Cuando la tasa asusta pero el crédito rescata: la radiografía de las fintech que nadie mira desde la ruta
Más de dos millones de argentinos deben plata a billeteras digitales y plataformas fintech, y sin embargo nueve de cada diez ya tienen un plan para ponerse al día. La Cámara del sector bajó línea en Diputados y explicó por qué las tasas del 850% no significan lo que parecen. Una recorrida por el pozo de agua del crédito que nadie quiere ver.
Lo vi desde la camioneta, una vez más, en esos parajes del interior profundo donde la señal del celular llega y se va como el agua del pozo en verano. Ahí, en esos pueblos donde el asfalto termina y empieza el monte, la gente ya no le pide plata al almacenero ni al patrón: se la pide al celular. Le saca un crédito a una billetera digital, lo usa para comprar la semilla, pagar el flete o arreglar el tractor, y a los quince días lo devuelve como puede. Y cuando no puede, refinancia. Así, nueve de cada diez veces. Eso es lo que vino a contar la Cámara Argentina Fintech a la Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados, y a mí me parece que es una de las noticias más importantes del año, aunque ningún portal grande la haya puesto en portada.
Hablo de un universo de 21 millones de personas con acceso a crédito formal en la Argentina, una cifra que no tiene antecedentes en la historia económica del país. De esa masa, 5,8 millones registran algún grado de irregularidad crediticia, según los registros de comportamiento de pago. Pero el dato que me llama la atención, el que me hace parar y mirar el mapa, es que dentro de ese grupo hay 2,4 millones de personas que deben plata específicamente a fintech y billeteras digitales. Es el 16 por ciento del total de la mora del sistema financiero argentino, encima. Plata prestada por aplicaciones, no por bancos. Plata que llega al consumidor por la pantalla del teléfono, a personas que muchas veces no calificaban para entrar a una sucursal del centro.
El noventa por ciento ya tiene plan de pago, y eso no es un detalle menor
Frente a ese panorama, el sector informó algo que a mí, como viejo que recorre el interior, me dio algo de alivio: el 90 por ciento de esos deudores ya cuenta con algún esquema de refinanciamiento, asistencia o alternativa de salida. La idea declarada, y acá coincido, es evitar que la deuda se convierta en una bola de nieve y que la persona pueda seguir construyendo historial crediticio. Porque, hay que decirlo con todas las letras, el que alguna vez pidió un crédito y lo pagó, aunque sea tarde, ya tiene más antecedentes que el que nunca pidió nada. El monte no vota, pero el monte sí necesita crédito para producir, y cuando ese crédito viene con una segunda oportunidad, algo estamos haciendo bien.
“El sector tomó líneas de crédito de bancos o del mercado de capitales para otorgar financiamiento, y lo hizo a personas con poco o ningún historial previo, muchas veces sin garantías tradicionales. Esa combinación de mayor riesgo y fondeo más costoso incide directamente en las tasas.”Cámara Argentina Fintech, exposición ante la Comisión de Finanzas de Diputados
Por qué la tasa del 850 por ciento no es lo que parece
Y acá viene lo que a mí más me interesa contarles, porque es donde se cocina la mentira que todos repetimos sin entender. La Cámara explicó en Diputados que la Tasa Nominal Anual (TNA), la Tasa Efectiva Anual (TEA) y el Costo Financiero Total Efectivo Anual (CFTEA) no reflejan de forma directa cuánto paga una persona por un crédito de corto plazo. Para saber lo que de verdad sale el crédito, hay que mirar juntos el monto pedido, los intereses, los cargos y el plazo de devolución. El ejemplo que se puso sobre la mesa es bien gráfico: alguien pide cien mil pesos a catorce días. Devuelve ciento nueve mil, de los cuales siete mil cuatrocientos son intereses y mil seiscientos son impuestos. El costo efectivo para ese período es del nueve por ciento. Ahora bien, si uno anualiza esa tasa como hacen los medios y muchos políticos cuando quieren asustar, la TNA salta al 194 por ciento, la TEA llega al 550 y el CFTEA alcanza el 850. Pero eso no significa que quien pidió cien mil vaya a devolver novecientos cincuenta mil. Significa, y esto hay que repetirlo hasta el cansancio, que si ese crédito se renovara durante un año entero, todos los meses, el costo acumulado sería ese. Es matemática, no mala fe, aunque muchas veces se use como si fuera mala fe.
- Crédito regulado: ofrece contratos claros, supervisión, defensa del consumidor y canales de reclamo formales.
- Crédito informal: puede dejar a las personas sin ningún tipo de respaldo ante un incumplimiento.
- Refinanciamiento: lo usan nueve de cada diez deudores de fintech y billeteras digitales para evitar que la deuda crezca.
- Historial crediticio: incluso un crédito pagado tarde suma antecedentes para futuros préstamos.
- Lectura de la tasa: la TNA, la TEA y el CFTEA anualizan el costo y no muestran lo que efectivamente se paga por un préstamo corto.
La promesa que me hago cada vez que paso por el mismo pozo de agua
Yo no soy técnico, soy un periodista de pueblo que se baja de la camioneta y mira a la gente a la cara. Y lo que veo es esto: hay una Argentina que se bancó sola la pandemia, que se bancó sola la sequía, que se bancó sola la inflación, y que cuando el banco le dio la espalda, le pidió al celular. Esa gente refinancia, cumple, se rompe el lomo para pagar. Y cuando no puede, vuelve a refinanciar, no porque sea vaga ni inconsciente, sino porque el sistema todavía no aprendió a darle crédito a quien más lo necesita sin cobrarle una tasa que parece escrita en otro idioma. La Cámara Fintech vino a Diputados y puso los números sobre la mesa. Ahora falta que los diputados, los reguladores y los bancos hagan la suya. Yo, mientras tanto, prometo volver al mismo pozo de agua del mismo paraje, en marzo del año que viene, a contar si la promesa de mejorar la lectura de las tasas y de ampliar los canales de reclamo se cumplió. Y si no se cumplió, a escribirlo con nombre y apellido, como siempre. Porque el monte no vota, pero este cronista sí vuelve.
