Memoria de trabajo: qué es, qué la desgasta y cómo cuidarla en el día a día
Es el sistema que retiene datos por unos segundos mientras hacemos algo. Estrés, mal dormir y exceso de pantallas pueden sobrecargarlo, y hay hábitos concretos que ayudan a mejorar su funcionamiento.
Todos la usamos sin pensarlo. Es la pizarra provisoria de la mente: permite retener un número mientras lo marcamos, seguir el hilo de una conversación o hacer una cuenta de cabeza. A diferencia de la memoria a largo plazo, lo que guarda desaparece en segundos si no se lo usa o se lo repite.
Una capacidad limitada
El espacio de este sistema es reducido y depende sobre todo de la corteza prefrontal y de su conexión con las regiones parietales. La dopamina también modula su funcionamiento, y tanto su déficit como su exceso lo perjudican. Por eso resulta clave para la atención, el lenguaje, el razonamiento y la planificación.
Cuando funciona con dificultad, rara vez aparece como un olvido dramático. Lo más habitual son pequeñas interrupciones que parecen distracciones: entrar a una habitación sin recordar para qué, perder el hilo de una frase o no retener un dato recién escuchado. En muchos casos la información no se perdió, sino que la atención estaba ocupada en otra cosa y no pudo sostenerla.
Qué la sobrecarga
- La hiperconectividad y las tareas simultáneas, que fragmentan la atención.
- La falta de sueño, que reduce la eficiencia de los procesos necesarios para concentrarse.
- El estrés y la ansiedad, que ocupan espacio mental con preocupaciones.
- La depresión, que puede enlentecer el pensamiento.
- El alcohol, ciertos medicamentos y tranquilizantes.
- Problemas médicos como el hipotiroidismo, la anemia, el déficit de vitamina B12 y la apnea del sueño.
El envejecimiento trae un enlentecimiento gradual del procesamiento, pero no toda dificultad es normal ni esperable. Si los olvidos avanzan, se suman desorientación o pérdida de autonomía, o preocupan a quienes rodean a la persona, corresponde una evaluación profesional. El trastorno por déficit de atención, que en algunos casos pasa inadvertido desde la infancia hasta la adultez, también puede manifestarse como fallas en este sistema.
Hábitos que ayudan
Los especialistas destacan hábitos precisos para mejorar el funcionamiento de la memoria de trabajo. Entre ellos, dormir las horas necesarias y sostener ejercicio aeróbico de manera regular son los que aparecen como punto de partida.
