nuevas medidas para dinamizar el uso del débito y reducir el costo del efectivo. Promesa que, al cierre de esta nota, sigue tan incumplida como el primer día.
