Lunes, 14 de septiembre de 2026
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Aguinaldo en cuotas y facturas a cuenta: el menú que eligen las pymes para no abrir el libro de despidos

Fábricas de la provincia de Buenos Aires estiran pagos, fraccionan el medio aguinaldo y revisan cada gasto mientras el consumo no repunta. La presión tributaria y la competencia importada completan un cuadro que las patronales pymes describen sin eufemismos.

Por Ramón LotoInterior y campo · 14 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Desde la ventanilla de la camioneta todavía se ve el cartel del paraje y, doscientos metros más allá, el pozo de agua donde los camiones cargan antes de entrar al parque industrial. Lo que vi allí adentro no fue un drama cinematográfico ni un titular catástrofe: fue algo más silencioso y por eso más preocupante. Son fábricas que siguen prendiendo las máquinas al amanecer, con sus operarios entrando como siempre, pero con la calculadora prendida todo el día porque ahora el número no cierra como cerraba hace un año. La baja del consumo les recortó los ingresos y, aun así, las pymes de la provincia de Buenos Aires eligieron un camino que prefieren antes que el de mandar telegramas: estirar plazos con proveedores, postergar depósitos, dividir el medio aguinaldo y revisar cada renglón de gasto con un solo objetivo en la cabeza, no reducir personal. Lo cuentan en primera persona, lo sufren en el día a día y, mientras tanto, miran de reojo el calendario.

Cuando la facturación cae, las cuentas fijas no esperan

La lógica es tan simple como brutal: cuando una fábrica vende menos, lo que entra por la puerta se achica, pero lo que sale por la otra no se mueve al mismo ritmo. Sueldos, contribuciones, servicios, cuotas de crédito, Ingresos Brutos y tasas municipales siguen venciendo con independencia de cómo venga la mano. Esa brecha, que los contadores de las pyme miden mes a mes, es la que hoy les aprieta el cuello a buena parte de las pequeñas y medianas industrias del cordón industrial bonaerense. La consecuencia directa es un menú de supervivencia que las patronales repiten en distintos puntos de la provincia y que tiene un denominador común: aceptar costos financieros, fiscales y operativos a cambio de sostener la planta de personal.

“Cuando la rentabilidad empieza a mermar, las dificultades se van acumulando mes a mes. Uno trata de sostener y de no echar.”Patricia Malnati, presidenta de Jomsalva

Malnati preside una firma fabricante de compuestos de caucho con 53 años de trayectoria y un plantel cuya antigüedad promedio ronda los 15 años. En esa empresa, como en tantas otras pymes de la provincia, el aguinaldo se paga fraccionado, una decisión que la propia titular describe como la forma de distribuir el desembolso cuando la caja no da para afrontarlo de una sola vez. La herramienta es legal y está prevista para los casos en que la empresa acredita dificultades, pero su utilización masiva en estos meses marca el termómetro de la situación: ninguna pyme fracciona el aguinaldo por gusto, lo hace porque necesita conservar caja para llegar a fin de mes sin romper el equilibrio interno.

  • Extensión de plazos con proveedores, reprogramando vencimientos para aliviar el flujo de caja.
  • Postergación de depósitos y compromisos bancarios, asumiendo el costo financiero que eso implica.
  • Fraccionamiento del medio aguinaldo, distribuyendo el pago en cuotas para no resentir la liquidez.
  • Revisión exhaustiva de cada gasto fijo y variable, ajustando todo lo ajustable antes de tocar la planta de personal.
  • Negociación con clientes para anticipar cobros o aceitar circuitos de pago que estaban dormidos.

Impuestos que no se mueven y una presión extra desde afuera

En ese menú de supervivencia hay dos datos que las propias pymes repiten como un mantra. El primero es la carga tributaria propia del territorio bonaerense, donde el impuesto sobre los Ingresos Brutos puede representar hasta un 3% de la facturación y las tasas municipales de seguridad e higiene trepan hasta un 8% según el distrito. Ambos conceptos se pagan igual cuando se vende mucho y cuando se vende poco, y eso, en un momento de retracción, termina pesando más que en cualquier otro. El segundo dato es la competencia importada, que en algunos rubros llega desde China a precios con los cuales la fábrica local no puede empatar ni bajando los propios al mínimo. Sobre ese punto, la misma Patricia Malnati aclaró que no todo lo importado es de mala calidad y que hay productos muy buenos en el mercado internacional, pero advirtió sobre un mecanismo que la golpea de cerca: la subfacturación en aduana, la práctica de declarar un valor menor al real de la mercadería para pagar menos impuestos al ingresar al país, y que distorsiona la competencia con los fabricantes radicados en la provincia.

“El costo argentino, el nivel impositivo nos saca totalmente. Y del otro lado entra mercadería subfacturada que rompe cualquier precio.”Patricia Malnati, presidenta de Jomsalva

Mientras las fábricas estiran pagos y fraccionan aguinaldos, el calendario sigue corriendo y el consumo no muestra señales firmes de reactivación. Cada mes que pasa sin repuntar es un mes más en el que las pymes bonaerenses recurren a este menú de artilugios financieros para sostener al personal en sus puestos, aun cuando eso signifique asumir intereses, tensiones con proveedores y noches largas haciendo cuentas. Lo que está en juego no es un número en un balance: son plantas de personal completas, familias enteras que viven al ritmo del turno y pueblos del interior bonaerense donde la fábrica es, muchas veces, el principal motor de la economía local. Por eso, cada aguinaldo que se paga en cuotas, cada factura que se estira y cada proveedor al que se le pide una mano extra son decisiones que se toman con la calculadora en una mano y el teléfono en la otra, mientras adentro de la planta las máquinas siguen andando como si la crisis fuera un ruido de afuera que todavía no terminó de entrar. Y mientras tanto, el monte no vota, pero aguanta.

RL
Ramón LotoInterior y campo

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