Cinco ideas equivocadas sobre el corazón que todavía ponen en riesgo a miles de personas
Un cardiólogo de Cleveland Clinic repasó los mitos más frecuentes sobre las enfermedades cardiovasculares y explicó por qué pueden hacer que muchos lleguen tarde al diagnóstico. Las claves para entender cuándo actuar y qué controles no conviene postergar.
Cuando me acerqué hasta la redacción para interiorizarme sobre el informe de Cleveland Clinic, no podía sacarme de la cabeza una conversación que había tenido la semana pasada con mi vecina María, del barrio de Villa Devoto, mientras tomábamos mates en la vereda. Ella me decía, mientras acomodaba el termo, que al corazón había que cuidarlo recién después de los cincuenta, y que como era mujer y se sentía bien, no tenía demasiado por qué preocuparse. La miré con esa mezcla de cariño y de preocupación que uno le dedica a alguien que quiere mucho, le dije que no estaba tan segura de lo que me contaba, y le prometí que iba a investigar un poco más para charlarlo con calma. Lo que encontré es exactamente lo que hoy les cuento en esta nota, con la voz del cardiólogo Luke Laffin como guía y con la convicción, cada vez más firme, de que esas cinco creencias tan instaladas en la charla de sobremesa son, en buena medida, las responsables de que muchísimas personas terminen llegando a la guardia de un hospital cuando el problema ya está instalado y el margen de maniobra es mucho más chico del que nos gustaría.
Para poner en contexto la magnitud del asunto, vale recordar que las enfermedades cardiovasculares se llevaron 19,8 millones de vidas en el mundo durante 2022, lo que representa el 32 por ciento del total de muertes globales, según los registros de la Organización Mundial de la Salud. Es decir, casi una de cada tres personas que murieron ese año en el planeta perdió la vida por algún problema del corazón o de los vasos sanguíneos. Y sin embargo, como me dijo el doctor Laffin cuando le consulté por qué insistía tanto en salir a desarmar estos mitos, todavía hay una cantidad enorme de gente que se cuida la presión, el colesterol y el pulso recién cuando aparece un síntoma grave, y eso en cardiología muchas veces ya es tarde.
Los cinco mitos que el cardiólogo desmontó uno por uno
- Las enfermedades del corazón no son cosa de hombres. Laffin fue muy claro al respecto y sostuvo que "el corazón no discrimina por sexo", y lo cierto es que las mujeres cargan con factores de riesgo propios que conviene no pasar por alto, como la menopausia, el uso de anticonceptivos orales y ciertas complicaciones durante el embarazo, a lo que se suma una tendencia bastante argentina y bastante humana a postergar los controles propios frente al trabajo, los hijos y la casa.
- Esperar a los 50 para empezar a preocuparse es otro error clásico. Las alteraciones en arterias y vasos sanguíneos pueden empezar mucho antes, en personas de 20, 30 o 40 años, muchas veces sin dar señales, y la predisposición genética al colesterol alto o a la hipertensión puede estar latente desde edades tempranas, por lo que los análisis de sangre y los chequeos regulares en adultos jóvenes no son un capricho sino una herramienta concreta de prevención.
- Tener antecedentes familiares no es una sentencia. Es cierto que aumentan el riesgo, pero no lo determinan, y la alimentación saludable, al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, dejar de fumar y moderar el alcohol son medidas que bajan de manera considerable esa probabilidad, y cuando los cambios de hábito no alcanzan existen medicamentos seguros para controlar la presión arterial y el colesterol.
- Sentirse bien no es sinónimo de estar libre de riesgo. La enfermedad coronaria avanza de forma lenta y silenciosa, la hipertensión y el colesterol elevado generalmente no producen síntomas, y en algunos casos el primer aviso es un infarto o un accidente cerebrovascular, de modo que las consultas anuales con el médico de atención primaria y los análisis periódicos son la manera de seguir la evolución de esos indicadores antes de que se conviertan en una urgencia.
- El corazón no se deteriora de manera inexorable con los años. Con hábitos adecuados, controles a tiempo y un buen diálogo con el equipo de salud es posible envejecer con un corazón mucho más sano de lo que sugiere la cultura popular, y eso es quizá lo más importante que rescato de todo lo que me tocó investigar para escribir esta nota.
Después de repasar estos puntos y de anotar cada una de las recomendaciones del especialista, volví a pensar en mi vecina María y en la cantidad de gente como ella, personas activas, trabajadores, que sienten que mientras no les duela nada no hay nada que revisar, y la verdad es que duele un poco comprobar cuántas veces escuchamos el mismo argumento en la fila del supermercado, en la mesa familiar o en la sala de espera del médico. Lo que rescato, y lo que me llevo puesto después de esta charla con Laffin, es que la mejor manera de cuidarnos es conversar con un profesional de cabecera, pedir los estudios correspondientes y no esperar a que el cuerpo nos avise con un susto, porque como bien me dijo el cardiólogo antes de despedirnos, en cuestiones del corazón el silencio nunca es buena noticia y la consulta a tiempo casi siempre marca la diferencia.
“El corazón no discrimina por sexo.”Luke Laffin, cardiólogo de Cleveland Clinic
