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La sombra de un surtidor más caro: 233 pesos más por cada litro de nafta, si el Estado termina de pasar la factura

Un cálculo privado proyecta hasta dónde podrían trepar los combustibles en el Gran Buenos Aires si se completaran los ajustes impositivos pendientes. Los números son hipotéticos, pero ya sirven para medir el golpe en el bolsillo del que maneja o del que produce.

Por Ramón LotoInterior y campo · 27 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Yo no manejo más la camioneta por la ruta, pero cuando uno cruza el paraje y se detiene en el pozo de agua de cualquier pueblo del interior, la conversación siempre termina en lo mismo: a cuánto está el gasoil y cuánto falta para que vuelva a pegar el salto. Esta semana me senté con los números del Grupo de Estudios de Economistas Geres y la lectura es tan clara como preocupante para el bolsillo del usuario común y del productor que tiene que levantar cosecha o mover hacienda.

El trabajo, armado con datos de ARCA y de la Secretaría de Energía, pone sobre la mesa un escenario poco alentador para el Gran Buenos Aires: si el Estado aplicara íntegramente los impuestos pendientes a los combustibles, la nafta súper daría un salto del 11,2 por ciento y el gasoil grado 3 treparía un 4,3 por ciento. En cifras concretas, el litro de súper pasaría de unos 2.085 pesos a 2.318, mientras que el gasoil subiría de 2.375 a 2.477 pesos.

Lo que ya está pendiente y todavía no llegó al surtidor

La cuenta de fondo no es nueva, pero duele cuando se desglosa. En la nafta súper, el Impuesto a los Combustibles Líquidos y el Impuesto al Dióxido de Carbono suman hoy 411,45 pesos por litro en el esquema considerado. Si se actualizara esa carga por completo siguiendo el índice de precios al consumidor, el monto trepaba hasta 676,44 pesos por litro. Después de descontar el efecto de los biocombustibles, el importe impositivo pendiente que todavía no se trasladó al consumidor queda en 233,19 pesos por litro.

En el gasoil grado 3 la historia es parecida, aunque con otro volumen: la diferencia impositiva inicial es de 110,26 pesos y se reduce a 101,99 pesos al considerar la mezcla con biocombustibles. Por eso el porcentaje de suba es más bajo: la carga pendiente es menor en términos relativos y el salto final queda en torno a los 102 pesos por litro.

  • Nafta súper: incremento proyectado de 233 pesos por litro, hasta llegar a 2.318 pesos.
  • Gasoil grado 3: incremento proyectado de 102 pesos por litro, hasta los 2.477 pesos.
  • Tanque de súper: llenar el tanque costaría cerca de 11.600 pesos más en el escenario simulado.
  • Tanque de gasoil: cargar el tanque implicaría unos 5.100 pesos adicionales.
  • Condición doble: para ver esos precios en los surtidores hace falta que se apliquen todos los ajustes y que las empresas los trasladen completos.

El detalle que no hay que perder de vista es que estamos hablando de valores hipotéticos. El informe lo aclara de manera explícita: para que esos 2.318 y esos 2.477 aparezcan en las pizarras de las estaciones de servicio tienen que cumplirse dos condiciones al mismo tiempo. La primera, que el Gobierno complete los ajustes impositivos que quedaron suspendidos. La segunda, que las petroleras decidan volcar íntegramente esa carga al precio de venta. Si las compañías absorben aunque sea una porción, el traslado al consumidor final termina siendo más chico.

Lo que sí queda claro es que el margen para otra mala noticia está abierto. Cuando uno mira la diferencia para una familia tipo que llena el tanque una vez por semana, los casi 11.600 pesos extra en nafta o los 5.100 pesos extra en gasoil no son un dato menor: terminan redefiniendo cómo se reparte el gasto en el supermercado, en la cuota del colegio o en el arreglo de la camioneta.

“La nafta y el gasoil son el termómetro de la economía cotidiana. Cuando se mueven, se mueve el precio del colectivo, del flete, de la verdura y del viaje al pueblo.”Lectura propia sobre el informe del Geres

Mientras esos ajustes sigan en el freezer, el cálculo del Geres funciona como una advertencia más que como una confirmación. Pero el que recorre las rutas del interior lo sabe bien: en esta Argentina, lo que está pendiente en los papeles termina, tarde o temprano, pagando el que llena el tanque. Y cuando finalmente llegue, el monte no vota, pero igual lo siente en el bolsillo. La promesa incumplida tiene fecha: la de cada nueva actualización del índice de precios al consumidor que sigue corriendo y todavía no se plasmó en el surtidor.

RL
Ramón LotoInterior y campo

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