Cuando un asesino en serie te cuenta lo que hizo de calmo: la serie que todavía incomoda desde el sillón
David Fincher se sentó frente a los monstruos y les dio micrófono. Repasamos por qué "Mindhunter", con solo dos temporadas, sigue siendo la apuesta más turbadora del catálogo de thrillers psicológicos en streaming.
Tengo que confesar algo antes de arrancar: cada vez que un amigo me pide una serie para mirar un domingo a la noche, con esa mezcla de ganas y pereza que tenemos los que ya pasamos los cuarenta, termino recomendando la misma. No es la más vistosa ni la más ruidosa. Es una donde dos agentes del FBI se sientan en una sala sin ventanas y le preguntan a un asesino en serie por qué lo hizo. Y nada más. Y funciona.
Dos hombres, una idea peligrosa y un montón de presos que quieren hablar
La historia arranca a fines de los años setenta, en una época donde estudiar la mente de un criminal dentro del FBI era visto casi como un capricho de intelectual. Holden Ford, el agente joven interpretado por Jonathan Groff, está convencido de que hay patrones que se repiten. Bill Tench, su compañero de ruta encarnado por Holt McCallany, es el hombre de calle, el que viene de atrapar gente con las manos en la masa y no termina de creer en esas teorías. Los dos recorren los penales norteamericanos con una grabadora en la mochila y una premisa simple: si entendemos cómo piensa un asesino, tal vez podamos anticipar al próximo.
La serie, creada y producida por David Fincher, toma ese punto de partida y lo convierte en algo mucho más incómodo de lo que el synopsis sugiere. No hay persecuciones a toda velocidad ni cuerpos desmembrados en cámara. La tensión aparece de otra forma, más parecida a la de una sobremesa donde alguien cuenta algo que no debería contar. Fincher filma las entrevistas con una quietud que se siente casi como una falta de respeto para el espectador: planos largos, silencios que pesan, primeros planos de ojos que no parpadean. Uno termina encorvado en el sillón, mirando la pantalla con la misma incomodidad que tendría si estuviera sentado en esa misma sala.
- Ed Kemper, el gigante de mirada mansa que habla de sus crímenes como quien recuerda una receta de la abuela.
- David Berkowitz, más conocido como el Hijo de Sam, recreado con una serenidad que eriza la piel.
- Charles Manson, que aparece en pantalla con la energía de un líder de secta retirado pero todavía peligroso.
- Wendy Carr, interpretada por Anna Torv, la psicóloga que le pone rigor académico a una investigación que sus colegas miraban de reojo.
Por qué sigue siendo una rareza veinte años después
La serie llegó a dos temporadas, diecinueve episodios en total, y ahí se quedó. Una tercera fue conversada durante años y nunca terminó de concretarse. Igual, el material existente se sostiene como un bloque cerrado, con principio, desarrollo y un cierre que no deja al espectador con la sensación de que le faltó algo. Esa es una de sus grandes virtudes: no abusa de la paciencia del que mira, no estira la trama hasta el hartazgo. Termina cuando tiene que terminar.
Para el público argentino que creció mirando series policiales por cable y que hoy peina canas, "Mindhunter" tiene un atractivo particular: se trata de entender al otro antes de condenarlo, que es algo que acá, en la sobremesa familiar o en la charla con los vecinos del barrio, hacemos todo el tiempo. Mi vieja, que es de las que mira todo y opina de todo, me dijo una vez después de verla: "Esto es lo que pasaba en mi casa cuando discutíamos con tu tío, pero con asesinos". Y la verdad que le encuentro razón.
“La serie no apuesta por la acción ni por el gore. Su tensión nace de otro lado: de las conversaciones. Sentarse frente a un asesino que habla con calma sobre lo que hizo resulta, en manos de Fincher, más perturbador que cualquier escena de persecución.”Enrique Fernández, crítico de series, en una reseña publicada en 2019
Una invitación para el finde
Si nunca la viste, este finde es una buena excusa para darle play. Y si ya la viste, como me pasa cada vez que un amigo me la nombra, te dan ganas de empezarla de nuevo. Después me contás. Acá andamos, siempre con el termo listo para la peña del sábado y la lista de recomendaciones a mano.
