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Martes, 20 de octubre de 2026
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En Ezeiza, una convocatoria para 40 vacantes reúne a cientos de en una fila de más de diez cuadras y expone la precariedad estructural del mercado laboral

La búsqueda de personal de una distribuidora alimenticia desbordó todas las previsiones y volvió a poner en primer plano la informalidad que atraviesa al empleo argentino, con casi la mitad de los puestos sin registro según el INDEC.

Por Federico JozamiEconomía y comercio · · hace 59 min
En Ezeiza, una convocatoria para 40 vacantes reúne a cientos de en una fila de más de diez cuadras y expone la precariedad estructural del mercado laboral

Una distribuidora alimenticia del sur del conurbano bonaerense convocó a entrevistas para cubrir alrededor de 40 puestos de trabajo y desbordó por completo sus propias previsiones, ya que la fila de postulantes superó las diez cuadras antes de las ocho de la mañana, horario fijado para el inicio de la jornada de selección, en un episodio que reavivó el debate sobre la persistencia de la informalidad laboral en la Argentina y dejó al descubierto la distancia existente entre la oferta genuina de empleo registrado y la demanda acumulada de quienes buscan dejar atrás la precariedad.

Cabaña Santa Marta, la empresa responsable de la convocatoria, difundió a través de sus cuentas oficiales en Instagram y Facebook que recibiría currículums a partir de las ocho de la mañana en Reconquista 654, Ezeiza, y aclaró que, para quienes no pudieran completar el formulario digital disponible en línea, entregarían copias en papel durante la espera, con el objetivo declarado de que todos pudieran participar en igualdad de condiciones.

Un fenómeno que anticipó a la madrugada

Varios de los asistentes relataron que la hilera comenzó a formarse durante la noche previa y que, al momento de la apertura de la convocatoria, la cola ya sobrepasaba las diez cuadras, con personas llegadas no solo desde Ezeiza, sino también desde localidades vecinas como Tristán Suárez, El Jagüel, Luis Guillón, Carlos Spegazzini y Esteban Echeverría, algunas de las cuales se presentaron acompañadas por amigos o familiares, en una escena que conjugó expectativas laborales reales con las restricciones propias de un mercado de trabajo donde los puestos formales resultan escasos.

Perfiles heterogéneos y pretensiones dispares

  • Jóvenes de 18, 19 y 20 años en busca de su primer empleo formal, varios de ellos aún cursando el secundario.
  • Personas con experiencia previa en atención al cliente, cocina, construcción, mecánica y comercio, que procuraban reinsertarse en el mercado registrado.
  • Trabajadores informales o con ocupaciones de corta duración que aspiraban a abandonar la precariedad, entre ellos una joven estudiante de enfermería y un hombre de 41 años con empleo pero sin estabilidad.
  • Una mujer con más de seis años de trabajo no registrado que percibe cerca de 600.000 pesos mensuales, paga su cobertura médica de su propio bolsillo y busca un ingreso formal para cubrir servicios, alimentos y gastos del hogar.
  • Un postulante de 18 años que estimó necesitar alrededor de 1.200.000 pesos mensuales para alcanzar mayor autonomía, junto a otros que mencionaron el salario mínimo vital y móvil como referencia.
“Más que nada si no tenés el secundario completo o estás cursando, necesitás la primera oportunidad en blanco.”Postulante de 18 años, tras pasar por la construcción, la cocina y la mecánica

El episodio encuadra con los datos difundidos por el INDEC para el segundo trimestre de 2026, que indican que casi la mitad de los puestos de trabajo del país se desarrollan sin registro formal, una proporción que en términos reales consolida la precariedad como fenómeno estructural y no como excepción coyuntural, al tiempo que relativiza las expectativas de quienes aspiran a acceder a empleos estables con cobertura social, aportes jubilatorios y vacaciones pagas.

La disparidad entre las pretensiones salariales manifestadas durante la jornada constituye un indicador adicional de la presión que soporta el mercado: mientras algunos postulantes se refirieron al salario mínimo vital y móvil como umbral aceptable, otros montos sensiblemente superiores para hacer frente a necesidades básicas no cubiertas, lo que sugiere que la informalidad no responde únicamente a la falta de voluntad de registro, sino también a ingresos en términos reales insuficientes para sostener un hogar tipo.

El episodio, así, funciona como una fotografía instantánea de la tensión vigente entre la demanda insatisfecha de empleo registrado y la persistencia de condiciones laborales precarias, y deja planteada la variable que el periodista seguirá de cerca el mes próximo: la evolución de los indicadores oficiales de informalidad laboral y la respuesta, en términos de nuevas convocatorias formales, del sector privado en los partidos del sur del conurbano bonaerense.

FJ
Federico JozamiEconomía y comercio

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