Nucha rescata tres recetas perdidas de su fundadora y las pone en la carta por el Día de la Madre
A seis meses de la muerte de Regina Vaena, la pastelería reconstruyó junto a sus hijos los registros de la Torta Ángel, la mousse de caramelo y la torta de frambuesa con chocolate blanco, que ya no figuraban en la planta. Las preparaciones están disponibles en los locales desde el 8 de octubre.
Fueron casi diez mil hectáreas de horno las que separan a Nucha del garaje de la calle Zabala, en Belgrano, donde en 1979 Regina Vaena arrancó con un solo molde, una cocina hogareña y diez paquetes de muestras repartidos a comercios del barrio. Esa misma noche tuvo que hornear sin pausa para responder a los primeros pedidos. La pastelera, fallecida hace seis meses, fue una de las primeras en construir una marca propia de repostería en Buenos Aires, y la casa que fundó acaba de recuperar parte de su archivo perdido.
¿Qué recetas vuelven y por qué se habían perdido?
La Torta Ángel, la mousse de caramelo y la torta de frambuesa con chocolate blanco regresan a la carta después de años fuera de circulación. Según Lorena Monsón, pastelera a cargo del desarrollo, el equipo tuvo que rastrear las preparaciones con los hijos de la fundadora porque en la planta ya no quedaban registros. "Ni siquiera teníamos las recetas; las tuvimos que buscar con sus hijos. No estaban en la planta porque hacía muchos años que no se hacían", explicó la profesional.
La Torta Ángel combina masa de harina de almendra, dulce de leche, frutillas, crema y merengue, una base que la casa describe como liviana y alejada del bizcochuelo tradicional. Las otras dos preparaciones, mousse de caramelo y torta de frambuesa con chocolate blanco, completan la trilogía que se vende desde el 8 de octubre en los locales de la marca.
¿Cómo se construyó la identidad de Nucha?
La base de las recetas de Vaena reunía tradición sefaradí, repostería judía, influencia inglesa y técnica francesa, una herencia directa de su abuela Catalina, que preparaba dulces al sol. A ese corpus sumó saberes de Química, carrera que cursó sin llegar a terminar, y que aplicó de manera directa a sus combinaciones. Carlos Rava, gerente de la marca, sostuvo que "aplicaba mucho de eso a sus recetas y a sus combinaciones, y desde el principio esas combinaciones gustaban, y gustaban mucho".
El primer local fue el garaje de la casa familiar en la calle Zabala. El primer sábado de venta al público el stock se agotó en una hora y la fila se extendió por la vereda. Ante la espera, los responsables instalaron dos mesitas y comenzaron a ofrecer café para hacer más llevadero el tiempo de los clientes. En ese mismo contexto introdujeron el cuadrado, una porción individual que permitía probar varios sabores sin comprar una torta entera, una modalidad poco habitual en la repostería porteña de la época.
¿Qué dice la ley del mercado y qué pasa en el terreno?
La expansión posterior llevó a la marca a contar con fábrica propia, varios locales en la ciudad y un sistema de franquicias. En 2026 se sumaron seis nuevas bocas bajo ese formato, un crecimiento que la propia pastelera jefa reconoció como exigente. "Entiendo que no es lo mismo atender dos locales que diecisiete, y que en algún momento uno toma un atajo", admitió Monsón al describir el desafío de mantener la calidad original mientras la cadena se agranda.
En el terreno, la respuesta al relanzamiento se mide en las vidrieras y en las cajas: los tres productos clásicos volvieron a la carta con la impronta de la fundadora reconstruida a partir del archivo familiar, en un contexto donde la normativa bromatológica local exige que cada preparación que regresa al circuito comercial cuente con registro actualizado de fórmula y proceso. La casa asegura haber cumplido ese requisito antes de poner las tres tortas a la venta desde el 8 de octubre.
