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Un maní, un susto: por qué una alergia leve puede complicarse en minutos y cómo estar listo para actuar

Una reacción al maní que arrancó como una simple picazón puede escalar a una emergencia con la velocidad que nadie espera. La alergista Jaclyn Bjelac, de Cleveland Clinic, explica las señales de alarma, qué medicación corresponde aplicar primero y por qué la preparación anticipada es la diferencia entre un mal rato y una tragedia, sobre todo cuando hay chicos chiquitos en la casa.

Por Griselda VillavicencioSociedad y salud · 10 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Me llamo Griselda, vivo en Villa del Parque y cada vez que un padre me llama para contarme que su hijo se le hinchó la boca después de comer una factura me acuerdo de lo sola que se siente una familia cuando esto pasa de golpe, sin manual bajo el brazo. Por eso me senté a leer con detenimiento lo que acaba de difundir Cleveland Clinic, porque la diferencia entre un susto y una internación muchas veces se juega en los primeros sesenta segundos.

La alergista Jaclyn Bjelac, de Cleveland Clinic, lo dice sin rodeos: no existe forma confiable de predecir cuán grave será una reacción futura a partir de lo que ocurrió en la última. Una persona que apenas se había sonrojado la vez anterior puede terminar en la guardia al siguiente contacto. El antecedente leve no funciona como garantía, y ese es justamente el punto que más cuesta aceptar cuando uno convive con la alergia a diario.

Qué tiene que pasar para que deje de ser un susto y se convierta en emergencia

Bjelac insiste en que la anafilaxia puede arrancar de manera súbita, pero también puede empezar con molestias que parecen moderadas y agravarse después. Por eso recomienda observar cualquier cambio en el cuadro sin esperar que los síntomas graves cedan solos, porque el cuerpo no siempre avisa con un cartel luminoso: a veces el aviso es un cosquilleo en la garganta que veinte minutos después se transformó en algo mucho más serio.

  • Dificultad para respirar o sensación de que falta aire.
  • Sensación de garganta cerrada o voz tomada de golpe.
  • Hinchazón marcada en labios, lengua, párpados o cara.
  • Mareos, pérdida de equilibrio o desmayo.
  • Síntomas que aparecen en dos o más zonas del cuerpo al mismo tiempo, aunque cada uno por separado no parezca extremo.

Cuando aparece cualquiera de esas señales, Bjelac indicó que lo primero es administrar la epinefrina recetada por el médico tratante y llamar a los servicios de emergencia sin demora. No es el momento de probar con un antihistamínico ni de esperar a ver si mejora con el correr de los minutos: la epinefrina es la medicación que corresponde aplicar primero y cada minuto cuenta.

Los más chicos, los que más nos preocupan

En bebés y niños pequeños, identificar la reacción puede ser más complejo, porque pueden aparecer los mismos síntomas que en chicos más grandes pero también formas de presentación algo distintas. Esa variación hace más importante que cuidadores, familiares y personal a cargo conozcan de antemano qué observar y cómo proceder, en lugar de improvisar en el momento.

Bjelac subrayó que la preparación previa es parte central de la respuesta. Tener un plan de acción claro, con la medicación a mano y sabiendo cuándo usarla, reduce la duda en el momento en que menos tiempo hay para dudar. Esa organización también implica que todas las personas que forman parte de la vida del niño conozcan los pasos a seguir, desde la seño del jardín hasta el abuelo que lo cuida los domingos.

La prevención cotidiana sigue siendo relevante: saber dónde puede estar presente el maní y revisar etiquetas de productos reduce las chances de una exposición accidental. Y aunque a veces parezca exagerado vivir leyendo las letras chicas de cada paquete, esa costumbre termina siendo la mejor aliada de las familias que conviven con esta alergia.

“No existe forma confiable de predecir cuán grave será una reacción futura a partir de lo que ocurrió en el pasado.”Jaclyn Bjelac, alergista de Cleveland Clinic

Así que ya sabés: si tenés a alguien cercano con alergia al maní, conversá con su médico, tené un plan escrito y la medicación al alcance de la mano. Como me dijo una vez una pediatra de Palermo con mucha experiencia: en estas cosas, estar preparado no es ser alarmista, es querer a alguien con los pies bien plantados en la tierra.

GV
Griselda VillavicencioSociedad y salud

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