Un mismo salón, dos películas de Leone: el decorado que volvió a la pantalla
El escenario donde Ninguno conversa con Don John ya había aparecido cinco años antes en Hasta que llegó su hora, con un uso dramático muy distinto.
Hay películas que uno ve y olvida, y hay otras que dejan un detalle escondido que recién aparece cuando se mira con calma. Eso pasa con el salón que aparece alrededor del minuto 52 de Mi nombre es Ninguno, el western de 1973 con Terence Hill y Henry Fonda bajo la producción de Sergio Leone. Ese espacio ya había sido usado en una película anterior del mismo director, y vale la pena detenerse en cómo cambia su función según la historia.
En Mi nombre es Ninguno, dirigida por Tonino Valerii, el joven Ninguno interpretado por Terence Hill admira al pistolero retirado Jack Beauregard, al que Fonda le pone cuerpo, y lo arrastra a varios enfrentamientos antes de que el veterano pueda dejar el Salvaje Oeste. La película combina humor e ironía, algo que la separa de los títulos más solemnes del género.
Un salón con historia propia
El salón donde Ninguno mantiene una conversación con el pistolero Don John, al que da vida Marc Mazza, ya había sido utilizado en Hasta que llegó su hora, la película que Leone dirigió en 1968 con Henry Fonda, Claudia Cardinale y Charles Bronson. Allí el mismo edificio sirve de escenario para la subasta en la que el personaje de Cardinale disputa su propiedad bajo la presión de los hombres del villano Frank.
La razón del reaprovechamiento tiene que ver con la producción. Leone produjo ambas películas, y eso explica que el equipo recurriera al mismo decorado. El espacio fue reconstruido y modificado entre una filmación y otra, pero conserva elementos reconocibles: las paredes de ladrillo blanco, las columnas de madera, el balcón y las lámparas que cuelgan del techo aparecen en las dos obras, lo que permite verificar el vínculo.
Dos registros opuestos en el mismo espacio
- Hasta que llegó su hora (1968): la escena carga con tensión dramática y violencia implícita.
- Mi nombre es Ninguno (1973): el mismo salón alberga un intercambio cómico entre dos pistoleros.
- Ambas comparten el espacio físico, pero cambian por completo el tono de lo que ocurre en él.
Lo interesante es que un mismo lugar puede servir para producir sensaciones casi contrarias dentro de un mismo género. Las dos secuencias quedan unidas por la figura de un productor que moldeó buena parte del western italiano de esa época, y ver ambas con ese dato en mente cambia la forma de mirar el salón, que deja de ser un simple fondo para convertirse en un hilo que conecta dos películas.
