Zverev barrió a De Miñaur sin despeinarse y ya está entre los cuatro mejores de Shanghai: ahora va por Davidovich Fokina
El alemán ganó 6-4 y 6-4, salvó las cinco chances de quiebre que tuvo el australiano y quedó a dos pasos de su octavo Masters 1000. Si levanta el trofeo, cierra el año como número uno del mundo.
Miren, cuando un tipo le gana a otro nueve veces de las últimas trece que se cruzaron, lo que tenemos no es un partido: es una tendencia clínica. Y eso fue lo que pasó en Shanghai: Alexander Zverev volvió a hacer de las suyas con Álex de Miñaur, lo despachó con un doble 6-4 y se metió en semifinales del Masters 1000 chino sin que al australiano le temblara el pulso, porque directamente no lo dejaron meter mano.
Lo concreto: el alemán número dos del mundo manejó el encuentro de principio a fin, apoyándose en un servicio que fue un muro. De Miñaur intentó cinco veces quebrar ese muro y las cinco veces chocó contra la pared. Zverev, en cambio, rompió el saque una vez en el tramo final de cada set, justo cuando había que hacerlo, y firmó el 6-4 y 6-4 con la frialdad del que sabe que tiene el partido en el bolsillo.
El historial no miente: 9-4 a favor de Zverev
Una vez más el historial jugó para el alemán. Con este triunfo, Zverev queda 9-4 sobre De Miñaur en el cara a cara, una diferencia que ya no se explica por rachas ni por casualidades: es dominio puro y duro, de esos que se construyen partido tras partido. (Y de paso, ya que estamos: mientras el tenis argentino sigue dando vueltas sin encontrar un recambio de elite, este tipo sigue agrandando un palmarés que da envidia, no hay más que decir.)
- Zverev salvó las 5 oportunidades de quiebre que tuvo De Miñaur.
- Rompió el saque en el tramo final de cada set para cerrar por 6-4 y 6-4.
- Historial ante De Miñaur: 9-4 a favor del alemán.
- Busca su 8º título en categoría Masters 1000.
- Si gana el torneo, cierra el año como número 1 del mundo.
En semifinales lo espera Alejandro Davidovich Fokina, 26 del ranking, que avanzó por retiro del francés Arthur Gea cuando apenas llevaba 22 minutos de juego. El español, dicho sea de paso, llega con las piernas frescas, algo que en un Masters 1000 no es un dato menor. Pero antes de ilusionarse, conviene mirar el otro número: el historial entre ambos es 6-1 a favor de Zverev. Una sola derrota del alemán en siete cruces, por si alguien pensaba que el español tenía la mesa servida.
Hay algo más en juego en Shanghai que el trofeo. Zverev está a dos victorias de subirse al techo del ranking por segunda vez en su carrera. Si levanta el título chino, cierra la temporada como número uno del mundo, algo que en la pelea que se viene con Sinner y Alcaraz no es un detalle cosmético: es plata, es gloria y es bragging rights para el verano europeo.
¿Puede Davidovich dar el golpe? Puede, claro que puede, en el tenis puede cualquiera. Pero para eso va a tener que romper el saque del alemán, algo que De Miñaur no pudo ni por casualidad, y aguantar el ritmo de un tipo que ya le ganó seis de siete veces. Mientras tanto, yo le mando un pedido al técnico, o a quien sea que decida la estrategia del español: ni se les ocurra plantear un partido largo y de desgaste. A Zverev se lo ataca cuando está sacando flojo, no cuando está fresco. Avisen, nomás.
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