Marta Fort se sienta frente al horno: clases diarias, cenas con amigos y una entraña como carta de presentación para MasterChef Celebrity
La hija de Ricardo Fort cuenta cómo entrena con un chef todos los días, prueba los platos con invitados y reconoce que le da timidez la devolución de Martitegui, Betular y Maru Botana. Además, habla de su programa de streaming y de las ganas de probar suerte en el teatro, al ritmo de los recuerdos de las temporadas de su padre.
Hay una imagen que se repite cada vez que Marta Fort se pone el delantal: la de una cocina cualquiera, con la mesada llena de verduras y el ruido de una sartén que empieza a dorar algo. Ella misma la describe como un entrenamiento silencioso, de esos que empiezan cuando todavía la ciudad de Buenos Aires no terminó de desperezarse. La joven, que conoce de cerca lo que significa crecer bajo el nombre de un padre mediático como Ricardo Fort, se prepara con una disciplina casi de oficio para debutar en MasterChef Celebrity, y lo hace a fuerza de clases privadas, cenas con amigos y una receta familiar que tiene guardado desde chica: una entraña que la remite directamente a la mesa de la infancia.
Según contó en una reciente entrevista, Marta Fort toma clases con un chef todos los días. No es una expresión marketinera ni un decir lindo: es la descripción concreta de una rutina en la que repasa recetas, ajusta puntos de cocción y, sobre todo, aprende a controlar la cantidad de sal, uno de esos detalles que parecen menores y que en pantalla suelen ser la diferencia entre el aplauso y el chiflido del jurado.
Cenas de prueba con diez comensales
El otro eje de la preparación son las comidas que organiza en su casa. Reúne a diez personas, les sirve un menú que ya practicó con el chef y escucha, plato por plato, las devoluciones de los invitados. En esas cenas suelen aparecer preparaciones como el pollo al verdeo y, sobre todo, carnes, el rubro en el que Fort se siente más cómoda y donde quiere plantar bandera en el programa.
“Me da timidez la devolución del jurado, pero voy a ir por todo.”Marta Fort
Esas palabras resumen el clima con el que encara el desafío. Le toca ser evaluada por nombres fuertes de la cocina argentina, como Maru Botana, Germán Martitegui y Damián Betular, y ella misma reconoce que exponer su trabajo ante especialistas le genera cierto respeto nervioso, aunque aclara que esa misma incomodidad es la que la empuja a entrenarse el doble.
Una entraña como memoria familiar
Entre los platos que tiene en estudio, hay uno que la conecta con su propia historia: la entraña. Marta cuenta que es su comida preferida desde chica y que la imagina como una receta familiar para presentar en el ciclo, una manera de apoyarse en lo que ya conoce mientras incorpora las herramientas nuevas que aprende en las clases. La lógica es clara: si la pantalla pide un plato fuerte, mejor que tenga atrás un recuerdo fuerte.
Streaming, teatro y el eco de las temporadas de su padre
El desembarco en MasterChef se suma a otras dos búsquedas profesionales que la tienen a maltraer. Por un lado, la conducción: Fort tiene un programa de streaming con entrevistas e invitados, un espacio donde propone ideas, prueba formatos y no descarta cocinar en vivo durante las emisiones, una decisión que le permitiría unir dos mundos que hoy entrena por separado. Por otro lado, asoma la actuación: dijo que le gustaría probar suerte en el teatro y vinculó ese deseo con las temporadas que su padre Ricardo Fort supo encabezar cada verano en la costa atlántica. Aclaró que tiene poca formación actoral, pero no oculta que le tira la idea de pararse en un escenario.
Hay, además, un dato que a ella le gusta recordar: cuando le tocó cubrir un campeonato de fútbol en Estados Unidos, llegó sin saber nada del deporte y terminó desenvolviéndose igual. Esa experiencia, dice, le enseñó a animarse a lugares nuevos, y la traducción directa fue el streaming, donde se siente cómoda para comunicarse y para desplegar su faceta de entrevistadora. La cocina, en ese recorrido, aparece como una estación más, pero con la particularidad de que se mide con el paladar ajeno y no solo con la cámara.
Por ahora, la rutina sigue siendo la misma: clases por la mañana, prácticas de platos por la tarde y cenas con amigos que cumplen el rol de jurado improvisado. Mientras prepara el debut, Marta Fort deja en claro algo que, leído con atención, sirve para cualquier oficio: las cosas importantes no se ensayan una sola vez, se prueban con otros, se escuchan, se corrigen y se vuelven a probar. La cocina, en su caso, terminó siendo la excusa perfecta para entrenarse en algo más amplio: animarse a ser evaluada en público, sin red y con la mesa servida.
