Aftas en la boca: por qué aparecen, cuándo se van solas y en qué momento hay que golpear la puerta del consultorio
Pequeñas, dolorosas y molestas: las úlceras bucales son una de las consultas más frecuentes en el consultorio odontológico. Especialistas consultados por este portal explican los disparadores, las señales de alerta y los estudios que ayudan a descartar una enfermedad de base.
A Malena, de Boedo, se le hace una llaga en la boca cada vez que come algo con borde filoso o se muerde la cara interna de la mejilla sin querer. Me lo contó una mañana, mientras tomábamos un café en un bar de la esquina de su casa, después de que yo le preguntara si le dolía al hablar. La miré, le pedí que me mostrara la lesión y ahí nomás entendí de qué se trataba: una afta pequeña, redonda, con el centro blanquecino y los bordes colorados, justo en la mucosa yugal del lado izquierdo. Malena se reía mientras se señalaba la boca: para ella era una molestia menor, algo que se le iba en pocos días. Pero no todas las aftas se comportan así, y ahí es donde la cosa cambia.
Las úlceras bucales, conocidas popularmente como aftas, son lesiones muy frecuentes que aparecen en la cara interna de las mejillas, debajo o encima de la lengua, en las encías, en el interior de los labios o en el paladar blando. Suelen verse como un puntito con centro blanquecino, gris o amarillento, rodeado por un halo rojizo, y muchas veces vienen precedidas por ardor u hormigueo en la zona. La diferencia clave con el herpes labial es sencilla: las aftas no aparecen en la superficie externa de los labios y no se contagian de una persona a otra.
Por qué aparecen y qué las dispara
- Traumatismos locales: morderse la mejilla, un cepillado demasiado agresivo, el roce con brackets o alineadores, prótesis mal ajustadas y quemaduras por alimentos muy calientes.
- Estrés, cansancio y cambios hormonales asociados a la menstruación o al embarazo, que aparecen con frecuencia en la consulta como factores desencadenantes.
- Déficits nutricionales, sobre todo de hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del complejo B y vitamina D, que un metaanálisis publicado en 2024 en la revista BMC Oral Health vinculó con mayor frecuencia de aftas recurrentes, en particular con bajos niveles de vitamina B12, ferritina reducida y descensos en la hemoglobina.
En la mayoría de los casos, las aftas más comunes son chicas, redondeadas y se curan solas en una o dos semanas sin dejar marca. Pero existe una variante mayor, menos frecuente, más profunda y dolorosa, que puede tardar hasta seis semanas en cicatrizar. Y también hay una forma herpetiforme, compuesta por muchas ulceraciones diminutas que tienden a agruparse, que a veces se confunde con herpes y requiere evaluación profesional.
Cuándo mirar más allá de la boca
Cuando las lesiones son múltiples, reaparecen con frecuencia o vienen acompañadas de síntomas en otras partes del cuerpo, la explicación puede estar en una condición de base. Entre las enfermedades asociadas se cuentan la celiaquía, la enfermedad de Crohn, el lupus, la enfermedad de Behçet, la artritis reactiva, infecciones virales, bacterianas o fúngicas y estados de inmunidad debilitada, incluido el VIH. Por eso, cuando una afta se escapa del patrón habitual, el especialista suele pedir análisis de sangre y, en algunos casos, estudios específicos para descartar estas patologías.
Señales de alerta para no postergar la consulta
Señales de alerta para no postergar la consulta
- Una llaga que no cicatriza después de dos o tres semanas.
- Aumento de tamaño o cambio en la forma de la lesión.
- Aparición frecuente de nuevas aftas, en especial varias a la vez.
- Dolor intenso que impide comer, hablar o dormir.
- Fiebre, decaimiento o síntomas generales asociados.
- Lesiones que se extienden hacia los labios externos o la garganta.
Como me dijo una médica clínica del Hospital Álvarez con quien pude conversar esta semana, mientras ordenaba unos estudios en su consultorio del primer piso, con la ventana abierta a un patio interno lleno de plantas: uno no tiene que asustarse con una sola afta, pero tampoco acostumbrarse a convivir con ellas durante meses, porque a veces la boca es la primera en avisar lo que está pasando en otra parte del cuerpo. Y esa frase, me parece, es la mejor manera de cerrar esta nota: prestar atención a las señales que da la boca es, muchas veces, empezar a cuidarse a tiempo.
