Dos pueblos vacíos de Burgos se convierten en set de una película sobre la memoria rota
Castil de Carrias y Loranquillo, aldeas deshabitadas de la provincia, fueron el escenario elegido por los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi para rodar las secuencias de la Guerra Civil en 'La bola negra'. Sus ruinas auténticas ofrecieron lo que ningún decorado podía fabricar: una vida interrumpida tal como la dejó el tiempo.
El primer golpe de bombo suena entre las piedras sueltas, como si el propio patio se acordara de cuando había gente. El cámara mira hacia la iglesia de Santa María, en Castil de Carrias, y se da cuenta de que ahí no hace falta poner nada: las botellas todavía están en el estante de la taberna, los enseres de cocina están repartidos por el suelo, los vehículos se han ido oxidando solos durante décadas. Esa es la entrada que tuvieron que hacer los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi cuando fueron a buscar locaciones para las escenas históricas de La bola negra, la película que empezaron a rodar el 25 de agosto de 2025 en esa aldea deshabitada de la provincia de Burgos. Lo que encontraron no lo podían haber construido en ningún plató: una destrucción real, acumulada por el olvido y por el paso de los años, que servía exactamente para lo que la historia necesitaba contar.
Un pueblo con más de ocho siglos de historia y un solo habitante final
Castil de Carrias queda a unos diez kilómetros de Belorado y tiene papeles que lo mencionan desde, por lo menos, el siglo XII. A mediados del siglo XIX llegó a tener más de 240 habitantes, pero el éxodo rural fue vaciando sus calles de a poco: en 1950 quedaban 178 personas, en 1970 apenas 59. El pueblo siguió así, en ese estado chico y reducido, hasta 1994, cuando murió Florentino González Sáez, al que todos consideran el último vecino. Lo que queda en pie hoy es la antigua escuela, la taberna con las botellas todavía visibles, utensilios domésticos dispersos, vehículos oxidados y la iglesia de Santa María, con señales claras de deterioro y de expolio. Cada uno de esos objetos fue quedando en su lugar porque no hubo nadie que los recogiera, y eso fue justamente lo que más les sirvió a los directores.
Loranquillo, el pueblo vecino que completa la ruta
A pocos kilómetros de Castil de Carrias está Loranquillo, otro núcleo despoblado que se terminó sumando al municipio de Belorado durante los años setenta. Sus últimos vecinos se fueron en la década de 1990. Entre los dos pueblos, junto con Quintanilla, se arma hoy una ruta de senderismo de 22 kilómetros que sirve para caminar entre ruinas y para entender, de paso, por qué esa zona de Castilla terminó vaciándose. Para la producción, los dos lugares resolvían un problema muy concreto: necesitaban edificios parcialmente caídos para recrear la Guerra Civil sin tener que construir decorados desde cero y sin tener que romper nada al terminar el rodaje. La responsable de localizaciones, Clara Salvador, fue la que recorrió la provincia hasta dar con estas condiciones. Mientras duró la filmación, los dos pueblos estuvieron cerrados al público.
“Lo que buscábamos no era solo la imagen de las ruinas, sino la sensación de una vida interrumpida sin que nadie terminara de recoger sus cosas. Ese detalle tiene un significado específico dentro de la historia que cuenta la película, centrada en la memoria, la violencia y lo que el tiempo borra.”Javier Calvo y Javier Ambrossi, directores de La bola negra
- Castil de Carrias: aldea deshabitada a unos 10 kilómetros de Belorado, con historia desde el siglo XII, 240 habitantes a mediados del siglo XIX y último vecino fallecido en 1994.
- Loranquillo: núcleo despoblado incorporado a Belorado en los años setenta, con sus últimos vecinos marchándose en la década de 1990.
- Quintanilla: completa junto a los dos anteriores una ruta de senderismo de 22 kilómetros por la zona.
- Rodaje: comenzó el 25 de agosto de 2025 y durante el período de filmación ambos pueblos permanecieron cerrados al público.
- Responsable de localizaciones: Clara Salvador, quien recorrió la provincia de Burgos hasta dar con estos escenarios reales para las escenas de la Guerra Civil.
Cada vez que paso por una ruta de senderismo como esta me acuerdo de mi abuela, que siempre decía que un pueblo no se muere cuando se va la última persona, sino cuando se va la última visita. Castil de Carrias y Loranquillo van a quedar en la pantalla grande gracias a una película, y eso, aunque duela un poco, también es una forma de que no los terminen de olvidar del todo. Si andan por la zona de Belorado este finde, arrimen la oreja en alguna peña del pueblo más cercano: ahí van a escuchar el mismo bombo del que les hablé al principio, y de paso van a poder preguntar por la historia de estas aldeas a la gente del lugar, que siempre tiene algo para contarles.
