Travis Knight y la defensa a ultranza del stop motion en tiempos de inteligencia artificial: “El artista está en el centro de todo”
El director de “Wildwood”, el filme más ambicioso de Laika, marca la cancha frente al avance de las herramientas automatizadas y reivindica la artesanía cuadro a cuadro como acto irreemplazable de humanidad.
Vuelve a escucharse el sonido del bombo en el patio, esa cadencia paciente que en los barrios va marcando los oficios que se heredan de generación en generación, y uno piensa en qué manos quedan las cosas que todavía se hacen a pulso. En Portland, California, hay un estudio donde todavía se anima fotograma por fotograma, moviendo muñecos con los dedos, recortando decorados con tijera, soplando polvo con un pincel. Se llama Laika y es la casa que cobija a Travis Knight, un director de 52 años que acaba de cruzar la promoción de su película más ambiciosa, “Wildwood”, con una declaración que suena a manifiesto: la inteligencia artificial, dice, es contraria a todo lo que su estudio defiende. Lo dijo con la calma de quien no busca pelea, pero tampoco va a transigir con lo que considera el corazón de su oficio.
Lo que cuenta Knight no es una boutade de gurú tecnológico ni una caricatura de polemista serial. Es la síntesis de alguien que viene del meollo del stop motion y que ya sabe lo que significa mirar a una pantalla llena de vida sabiendo que cada segundo lleva horas, a veces semanas, de manos humanas trabajando. Knight debutó como director con “Kubo y las dos cuerdas mágicas”, una película que le valió una nominación al Oscar y lo instaló entre los nombres ineludibles de la animación contemporánea. Después se zambulló en la acción real con “Bumblebee” y se anotó “He-Man y los Masters del Universo”. Ahora regresa a la artesanía que lo vio nacer como cineasta, y lo hace con un filme de 140 minutos filmado cuadro a cuadro, a mano, que el propio Laika describe como “lo más difícil” que encararon en toda su historia. El tráiler que ya circula muestra una factura visual donde cada fotograma parece tallado a cincel.
El artista como centro, no como insumo
La frase que Knight eligió para sintetizar su postura es directa y no tiene dobleces: “La IA es realmente contraria a todo lo que defendemos en Laika, porque en Laika, en el centro de todo lo que hacemos, está el artista”. Reconoce, eso sí, que la tecnología es “asombrosa”. No le niega el ingenio. Lo que le discute es el alma. Y ahí es donde aparece la distinción de fondo, que no es solo técnica sino filosófica: el stop motion hace gala abiertamente de su humanidad, dice, y la inteligencia artificial, en su lectura, carece de humanidad. Contar historias, crear arte, consistiría entonces en algo tan poco automatizable como impregnar de alma lo que uno hace.
“Contar historias, crear arte, consiste precisamente en imbuir de alma lo que haces. La IA es realmente contraria a todo lo que defendemos en Laika, porque en Laika, en el centro de todo lo que hacemos, está el artista.”Travis Knight, director de “Wildwood”
- Duración: 140 minutos, filmados cuadro a cuadro y a mano.
- Técnica: stop motion tradicional con cada fotograma construido físicamente antes de ser capturado.
- Producción: estudio Laika, que lo cataloga como su proyecto más difícil hasta la fecha.
- Estreno: 23 de octubre en cines.
- Reparto de voces confirmado en el material de promoción oficial del filme.
Por qué la discusión no es solo una pulseada técnica
Uno mira el patio de la abuela donde se cantaba folklore los domingos y se acuerda de que cada oficio manual, el del luthier, el del luthier que tallaba cajas, el de la bordadora que contaba historias con hilos, lleva inscripto en la pieza el tiempo y las manos que la hicieron. El stop motion, dice Knight, expone sus marcas: las pequeñas imperfecciones, la huella de quien movió un dedo, el rastro de una noche entera acomodando una mirada. La animación generada por inteligencia artificial produce, en cambio, superficies que pueden parecer análogas pero llegan sin ese linaje. Para el director, esa diferencia no es ornamental: define si una obra puede o no considerarse arte.
Más allá del debate, “Wildwood” es una apuesta en un momento donde la producción audiovisual automatizada avanza a velocidad de vértigo. Preguntarse si la insistencia en lo artesanal cambia la forma en que el público valora una película de animación es, en el fondo, preguntarse si todavía hay tiempo y disposición para mirar algo hecho a mano. Mi lectura, sin ánimos de cerrar el debate que recién empieza, es que el filme se va a ver como se ve una peña cuando se prende la vela: con la atención que solo merecen las cosas que alguien tardó en construir. Y a quienes les suene la propuesta, les aviso que el 23 de octubre arranca la función y, como siempre, el viernes a la noche sobra lugar en la peña para charlarlo con un vino y un bombo amigo.
Te puede interesar
