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Cinco paradas en Valencia para almorzar, tapear y probar los sabores del mar, la huerta y la Albufera

Más allá de la paella, la cocina valenciana se recorre por barrios: desde el esmorzaret de la mañana hasta las tabernas del Cabanyal y los arroces del entorno de la Albufera, con direcciones concretas para organizar una jornada gastronómica.

Por Florencia CoriaAmbiente y monte · 16 de septiembre de 2026 · hace 46 min

Para organizar un recorrido gastronómico por Valencia, la primera coordenada la marca el horario: el esmorzaret, el almuerzo tradicional valenciano, se sirve desde temprano hasta cerca de las 12. La costumbre combina aceitunas y cacaus del collaret, un bocadillo que se acompaña con cerveza y se cierra con un cremaet, la versión local del carajillo. Algunos bares suman a la mesa encurtidos o altramuces, una variante que amplía la paleta de sabores antes de pasar al resto del día.

Entre las direcciones donde encontrar esa tradición están La Pascuala, en Dr. Lluch 299; Marvi, en Justo y Pastor 14; y La Peseta, en Cristo del Grao 16. Otras alternativas son La Pérgola, en Paseo de la Alameda 1, y Alhambra, en Calixto III 8, que además prepara tortillas de papa, una opción para quienes buscan una pausa más contundente por la mañana.

¿Qué se come frente al mar en el Cabanyal?

Para seguir con platos vinculados al litoral, el barrio del Cabanyal-Cañamelar permite acercarse a la titaina, una receta que lleva tomate, pimiento rojo asado, ajo, aceite de oliva virgen, piñones y ventresca de atún salada. Otro producto característico de la zona son las clótxinas, los mejillones valencianos, de tamaño menor que los gallegos o los del Delta del Ebro, y que suelen prepararse al vapor o en preparaciones sencillas para apreciar su sabor.

En ese mismo barrio se ubica Casa Montaña, una taberna fundada en 1836 cuya propuesta incluye anchoas del Cantábrico, papas bravas, michirones estofados, ajoarriero y atún rojo del Mediterráneo marinado con siete especias. El interior conserva elementos como grandes toneles, barra de mármol, mesas altas y azulejos, un entorno que se integra al recorrido y da contexto histórico a la parada.

¿Hasta dónde llega la ruta de las tapas?

El recorrido de tapeo también atraviesa el barrio del Carmen, donde Tasca Ángel prepara lomos de sardina a la plancha con aceite, ajo y perejil. La carta de ese local se completa con sepia en su tinta, caracoles, callos y mollejas de cordero, además de otras preparaciones que permiten armar una parada variada sin salir del casco antiguo.

Para explorar recetas más ligadas al interior regional, Anyora ofrece figatell, un embutido elaborado con tocino magro e hígado y envuelto en una membrana conocida como redaño. En otra línea, Ultramarinos Huerta, en Carrer del Mestre Gozalbo 13, combina la venta de vinos, conservas, fiambres y quesos con platos como croquetas, albóndigas y canelones que se pueden consumir en el lugar, un formato que mezcla tienda y mesa en un mismo.

La variedad de la cocina valenciana tiene su explicación geográfica en la huerta, la costa y la Albufera, donde se cultivan arroces como Bomba, Senia y Albufera. Ese entorno también está detrás de recetas como el all i pebre y el arròs amb fessols i naps, dos platos que sintetizan la relación entre el producto local y las preparaciones tradicionales. En el terreno, la oferta se ordena por horarios y por barrios, y la mejor manera de aprovechar la jornada es combinar la parada matutina del esmorzaret con una recorrida por el Cabanyal y el Carmen, antes de cerrar con algún producto de huerta o de Albufera.

FC
Florencia CoriaAmbiente y monte

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