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Madrugar no se resuelve con la alarma: la noche se reorganiza primero, y la constancia es la clave

Mayo Clinic y la OMS coinciden en que ajustar el reloj biológico lleva su tiempo y exige rutinas estables, luz natural y un dormitorio preparado; los especialistas consultados subrayan que el cambio gradual funciona mejor que los volantazos.

Por Griselda VillavicencioSociedad y salud · 20 de septiembre de 2026 · hace 1 d

Lo confieso: durante años creí que madrugar era una cuestión de fuerza de voluntad, de poner el despertador veinte minutos antes y aguantar el primer café con los ojos entrecerrados. Hasta que un día, charlando con la médica clínica Laura Domínguez, que atiende en el barrio de San Telmo, entendí que el verdadero truco no está en la mañana sino en la noche anterior, y que la constancia es la única aliada que de verdad cambia los horarios. Yo llegué a esa consulta arrastrando el cansancio típico de quien duerme cinco horas y pretende funcionar como si hubiera descansado ocho; ella me explicó, con esa paciencia que tienen los médicos de cabecera, que el reloj biológico no se reescribe de un día para el otro ni con un grito de guerra al despertador.

La recomendación de fondo, la que repiten tanto Mayo Clinic como la Organización Mundial de la Salud, es bastante menos glamorosa que los métodos exprés que circulan por ahí: acostarse y levantarse a la misma hora todos los días, incluso los fines de semana, y procurar dormir entre siete y ocho horas, según las necesidades de cada uno. La constancia durante los días libres es, justamente, la pieza que muchos dejamos afuera pensando que el sábado y el domingo son para “recuperar” el sueño perdido, y la que termina haciendo imposible sostener el horario soñado durante la semana laboral.

La luz como señal y el dormitorio como refugio

Hay dos grandes aliados que suelen subestimarse y que la ciencia del sueño menciona una y otra vez: la luz natural y el ambiente del cuarto. Abrir las cortinas ni bien suena la alarma, buscar un rato de luz matinal y, por el contrario, oscurecer bien el dormitorio antes de dormir, son gestos pequeños que le hablan al reloj interno en su propio idioma. La OMS recomienda, además, bajar el uso de pantallas en la previa, mantener una temperatura agradable y procurar tranquilidad en la habitación; detalles domésticos, casi íntimos, que pesan más de lo que uno imagina cuando está con los ojos quemados por el celular a las once de la noche.

  • Fijar una hora posible de despertar y calcular hacia atrás las siete u ocho horas mínimas de descanso.
  • Acostarse y levantarse a la misma hora todos los días, incluidos sábados y domingos.
  • Exponerse a luz natural por la mañana y dejar el dormitorio oscuro, fresco y silencioso para dormir.
  • Evitar siestas largas o muy cercanas al horario nocturno, así como cenas abundantes, cafeína, nicotina y alcohol cerca de la hora de acostarse.
  • Hacer actividad física durante el día, sin necesidad de ejercitarse al levantarse, para favorecer la conciliación del sueño.

La médica clínica que me tocó en suerte, Laura Domínguez, suele decirles a sus pacientes algo que a mí me quedó grabado: “El cuerpo no entiende de mandatos, entiende de ritmos, y los ritmos se entrenan con repetición, no con excepciones”. Esa frase resume bastante bien lo que plantea también Mayo Clinic cuando advierte que los cambios bruscos de horario suelen terminar en frustraciones, mientras que los ajustes graduales —ir moviendo la alarma quince o veinte minutos por día— permiten que el organismo se acomode sin protestar de más. La idea, claro, es que madrugar deje de sentirse una cruzada heroica y empiece a parecerse, simplemente, a una decisión más del día.

Ahora bien, también hay que decirlo con honestidad: si después de sostener estas rutinas durante varias semanas el cansancio persiste, si aparecen despertares frecuentes o una somnolencia diurna que no se explica, conviene consultar a un profesional, porque detrás de un mal descanso puede haber desde un cuadro de estrés crónico hasta un trastorno del sueño que requiere tratamiento específico. Como me lo graficó la propia doctora Domínguez con su tono sereno de todos los jueves: “No hay horario mágico que reemplace a un buen diagnóstico cuando algo no anda bien”.

GV
Griselda VillavicencioSociedad y salud

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