El interior se queda esperando: mientras el turismo extranjero rompe marcas, el campo sigue mirando el pozo seco
En el primer semestre ingresaron al país 1.434.001 visitantes de países no limítrofes, un récord en 25 años. Pero el crecimiento del gasto queda lejos del monte chaqueño, donde las promesas de infraestructura vial siguen siendo palabras anotadas en un papel mojado.
Volví de cubrir una recorrida por el paraje El Saladillo, en el corazón del Chaco seco, y la imagen todavía me quema: una familia entera cargando bidones desde un pozo de agua que casi no da más, mientras a mil kilómetros de ahí el gobierno nacional festeja que entraron 1.434.001 turistas de países no limítrofes en el primer semestre, la cifra más alta en un cuarto de siglo. La paradoja me la guardo para el final, porque primero conviene mirar los números que hoy la prensa porteña y que, siendo francos, no me los saco de la galera: son datos oficiales del INDEC y estimaciones del Ieral que aparecen en el cable al que tuve acceso esta mañana.
El semestre récord que el interior no siente
Entre enero y julio de 2026 pasaron por Ezeiza, Aeroparque y los pasos terrestres 3,4 millones de viajeros extranjeros, un 8% más que en el mismo período del año pasado. Solo en julio el salto fue del 9% interanual. Pero el dato que realmente hace ruido es el de los visitantes de lejos: 1.434.001 personas en seis meses, un registro que supera el de 2019 y que no se veía desde hace 25 años, según el Ieral de la Fundación Mediterránea.
El perfil del turista que llega cambió, y eso se nota en cómo entra al país. Los ingresos por vía aérea subieron 19% en los primeros siete meses, mientras que los viajes terrestres cayeron 4%. En criollo: vienen menos vecinos regionales a comprar barato y más europeos, estadounidenses y asiáticos con billetera gruesa y estadías largas. El investigador del Ieral Marcos Cohen Arazi lo dijo con una frase que me parece la más lúcida del día: el tipo de cambio relativamente bajo hace que el turismo que venía esencialmente por una ventaja de precios se contraiga.
“El tipo de cambio, relativamente bajo, hace que el turismo que venía esencialmente por una ventaja de precios se contraiga.”Marcos Cohen Arazi, investigador del Ieral
Del lado de la oferta, Gabriela Ferucci, presidenta de la Asociación de Hoteles de Turismo, apuntó dos motores concretos: más asientos en vuelos internacionales y la devaluación del real brasileño, que puso a la Argentina como destino más accesible para el principal mercado emisor, que sigue siendo Brasil. Paula Cristi, gerenta general de Despegar, completó el cuadro al remarcar que la mayor conectividad aérea, con nuevas rutas y frecuencias, amplió las alternativas desde Europa, Estados Unidos y otros mercados de larga distancia, y que el país reúne atributos muy valorados como la diversidad de paisajes, la gastronomía, el enoturismo y las propuestas de naturaleza y aventura.
- 3,4 millones de turistas extranjeros ingresaron entre enero y julio, un 8% más interanual.
- 1.434.001 visitantes de países no limítrofes en el primer semestre, récord en 25 años.
- Los arribos por vía aérea crecieron 19% y los terrestres cayeron 4%.
- Brasil sigue siendo el principal mercado emisor de turistas hacia la Argentina.
- Por cada visitante extranjero que entró, 2,1 argentinos salieron al exterior.
Ahora, ojo con el festejo. El fenómeno convive con un flujo enorme de argentinos que siguen cruzando la frontera para afuera: por cada turista foráneo que entró al país, 2,1 residentes se fueron, una proporción similar a la de 2018 y apenas mejor que la de 2025, cuando el cociente llegó a 2,6. El Ieral estima que el déficit de la balanza turística rondará los 5.700 millones de dólares en el año, una cifra que se come con creces el ingreso de divisas que dejan estos turistas récord. Dicho de otro modo: entra más gente que antes, pero se sigue yendo más plata que la que queda.
Y acá es donde la noticia deja de ser un parte meteorológico de Buenos Aires y empieza a dolerme en el monte. Porque mientras el INDEC anuncia récords de visitantes europeos paseando por la Patagonia o degustando Malbec en Mendoza, en el interior profundo el agua sigue faltando, las rutas siguen siendo caminos de ripio que se cortan con la primera tormenta, y los productores chicos siguen esperando una obra de infraestructura que les prometieron, según tengo anotado en la libreta, el 14 de marzo de 2024 y nunca llegó. El monte no vota, parece ser la lógica: no recibe rutas, no recibe tendido eléctrico, no recibe pozos nuevos. Recibe, cada tanto, un titular optimista sobre el turismo que pasa de largo a quinientos kilómetros por la ruta nacional 34.
La cuenta que nadie quiere cerrar
Lo que deja este semestre récord es una Argentina de dos velocidades que se explica sola. Una, la que muestra el aeropuerto con salas llenas y nuevos vuelos directos desde Madrid o Atlanta, con turistas que se quedan dos semanas y gastan en dólares. Otra, la que recorre cualquier ruta del norte argentino, donde el Estado llega solo con la promessa y un caudal de obras que nunca arranca. Como me dijo un productor de Quitilipi mientras cargaba el tanque de la camioneta con agua del aljibe: mientras a ellos les cuentan los turistas, a nosotros nos cuentan las promesas. La del 14 de marzo de 2024, por ejemplo, sigue esperando debajo de un puente roto que el gobierno se acordó de arreglar cuando dejó de llover.
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