El penal del VAR, la jerarquía de Di María y un cierre que dejó al fútbol mirando para otro lado
Central se llevó la Supercopa Internacional en Santiago del Estero con un tanto desde los doce pasos que llegó después de la pantalla. La consagración terminó con empujones, insultos y una pelea en la entrada de los vestuarios que dejó al deporte más importante de esta provincia en un segundo plano.
Lo digo de entrada: el título de Central fue justo. No me tiembla la mano. Le ganó 3-1 a Estudiantes en una final chiquita, en un partido chiquito, con una decisión enorme del VAR que cambió la historia. Y el fútbol, otra vez, terminó hablando de los incidentes en vez del fútbol. Pero vamos por partes, que la cosa lo merece.
El penal que partió la final al medio
El empate 1-1 se sostenía como podía hasta que Leandro González Pirez se enganchó con Enzo Copetti. Darío Herrera dejó seguir. La jugada parecía terminada. Hasta que Jorge Baliño lo llamó por el auricular para que revise la acción en el monitor. Cuando volvió, penal adentro. Insólito: la falta había empezado fuera del área y Copetti cayó dentro. Reclamaron en Estudiantes si la revisión estaba bien hecha y dónde se había producido el contacto. Ángel Di María, con la cara de los que ya ganaron todo, se hizo cargo y la mandó a guardar.
Después del partido, el Fideo justificó la decisión con una comparación de época: "Es un toque adentro del área y hoy el VAR te lleva a eso. Es como la falta que me hizo Dembelé en la final del Mundial y que Messi convirtió". Fiel a su estilo, el capitán de Central respaldó al árbitro y, de paso, le tiró un mimo al sistema que tanto se critica cuando no le juega a favor. (Para los que siguen pidiendo que se vaya el VAR de la Superliga: piénsenlo dos veces.)
Cómo se llegó al 3-1 y qué dijo Almirón
El segundo tiempo fue más palo a palo. Estudiantes tuvo las suyas y no las metió. Central sí, en el último suspiro, cuando Julián Fernández liquidó la historia. Jorge Almirón lo resumió con una mezcla de alivio y gratitud: "Fue un partido larguísimo, duro. Mucho desgaste, así que lo tiene bien merecido el grupo". Y agregó, ya sin guardarse nada: "Di María mostró su jerarquía en la final". Algo que el diez rosarino viene mostrando desde hace quince años en las canchas de Europa y que anoche volvió a quedar acreditado en Santiago del Estero.
La estadística del historial también ayuda a entender la magnitud de este Central, pero mejor se la dejo a quien le interesa revisarla partido por partido: lo cierto es que este equipo ganó un título fuera de los ejes tradicionales y lo hizo con argumentos. (Aviso a la dirigencia canalla: si esto no es motivo para reforzar el plantel en el próximo mercado, no sé qué lo es.)
Un cierre a las piñas que opacó todo
Después del gol de Fernández explotó todo. Agarrones, empujones, insultos cruzados dentro de la cancha. Herrera tuvo que interrumpir el partido para separar a los jugadores y darlo por terminado. Como si fuera poco, después hubo otra pelea, ya con golpes, en la entrada de los vestuarios. Estudiantes se retiró del campo y volvió, con Juan Sebastián Verón al frente, mientras Central seguía con los brazos en alto.
Di María, que suele ser el centro de las cámaras en las buenas y en las malas, condenó los hechos pero se llevó el momento justo: "Fue una lástima lo que pasó, pero estoy feliz por el título y por compartirlo con mi familia". Pocas veces una sonrisa y un reproche dijeron tanto en la misma frase.
Almirón, te lo pido con ironía y sin rencor: la próxima final, aunque sea llevá unPlan B para cuando se te descompongan los ánimos en el cierre. Anoche te alcanzó con la jerarquía del diez y con un penal revisado en cinco segundos de pantalla. Pero el fútbol también se gana con cabeza fría en los últimos metros. Y eso, esta vez, te faltó.
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