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Teeto, el plataformas que invita a caminar sin apuro por escenarios de otra época

El estudio Eat Pant Games, radicado en Nueva Zelanda, presenta un juego de plataformas en 3D con estética inspirada en los clásicos de 64 bits, mecánica de absorción y un perfil deliberadamente accesible.

Por Ignacio SayagoCultura y folclore · 8 de septiembre de 2026 · hace 1 d

El primer golpe de bombo todavía resuena en el patio cuando uno se cruza con la noticia: hay un plataformas que parece sacado de otra era, de esas tardes largas en lo de un abuelo donde la consola se encendía y el mundo se detenía. Teeto, el juego que acaba de presentar Eat Pant Games, llega con esa misma promesa de aventuras sin reloj, esa sensación de explorar sin que nadie te apure desde atrás. Y aunque la propuesta es enteramente nueva, el espíritu es el de los años noventa, cuando los escenarios había que recorrerlos palmo a palmo y cada rincón guardaba algo para el que se tomaba el trabajo de mirar.

Teeto es una masa azul que camina por la pantalla y que tiene una particularidad que lo cambia todo: puede absorber objetos del escenario. Si se traga una roca, su cuerpo se vuelve pesado y resistente; si absorbe fuego, sus movimientos arden y se modifican sus capacidades. Esa mecánica de mutación, que los desarrolladores neozelandeses colocan en el centro de la experiencia, transforma cada nivel en un pequeño rompecabezas ambiental donde la observación pesa más que los reflejos. No se trata únicamente de saltar de plataforma en plataforma: hay que mirar, decidir qué elemento del entorno conviene consumir y resolver cada situación con el cuerpo justo que el momento pide.

Una historia para recorrer en compañía

La historia sigue a Teeto y a su compañera Nory, una coneja que lo acompaña en el recorrido. Juntos deben enfrentar una corrupción de sombras a lo largo de 24 niveles repartidos en cuatro actos. El planteo narrativo es sencillo y funciona como excusa para lo que realmente importa: un diseño de escenarios que premia la exploración pausada. Los coleccionables y las criaturas para rescatar están escondidos en los rincones, y el juego le concede un lugar de privilegio al jugador que se detiene, que vuelve sobre sus pasos, que revisa cada cueva antes de seguir avanzando. La curva de dificultad, además, es deliberadamente amable, una decisión que el estudio defiende como una manera de abrirle la puerta a todo el mundo y que a los jugadores con más kilometraje puede llegar a parecerles poco exigente.

  • 24 niveles distribuidos en cuatro actos, con énfasis en la exploración y los coleccionables.
  • Cooperativo local con pantalla dividida, pensado para jugar en compañía.
  • Mecánica central de absorción que modifica las habilidades según los elementos del entorno.
  • Sistema de movimiento basado en dobles saltos y planeos para navegar los escenarios con precisión.
  • Enfrentamientos contra jefes que también hacen uso de la absorción, dándole coherencia al diseño general.

El cooperativo local con pantalla dividida termina de redondear el perfil del título: los niveles, los rompecabezas ambientales y los coleccionables funcionan igual de bien en soledad que con alguien al lado, y la experiencia suma un componente social que los juegos de plataformas de los noventa solían tener como marca registrada. Aquellas tardes en el living, con un amigo o un hermano ocupando el segundo mando, parecen asomar de a ratos en la propuesta de Eat Pant Games, un estudio chico que, desde Nueva Zelanda, se anima a recuperar esa lógica de patio compartido.

La pregunta que queda flotando es la de siempre, la que una abuela formularía con esa mezcla de cariño y firmeza que la caracteriza: si te animás a un plataformas sin complicaciones o si preferís que el género te exija más. Teeto parece responder por adelantado, con la tranquilidad de quien ya decidió del lado de quién ponerse: del lado del que quiere recorrer, mirar y compartir, sin que el reloj apriete. Para quienes extrañen esa cadencia, el sábado a la noche, en alguna peña del barrio, puede ser una buena oportunidad para volver a encender la consola con la misma parsimonia con la que se pide una mesa y se estira la charla.

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Ignacio SayagoCultura y folclore

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