El oficial se plantó en mil quinientos treinta y el blue le sacó apenas quince pesos: una jornada donde la calma cambiaria parece más frágil de lo que luce
El tipo de cambio minorista cerró estable en el Banco Nación, mientras el paralelo operó a $1.545 y el turista con tarjeta se disparó hasta casi los dos mil pesos. Mientras tanto, el riesgo país se mantiene en 491 puntos y el ether se acomoda en 2.480 dólares.
La mañana del martes me agarró revisando los papeles del pozo de agua del puesto viejo, ese que siempre se desborda cuando llueve fuerte por estos pagos del norte santiagueño, y antes de que el sol se secara del todo ya tenía el teléfono prendido con los whatsapps de siempre: dólar, blue, riesgo país. La primera lectura fue casi un suspiro. El oficial se había plantado en mil quinientos treinta pesos en la pizarra del Banco Nación, con la compra en mil cuatrocientos ochenta. Una foto estática, sin un temblor, sin un sobresalto, como esos días de enero en que el monte se queda quieto bajo un sol que parece pintado.
Porque en el interior profundo, a kilómetros de las ventanillas del microcentro porteño, lo que pase con el billete verde no es un número más: es lo que cuesta el gasoil para sacar la cosecha, lo que vale el rollo de alambre para arreglar el alambrado, lo que termina pagando el que tiene un hijo estudiando en la ciudad. Y en esa lógica, que un martes arranque sin saltos no es tranquilizador: apenas respira. Eso sí, más de uno se frota las manos cuando el blue se mueve apenas, como pasó ayer, cuando cerró a mil quinientos cuarenta y cinco pesos, apenas quince por encima del oficial.
El oficial, el blue y el fantasma del turista
Para el vecino que sigue el pulso del mercado cambiario desde el celular, las cifras del día se leen así: el dólar minorista, ese que aparece en la pizarra del banco y se usa para la mayoría de las operaciones cotidianas, quedó en mil cuatrocientos ochenta pesos para comprar y mil quinientos treinta para vender en el Banco Nación. El blue, en tanto, se negoció a mil quinientos cuarenta y cinco. Quince pesos de diferencia. Ni más ni menos.
Pero hay otro número que duele, sobre todo para quienes tienen familia afuera o pagaron el pasaje en cuotas con tarjeta: el dólar turista, que técnicamente es el oficial más un treinta por ciento de percepción a cuenta de Ganancias. Ayer, eso terminó dando mil novecientos noventa y cinco pesos con cincuenta centavos. Un vuelto que parece broma pero no lo es.
- Dólar oficial minorista: $1.480 compra y $1.530 venta en Banco Nación, sin variaciones durante la jornada.
- Dólar blue o paralelo: $1.545 para la venta, apenas quince pesos por encima del oficial.
- Dólar turista o tarjeta: $1.995,50, tras sumar el 30% de percepción a cuenta de Ganancias al oficial.
- Riesgo país: 491 puntos básicos según el índice de JP Morgan.
- Ether (ETH): 2.480,40 dólares, en un mercado que opera las veinticuatro horas sin freno cambiario.
El interior lee los números con otros ojos
El riesgo país, ese indicador que elabora el banco JP Morgan y mide cuánto le sale a la Argentina financiarse afuera, terminó en 491 puntos básicos. Para el productor mediano que siembra soja o maíz en campos arrendados, esos números no son ajeno: se traducen en tasas, en expectativas, en la decisión de comprar o no una maquinaria antes de que termine la campaña fina.
Mientras tanto, en el mundo paralelo de las criptomonedas, el ether, la moneda de la red Ethereum, se acomodó en 2.480 dólares con cuarenta centavos. Un mercado que opera sin feriados ni horarios bancarios, donde la cotización no espera al reloj ni a la Casa Rosada.
Ahora bien, volviendo al pago: lo que pasó este martes fue una jornada de calma aparente. El Banco Central publica la cotización oficial a partir de las diez de la mañana y el paralelo aparece entre las once y las once y media, cuando las cuevas del microcentro porteño empiezan a marcar precio. Pero acá, en este rincón del país donde el monte no vota, donde las promesas de campaña suelen quedar en el camino de tierra entre el pozo y la tranquera, cada jornada estable se mira de reojo.
Porque todavía recuerdo aquella promesa de la convertibilidad, allá por el 2002, cuando juraron que uno valía uno. Y acá seguimos, contando cuántos pesos hacen falta para sumar un dólar, con la misma angustia de hace más de veinte años. La diferencia es que antes el blue valía poco; ahora, casi alcanza al oficial y el turista se va a los dos mil. Una calma que, lejos de aliviar, preocupa: porque en el interior sabemos que cuando el río está demasiado quieto, es porque se viene una creciente. Y la pregunta que queda dando vueltas en la cabeza es la de siempre: ¿impactará esta calma en el precio del gasoil, en la soja, en el sueldo del peón que corta el surco? El jueves, cuando vuelva a abrir la tranquera y mire la pizarra del celular, lo sabremos.
