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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Hidroterapia en pileta: cómo funciona la rehabilitación que se apoya en el agua para aliviar articulaciones, dolores crónicos y recuperación posquirúrgica

La terapia acuática se desarrolla en piletas de poca profundidad, no exige saber nadar y se planifica a partir de una evaluación clínica. Especialistas explican qué cuadros la tienen como aliada y por qué la flotabilidad, la resistencia y la temperatura del agua cambian la manera en que el cuerpo se mueve.

Por Griselda VillavicencioSociedad y salud · · hace 1 h
Hidroterapia en pileta: cómo funciona la rehabilitación que se apoya en el agua para aliviar articulaciones, dolores crónicos y recuperación posquirúrgica

La cita fue en el centro de rehabilitación del barrio de Palermo, adonde llegué una mañana de octubre con la mochila cargada de dudas y la libreta abierta. Me atendió Mariana, kinesióloga con quince años de experiencia en pileta terapéutica, que me recibió con una sonrisa amplia y me dijo sin más trámite que me sacara los zapatos, porque íbamos a charlar con el agua hasta los tobillos. Y así empezó esta nota sobre una modalidad que, según me fue contando mientras acomodaba los flotadores, es mucho más que un ejercicio en pileta: es una herramienta seria de rehabilitación que se utiliza para un abanico enorme de cuadros de salud y que, sobre todo, cambia la relación del cuerpo con el dolor.

Qué es la terapia acuática y por qué no es lo mismo que nadar

La terapia acuática, también llamada hidroterapia, es una forma de rehabilitación que se desarrolla en piletas de poca profundidad bajo la supervisión de fisioterapeutas o terapeutas ocupacionales. No requiere saber nadar ni implica una rutina deportiva convencional: las sesiones se diseñan a partir de una evaluación individual y se adaptan al estado de salud, la condición física y los objetivos de cada persona. Como me lo resumió Mariana, la fisioterapeuta que me atendió, es fisioterapia con el aporte de la ingravidez, una idea que también recupera Jenea Smith, de la Universidad de Missouri, cuando describe a la modalidad como un trabajo en pileta para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia ejercicios en tierra.

Las cuatro propiedades del agua que cambian el movimiento

  • Flotabilidad: reduce el efecto de la gravedad sobre las articulaciones; con el agua a la altura de la cintura, una persona percibe que carga aproximadamente la mitad de su peso corporal, lo que facilita ejercicios que resultarían difíciles o dolorosos sobre una superficie firme.
  • Resistencia: el agua ofrece hasta 700 veces más resistencia que el aire, lo que permite trabajar la musculatura sin necesidad de pesas u otros equipos.
  • Presión hidrostática: puede contribuir a reducir la hinchazón de tejidos blandos y mejorar la circulación.
  • Temperatura: el agua tibia favorece la relajación muscular y disminuye el dolor durante el movimiento.

Esa combinación de propiedades es la que vuelve a la pileta un escenario distinto al del gimnasio o al del consultorio de kinesiología tradicional. Una sesión típica puede combinar movimientos de movilidad articular, ejercicios de piernas y brazos, trabajo de equilibrio y práctica de marcha, siempre con un profesional al lado que corrige la postura y dosifica el esfuerzo. Los programas suelen organizarse en ciclos de dos a ocho sesiones, con el objetivo de que el paciente gane confianza, reduzca molestias y avance de manera sostenida.

Para qué cuadros de salud se indica la terapia acuática

El listado de indicaciones es más amplio de lo que uno imagina y, según lo que me fue contando Mariana mientras una señora de unos setenta años caminaba con soltura por el agua, se extiende a condiciones muy distintas entre sí. Entre los cuadros que pueden beneficiarse se encuentran la artritis, el dolor crónico, lesiones de rodilla, cadera, tobillo, cuello, hombro y zona lumbar, y los procesos previos o posteriores a cirugías ortopédicas. También se la menciona como aliada en fibromialgia, hernias discales, estenosis espinal y osteoartritis. En condiciones neurológicas como la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple y el accidente cerebrovascular, el sostén del agua permite practicar coordinación y marcha con menor riesgo de caídas, algo clave para pacientes que en tierra sienten inseguridad al dar un paso.

Antes de irme, le pregunté a Mariana qué le diría a alguien que nunca se animó a meterse en una pileta por miedo o por pensar que no es para él. Me miró, se agachó para acomodar un flotador y me respondió con esa frase que uno se lleva puesta cuando termina una entrevista: «El agua no te pide que sepas nadar, te pide que te animes a moverte». Y con esa idea cerré la libreta y me fui caminando por Palermo, pensando que, a veces, el primer paso hacia una recuperación empieza justo donde uno menos lo espera: en el borde de una pileta.

GV
Griselda VillavicencioSociedad y salud

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