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La moda se cuenta a sí misma: el Moderno abre una muestra que lee la ropa como una postal de la Argentina

“Vestir mundos”, la nueva exposición del Museo de Arte Moderno y Fundación IDA, recorre seis núcleos temáticos con piezas que van de los noventa a la biotecnología y resignifican crisis, identidad y oficio.

Por Griselda VillavicencioSociedad y salud · 11 de septiembre de 2026 · hace 15 h

A Estela, que todas las mañanas cruza Barracas con el guardapolvo todavía colgando del perchero de la cocina, le digo que esa prenda blanca que ella lava y dobla cada domingo es mucho más que ropa de trabajo. Es un documento, una huella, una manera de contar lo que somos como sociedad. Lo confirmé la semana pasada cuando bajé por San Juan hasta la Avenida San Martín y me metí, casi sin darme cuenta, en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, donde acaba de abrir “Vestir mundos”, una muestra que propone justamente eso: mirar una remera, un tapado o un guardapolvo como quien mira una carta de época.

Seis núcleos para leer la indumentaria como archivo

La exposición, organizada de manera conjunta con la Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino), abrió el 10 de septiembre y se podrá visitar hasta el 1 de julio de 2027. La curaduría está a cargo de Franco Chimento y Raúl Flores, que ordenaron el recorrido en seis núcleos temáticos y eligieron como hilo conductor una idea tan simple como potente: en la Argentina, los diseñadores aprendieron a convertir la restricción y la crisis en materia de trabajo. “Son diseños que dialogan con las inquietudes de su tiempo y transforman la carencia o la dificultad en potencia”, me dijo Chimento mientras señalaba las primeras piezas, como si me estuviera entregando una pista para mirar lo que venía después.

Uno de los tramos más celebrados repasa las respuestas creativas a las crisis socioeconómicas de fines de los noventa y comienzos de los dos mil. Ahí aparece Trosmanchurba, la firma de Martín Churba y Jessica Trosman, que con fusiones textiles, con el quemado de plásticos y con materiales que estaban destinados a la basura para redefinir de arriba abajo la idea de sofisticación. También está la colección “Pongamos el trabajo de moda para siempre”, de 2004, que la marca hizo junto a la Cooperativa La Juanita y que resignificó al guardapolvo blanco como emblema del trabajo autogestionado. Cuando uno se para frente a esas prendas, termina pensando en las conocidas de Estela y en cuántas vueltas del país se resumen en ese rectángulo de tela.

Sostenibilidad, Norte argentino y los nuevos laboratorios

  • 12NA, de Mariano Breccia y Mercedes Martínez: desarma y recompone prendas de segunda mano como quien reescribe una biografía.
  • Juliana García Bello: trabaja con ropa heredada y manteles donados, y le devuelve a la memoria familiar un lugar en la pasarela.
  • Therapy Recycle and Exorcise, con base en Córdoba y Berlín: lleva el suprarreciclaje a las subculturas nocturnas, sin distinción de género ni de temporadas.
  • MANTO, de Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug: desde 1996 trabaja con hilanderas del norte argentino para producir prendas en lana de oveja y pelo de llama, combinadas con sastrería contemporánea.
  • Roxana Liendro, diseñadora salteña: traslada técnicas de orfebrería, como el repujado y el cincelado, a textiles andinos como el barracán y el aguayo.

El último tramo de la muestra se interna en lo que viene: las búsquedas más recientes que van desde la biotecnología hasta la producción circular. Ahí aparece Romina Cardillo, que experimenta con biotextiles a partir de residuos agroindustriales, y se suman propuestas que cruzan diseño, ciencia y nuevas materialidades para pensar qué se va a poder usar y cómo en los próximos años. La sensación, mientras se sale a la calle y el sol de San Juan vuelve a pegar contra la vereda, es la de haber leído un país entero colgado de perchas.

Yo salí pensando en Estela y en su guardapolvo, en las cooperativas que se hicieron visibles después del 2001, en las manos de las hilanderas del norte y en los laboratorios que ya están imaginando los textiles del futuro. “La ropa es una forma de contar quiénes somos y qué nos pasó”, me dijo Chimento mientras cerraba la sala, y la frase me quedó sonando como una consigna que vale la pena repetir en voz alta cada vez que nos cruzamos con un trapo colgado en una soga de barrio.

GV
Griselda VillavicencioSociedad y salud

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