Paredes, el capitán de cristal: otro desgarro y Boca lo pierde justo cuando más lo necesita
El mediocampista volvió a romperse, esta vez a los 16 minutos de haber ingresado frente a Instituto. Se pierde la semifinal con Vasco da Gama y queda en duda para el superclásico. Es la sexta lesión del año.
Boca empató 2-2 con Instituto en Córdoba y a mí se me cayó el alma al piso. No fue por el resultado, que tampoco es para festejar. Fue porque Leandro Paredes, el que tiene que llevar la cinta, el que volvió para ser el caudillo, volvió a romperse. Ingresó en el segundo tiempo, reemplazó a Milton Delgado y duró dieciséis minutos. Un pinchazo en el isquiotibial derecho, el mismo lugar donde ya se había roto dos veces este año. Los estudios hablan de un desgarro grado 2. O sea: tres semanas afuera como mínimo. Traducido al cristiano, se pierde la semifinal con Vasco da Gama y llega con lo justo al superclásico, siempre y cuando el cuerpo le responda, algo que ya es una apuesta.
Un historial que preocupa
Hagamos memoria, que duele. En abril pasó el susto en el superclásico del Monumental. A fines de mayo se rompió de nuevo en el mismo isquiotibial derecho, a días del Mundial de Clubes. Sí, llegó a Estados Unidos con el desgarro a cuestas, no jugó los amistosos y recién sumó minutos ante Austria. En agosto fue el isquiotibial izquierdo, frente a Platense. En septiembre repitió la zona contra Vélez por Copa Argentina. Y ahora otra vez la pierna derecha, con un grado 2 que es peor que los anteriores. Son seis lesiones en lo que va del año, cinco musculares. A este ritmo, el cuerpo de Paredes ya no es un recurso del plantel: es una incertidumbre permanente.
- Abril: molestia en el isquiotibial derecho durante el superclásico del Monumental.
- Mayo: desgarro en el mismo lugar, a pocos días del Mundial de Clubes.
- Mundial de Clubes: llegó con la lesión, no jugó los amistosos y debutó ante Austria.
- Agosto: desgarro en el isquiotibial izquierdo frente a Platense.
- Septiembre: nueva molestia en la zona contra Vélez por Copa Argentina.
- Octubre: desgarro grado 2 en el isquiotibial derecho frente a Instituto.
Lo que más me quema es lo que estos números esconden. Boca jugó nueve partidos en 2026 sin Paredes: cuatro victorias, cuatro empates y una derrota. La efectividad con él adentro es del 60 por ciento, sin él del 59. O sea, el capitán no marca una diferencia estadística significativa en el resultado. Pero el cambio no se mide en la planilla: se mide en la dinámica, en los metros que ya nadie lleva al área rival, en el control de los tiempos que solo un cinco con su jerarquía sabe administrar. Sin Paredes, este Boca es un equipo correcto que pelea de igual a igual. Con Paredes, en teoría, es uno que puede ganar de visitante en Brasil. La teoría se choca con la realidad de un físico que ya no banca.
Quién lo reemplaza y qué viene
Rodolfo Arruabarrena ya tuvo que improvisar contra Instituto: metió a Williams Alarcón, que cumplió sin brillar. Pero el nombre que más suena es el de Camilo Rey Domenech, el pibe que ya lo reemplazó en partidos anteriores y que venía recuperándose de una molestia jugando en Reserva. Tiene el perfil más parecido al de Paredes. Tomás Belmonte es otra opción, el reemplazante más frecuente del ciclo. La ida contra Vasco da Gama se juega sin él, la revancha en Brasil también. Existe la chance de que viaje para estar con el grupo, aunque sea desde el banco o la tribuna. El superclásico del primero de noviembre en la Bombonera queda en el aire: el alta médica cae justo en esa fecha y todo depende de cómo evolucione la semana.
Y acá entra la pregunta que muchos hinchas se hacen y que la dirigencia todavía no responde (paréntesis para el Consejo de Fútbol, que sigue leyendo los partes médicos como si fueran sugerencias y no advertencias): ¿hasta cuándo se le carga el equipo a un jugador que ya no soporta la exigencia? Boca le apostó a Paredes como líder futbolístico del proyecto y la apuesta se está cayendo pedazo a pedazo, partido a partido, músculo a músculo. Mientras tanto, el superclásico se acerca, Vasco da Gama espera y el capitán mira desde afuera. Como casi siempre este año.
Le pido al técnico, con todo el respeto y un poco de ironía, que no se haga cargo de la recuperación del Diez. Que cuide a Rey Domenech, que arme un mediocampo que pueda correr sin pedir cambio y que, de una vez por todas, acepte que el jugador más importante del plantel es el que ya no puede jugar seguido. La Copa Sudamericana no espera y la Bombonera tampoco.
