La salud mental de los más chicos: cuando los síntomas avisan y la red se queda corta
Chicos que no duermen, que se lastiman, que cargan violencias en silencio y que llegan tarde a un sistema fragmentado entre escuelas, hospitales y tribunales. Una recorrida por los consultorios, las aulas y las guardias donde la demanda crece y los equipos especializados no alcanzan.
Llegué a la cita con Lucrecia, una pediatra del barrio de Flores, y me recibió con una taza de café en la mano y la mirada cansada de quien viene de una guardia larga. Antes de sentarse, me dijo algo que me quedó resonando: cada vez le toca ver más chicos que no pueden dormir, que dejaron de comer o que se lastiman, y cada vez tiene menos a dónde derivarlos. Esa frase, repetida después por docentes y psicólogos de distintos puntos del conurbano y de la ciudad de Buenos Aires, terminó de armar el mapa de una crisis que se ve en los consultorios, en las aulas y en las guardias, pero que todavía no tiene un único lugar donde caer con nombre y apellido.
Síntomas que se multiplican y un padecimiento que se hace crónico
Lo que describen los profesionales es un cambio de escala. Ya no se trata de casos aislados: en las consultas se repite un patrón que incluye insomnio, problemas de aprendizaje, atracones o rechazo de la comida, aislamiento, autolesiones y expresiones de que no quieren seguir viviendo. Detrás de cada uno de esos síntomas hay, además, una historia que muchas veces tardó años en encontrar a alguien dispuesto a escucharla. Cuando finalmente alguien pregunta, aparece la violencia como dato central.
- Violencia sexual en la infancia y la adolescencia: las estimaciones de UNICEF indican que 1 de cada 8 niñas y mujeres sufrió una violación o agresión sexual antes de los 18 años; entre varones, la proporción es de 1 de cada 11.
- Maltratos cotidianos, negligencia y humillaciones que pocas veces quedan registradas en ningún expediente, pero que pesan en el cuerpo y en la cabeza.
- Exposición a pantallas y plataformas digitales, con acceso a contenidos sexuales no deseados, apuestas y material que promueve conductas de riesgo. Según UNICEF, 1 de cada 4 adolescentes argentinos apostó dinero al menos una vez.
- Uso intensivo de dispositivos como refugio ante soledades que no tienen otro lugar adonde ir.
Aprender cuesta cuando la energía está puesta en sobrevivir
Los resultados de las pruebas PISA 2025 suman otra señal de alarma: casi 8 de cada 10 estudiantes argentinos de 15 años no alcanzaron el nivel básico en Matemática, y alrededor de 6 de cada 10 tampoco lo hicieron en Lectura ni en Ciencias. Para la médica pediatra Lucrecia Cardozo, coordinadora de un equipo de salud escolar, esa foto no se explica solo por lo que pasa en el aula. Aprender exige atención, confianza y tolerancia a la frustración, y cuando toda la energía psíquica de un chico está puesta en sobrevivir al hambre, la violencia o el abandono, esos recursos se agotan antes de llegar al colegio. La escuela termina viendo un problema de conducta o de aprendizaje, pero detrás hay un cuadro de malestar que la escuela sola no puede contener.
Una red fragmentada que deja a los chicos a la deriva
Cuando una familia advierte que algo está mal y pide ayuda, suele chocar con servicios saturados, falta de profesionales especializados y tiempos de espera que convierten una señal temprana en una urgencia. La atención llega partida en pedazos: la escuela recibe el problema de conducta, el hospital el síntoma, la justicia la infracción, y el chico queda en el medio, a veces perdido como persona dentro de un circuito de informes e intervenciones que no se hablan entre sí. Para la psicóloga infantil Marta Rinaldi, que trabaja en un centro de salud de La Plata, el problema no es solo que falten equipos, sino que los pocos que existen no se articulan, y eso hace que muchos pibes se caigan del sistema justo en los momentos críticos. Como me dijo Rinaldi antes de cerrar la entrevista, con una mezcla de bronca y de esperanza: cada vez que un chico se va sin que nadie lo siga, estamos hipotecando diez años de su vida, y nadie nos está cobrando esa deuda todavía.
