La brecha se borró: el blue y el oficial quedaron a cinco pesos y el bolsillo lo nota
El cierre de la semana dejó al dólar paralelo y al oficial casi en la misma cifra, mientras en la Ciudad de Buenos Aires la inflación de septiembre volvió a acelerarse y acumula 23,7% en lo que va del año.
Volví del recorrido por el paraje con la radio encendida y la misma sensación que me queda cada vez que me bajo de la camioneta: el campo está pagando una cuenta que no escribió. Esta semana el dato llegó desde las pizarras de Buenos Aires, pero a mí me resonó en el mismo pozo de agua del que hablamos siempre, donde los productores siguen midiendo todo en litros de gasoil y en kilos de ternero, y ahora también en pesos que valen lo que vale un papel pintado. El dólar blue cerró el viernes a mil quinientos cuarenta pesos para la venta, apenas cinco pesos por encima del oficial, que en el Banco Nación quedó en mil quinientos treinta y cinco. Cinco pesos de diferencia. La brecha, esa palabra que durante años fue sinónimo de incertidumbre y de mercados paralelos, quedó reducida a un suspiro.
Un mercado que se recalibró
En el Banco Nación, el dólar oficial se vendió a 1.535 pesos, con compra en 1.485. En las cuevas y en las cuevitas digitales de siempre, el blue se ofreció a 1.540 vendedor y 1.493,80 comprador. La diferencia entre ambas puntas vendedoras es de apenas 0,32 por ciento: menos de lo que se pierde un día de estacionamiento en cualquier centro porteño. Quien haya elegido el paralelo por sobre el oficial pagó, en la práctica, una propina simbólica.
Los dólares financieros acompañaron el movimiento. El MEP, conocido como dólar Bolsa, y el contado con liquidación operaron en la misma banda, producto de la operatoria de bonos y acciones que los bancos ya ofrecen en el home banking. Desde que las entidades habilitaron la compraventa de divisas en esa sección, el trámite se simplificó para cualquiera que tenga cuenta: se elige el monto en pesos, se confirma la operación y se obtiene la cotización del día, sin pasar por la ventanilla ni por el arbolito de la esquina.
La inflación porteña que vuelve a empujar
Pero la foto cambiaria no termina de cerrar del todo, porque en paralelo la Ciudad de Buenos Aires difundió el dato de inflación de septiembre: 1,8 por ciento, con servicios subiendo 2 por ciento y precios estacionales 2,3 por ciento. Después de un agosto que había mostrado algo de alivio, el índice volvió a acelerarse. En lo que va del año, el costo de vida en la Capital acumula 23,7 por ciento, y la variación interanual llega a 32,9 por ciento.
Para la gente de a pie, la traducción es directa: el dólar dejó de dar sobresaltos diarios, pero los precios de la comida, del alquiler y del colectivo siguen corriendo su propia carrera. El mes que pasó, una familia tipo sintió el golpe en la carne, en la tarifa de luz y en la cuota del colegio, mientras miraba por televisión una pizarra donde el blue y el oficial se habían dado la mano.
Lo que viene y lo que no llega
Yo lo veo cada vez que vuelvo del interior: el tipo que carga silo bolsa, la maestra rural, el puestero del cruce de rutas, todos preguntan lo mismo. ¿Esto se va a mantener o es otra promesa con fecha de vencimiento? Porque el gobierno viene repitiendo, desde la eliminación del cepo, que la estabilidad cambiaria llegó para quedarse. Y el bolsillo, por ahora, le da la derecha al guion. Pero la inflación acumulada del 23,7 por ciento en nueve meses marca que la calma del dólar todavía no se trasladó del todo a los precios de góndola.
El domingo, como siempre, las pizarras quedaron congeladas: no hubo operatoria ni en el mercado oficial ni en el blue, ni en las bolsas. Los valores que circulan son los del viernes. La próxima rueda, el lunes, mostrará si la paz cambiaria aguanta o si vuelve a abrirse esa grieta chica que, aunque hoy parezca un rasguño, en el interior se siente como un hachazo. Porque el monte no vota, pero la inflación sí pasa por la tranquera.
