La industria textil, acorralada: en lo que va de 2026 se hundió 22,6% y ya son 28.000 las familias que quedaron en la calle
Empleo, fábricas y consumo en caída libre. Un sector clave del interior productivo paga los platos de una crisis que, según los propios empresarios, no tiene comparación con las anteriores, ni siquiera con las hiperinflaciones o la pandemia.
El panorama que se ve al subir la ventanilla de la camioneta en cualquier parque industrial del país es el de un sector que sigue apagando máquinas. La industria textil argentina atraviesa el peor momento de su historia reciente, al menos según los propios protagonistas. Entre enero y julio de 2026, la producción retrocedió 22,6% frente al mismo período del año pasado, una cifra casi nueve veces más alta que la caída promedio del conjunto de la industria manufacturera, según los datos que difundió la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA).
El deterioro no se distribuyó de manera pareja. En julio, la baja interanual fue de 13%, pero lo más golpeado de la cadena fue el segmento de tejidos y acabados, con un retroceso acumulado de 35,1% en los primeros siete meses del año. Se trata del eslabón que provee de tela cruda a los talleres de confección, y su derrumbe explica buena parte de la parálisis general.
Máquinas a menos de la mitad y 28.000 puestos menos
La fotografía del sector en julio es la de una fábrica con las luces apagadas: la capacidad instalada operó al 45,3%, casi trece puntos por debajo del promedio de la industria, que se ubicó en 58,2%. Desde 2024, los niveles de uso vienen moviéndose en una franja de entre 30% y 50%, cuando en 2023 oscilaban entre 50% y 60%. Esa diferencia, de veinte puntos, es la distancia que separa a un sector que todavía respiraba del que hoy pelea por no cerrar.
- Empleo formal del complejo textil-confección-cuero-calzado en junio: 92.531 puestos, con una pérdida de 1.284 trabajadores respecto de mayo y 16.536 menos que en junio de 2025.
- Saldo neto desde diciembre de 2023: 28.322 empleos formales destruidos.
- Cuota de sacrificio sobre el conjunto de la industria: el sector explica el 50% de los puestos perdidos mensualmente, aunque solo representa el 8,4% del empleo industrial.
- Establecimientos en actividad: 4.282 unidades entre textiles y confección en junio, 517 menos que un año atrás. Desde diciembre de 2023 cerraron 770 locales, y el 67% de esos cierres se produjo en los últimos doce meses.
La palabra de los que todavía resisten
En ese escenario, los industriales consultados por el sector describen un presente que, por sus características, no admite comparación con crisis anteriores. Ricardo Kuchikian, al frente de Cocot Dufour, calificó la situación como el peor momento desde la fundación de la empresa. Recordó episodios como las hiperinflaciones de los años ochenta y noventa, la crisis de 2001 y la pandemia de 2020, y aseguró que ninguno llegó a los niveles de derrumbe del consumo que se observan ahora.
“Con las crisis fuertes que hubo, el consumo nunca disminuyó a los niveles que ha disminuido en este momento, por lo menos en el área textil. En todas esas, se salió adelante en corto tiempo; en esta, no.”Ricardo Kuchikian, titular de Cocot Dufour
La lectura de los empresarios apunta a un fenómeno estructural que excede los vaivenes coyunturales. Cuando no hay consumo, argumentan, la creatividad y los ajustes internos sirven para estirar la sobrevivencia, pero no alcanzan para torcer el rumbo. La frase que resumen en los pasillos de las fábricas es bien clara: se puede inventar todo lo que se quiera, pero si los argentinos no llegan a fin de mes con margen para renovar el placard, el resultado es una línea de producción que gira cada vez más lento, hasta detenerse.
Al cierre del material base, queda un interrogante que los propios protagonistas todavía no saben cómo responder. Los empresarios venían reclamando al Gobierno nacional un compromiso formal con la apertura de mercados para tratar de compensar la caída interna, una promesa que, según el calendario que ellos mismos manejan, vencía el 31 de julio de 2026 sin señales concretas de avance. El monte, otra vez, no vota: las fábricas del interior siguen acumulando boletos de despido mientras esperan una definición que, por ahora, sigue sin llegar.
