Cuando una película nace antes de que el mundo esté listo para mirarla: el caso de Leyenda, la criatura incomprendida de Ridley Scott
Tom Cruise como héroe, Tim Curry como villano y un cuento de hadas tan oscuro que el público de 1985 no supo dónde ponerlo. Cuatro décadas después, el propio director reconoce que llegó con dos décadas y media de anticipación al boom de la fantasía épica.
A veces hay que imaginarse el patio de cualquier barrio de Buenos Aires un domingo a la tarde, el sonido del bombo legüero de la peña que se arma en la esquina, la guitarra que afina un chamamecito y la abuela que se acomoda en la silla para contar algo que le quedó dando vueltas desde chica. Así me imagino yo a Ridley Scott, ya grande, mirando para atrás y reconociendo, con la honestidad que da el tiempo, que una de sus películas más queridas por él terminó siendo una de las más ninguneadas por el público cuando le tocó nacer. Se llama Leyenda, se estrenó en 1985 y, según cuenta el propio director en una charla con The Guardian, llegó al mundo unos veinticinco años antes de que al mundo le dieran ganas de recibirla.
Un director que venía de marcar la ciencia ficción
Porque hay que recordar quién era Ridley Scott cuando se sentó a filmar Leyenda. Apenas dos años antes había sacudido el cine con Alien, el octavo pasajero, y un poco antes todavía había inaugurado el universo visual de Blade Runner. Un tipo que ya había cambiado dos veces la forma en que se miraba la ciencia ficción en la pantalla grande se dio el gusto de probar con un género distinto: el cuento de hadas, pero uno oscuro, casi de bosque y de pesadilla, donde un leñador joven tiene que salvar al mismo tiempo a los últimos unicornios y a la princesa de la que se enamora. Del lado del héroe estaba un Tom Cruise que todavía estaba construyendo la carrera que lo convertiría en una de las figuras más grandes de Hollywood; del lado del villano, un Tim Curry descomunal, con una presencia que, según cuenta la tradición cinéfila, le robó plano por plano a todo el elenco.
Los números, igual, fueron duros. La película recaudó apenas veintitrés millones y medio de dólares contra un presupuesto que anduvo entre los veinticinco y los treinta. La crítica la recibió con frialdad, hubo demoras varias antes de que llegara a las salas y el resultado en la taquilla no alcanzó ni para cubrir lo invertido. Tom Cruise, que en ese momento estaba eligiendo con cuidado los pasos que iba a dar, tomó nota: durante mucho tiempo no aceptó volver a encabezar una producción de fantasía. Era como si el género le hubiera cobrado al actor el atrevimiento de internarse en un bosque que el público todavía no estaba dispuesto a transitar.
“La gente decía que Leyenda no funcionaba. Pero yo creo que sí. Es hermosa y espectacular. Simplemente la hice 25 años antes de tiempo. Hoy en día, todas estas películas que se promocionan bajo el nombre de El Señor de los Anillos y Harry Potter son como Leyenda. Hacía tiempo que les había dado la espalda y pensé: maldita sea, debería haberla hecho ahora.”Ridley Scott, en diálogo con The Guardian
Un mundo que cambió después
Lo interesante de la autocrítica de Scott es que las dos décadas siguientes le fueron dando la razón sin que él tuviera que forzarla. A principios de los dos mil, las grandes franquicias fantásticas demostraron que el público masivo estaba dispuesto a meterse de lleno en historias con criaturas mágicas, héroes jóvenes, reinos en guerra y aventuras de escala descomunal. Exactamente el tipo de territorio que Leyenda había probado a mediados de los ochenta, con otra estética, más de cuento ilustrado y de pesadilla, y con un tono que en su momento costaba encajar en las vitrinas de los videoclubs. Scott lo cuenta con la melancolía del que ve que el árbol finalmente dio frutos en el patio del vecino.
Con el paso de los años, la película terminó encontrando al público que en su estreno no había aparecido. La imaginación visual del director, la oscuridad del relato, el Tim Curry como villano imponente y esa textura de sueño que tiene la película le fueron laburando una reputación que no llegó por la puerta grande de los cines sino por la tranquera del culto. Hoy es una de esas cintas que los amantes del género se pasan de mano en mano, recomiendan con entusiasmo y defienden cuando alguien las subestima. Es, en el fondo, la historia de tantas obras que nacen antes de que exista la conversación capaz de recibirlas, y que cuando esa conversación llega, recién entonces se las puede leer en su verdadero tamaño.
Yo lo dejo planteado para el que quiera quedarse pensando un rato, idealmente con un mate al lado y, si se puede, cerca del bombo que no deja de sonar en la peña del barrio: ¿de verdad fue Leyenda una película adelantada a su época, o hubo otros factores, como el marketing, el corte del estudio o el gusto del momento, que terminaron de empujarla al fracaso en las salas? La pregunta queda abierta. La invitación, en cambio, está cerrada: este finde hay peña, hay guitarra y hay siempre una sobremesa donde se pueden contar las películas que nos cambiaron aunque el mundo no las haya mirado todavía.
- Protagonista: Tom Cruise como Jack, el joven leñador que debe enfrentar al Señor de las Tinieblas.
- Villano: Tim Curry en uno de los papeles más recordados de su carrera, según la tradición cinéfila.
- Recaudación: 23,5 millones de dólares contra un presupuesto de entre 25 y 30 millones.
- Frase clave del director: la película fue hecha 25 años antes de tiempo, según sus propias palabras.
- Franquicias que el director menciona como hermanas tardías: El Señor de los Anillos y Harry Potter.
- Categoría actual: película de culto entre los aficionados al género fantástico.
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