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Jueves, 1 de octubre de 2026
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Peñarol le gritó al campeón en la cara: 62 a 57 y a otra cosa

El equipo marplatense arrancó su temporada número 40 en la elite con una victoria trabajada sobre Gimnasia de Comodoro, en un Polideportivo Islas Malvinas que volvió a ser una caldera. La defensa del final y un triple salvador de Jaime le pusieron el moño a una noche que invita a ilusionarse.

Por Matías SalvatierraDeportes · · hace 2 h
Peñarol le gritó al campeón en la cara: 62 a 57 y a otra cosa

Voy a ser claro desde la primera línea: me gustó este Peñarol. No por la estética ni por el goleo, que fue magro, sino por la actitud de no aflojarle al campeón en su propia casa (o casi). En el Polideportivo Islas Malvinas, con una diferencia mínima y un último cuarto que se cortaba con un suspiro, el equipo de Leandro Ramella se plantó, bancó la presión y se llevó un 62 a 57 que vale más de lo que dice el número final.

La historia que cuenta el marcador es la de un partido chiquito, de esos que se ganan con dientes apretados más que con brillantez ofensiva. Y acá viene el dato que a mí, como viejo que mira básquet desde los noventa, me llena de orgullo: Peñarol arrancó su campaña número 40 sin interrupciones en la elite del básquet argentino. Cuarenta temporadas, muchachos. No es un número, es una institución. (Dirigencia, si me leen: dejen de hacer economía con el presupuesto del primer equipo, que esta camiseta se gana cada año a fuerza de respeto).

Los nombres propios de la noche

  • Agustín Pérez Tapia: 16 puntos y 4 rebotes. El principal anotador y el que se puso el equipo al hombro cuando la pelota quemaba.
  • Andrés Jaime: 12 puntos y 8 asistencias. El base que apareció con el triple clave a falta de cuatro minutos para cortar una sequía de 1 de 19 desde el perímetro.
  • Iván Basualdo: los dos libres del cierre que sellaron el resultado. Puntos invisibles en el acta, decisivos en el alma del partido.

Vayamos al desarrollo, porque hubo un quiebre que explica todo. En el tercer cuarto, con el partido trabado y los dos equipos fallando más de lo que convertían, Peñarol construyó una racha de 14 a 6 que estiró la diferencia al último descanso, 44 a 35. Ese parcial fue el colchón que le permitió sobrevivir a los últimos minutos, cuando Gimnasia se acercó a tres y la cosa se puso de verdad nerviosa.

Porque la primera mitad había sido otra historia. Peñarol ganó el primero 17 a 14, pero en el segundo pasó lo que siempre pasa cuando se enfrenta al campeón: Gimnasia se puso arriba, el local se desordenó y el entretiempo llegó con un apretadísimo 30 a 29. Nada definido, todo por decidirse. Y ese, a mi entender, fue el verdadero mérito del equipo de Ramella: haber ganado un partido que se podía perder.

La noche, además, dejó otros dos resultados que sirven para tomarle el pulso al torneo. En Junín, Argentino le ganó a Ferro por 79 a 68, en un duelo de la primera fecha con sabor a clásico del interior. Y en Corrientes, Instituto arrancó su gira con un sólido 81 a 73 sobre San Martín, con Xavier Carreras como máximo anotador con 19 puntos. Tres partidos, tres victorias locales. El público, cuando el equipo responde, se hace sentir.

Mirando hacia adelante, lo más relevante de este debut no fue el resultado ni los puntos de Pérez Tapia, sino la señal que mandó la defensa en el cierre. Un equipo que le gana al campeón conteniéndolo en 57 puntos tiene una base sobre la cual construir. Ahora, DT, le pido algo con todo el respeto y algo de ironía: manténgalo a Jaime con el green light desde el perímetro. Un equipo que juega 20 minutos con 1 de 20 en triples y aún así gana, merece que le abran la cancha. La diferencia entre un buen torneo y un gran torneo, licenciado, pasa por ahí.

MS

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