Adiós al que no dejaba que se bajaran del colectivo: se fue Marcos Farías, el hombre que armó orquestas en el patio del cuarteto
Productor, mánager y dueño de Radio Máxima, murió a los 58 años después de pelear contra un cáncer de hígado y de páncreas. Su firma aparece en la historia grande de Ulises Bueno, Damián Córdoba, Q'Lokura y Eugenio Quevedo, y también en la mesa de los vecinos de Córdoba que recibían una silla de ruedas o un bastón cuando los necesitaban.
Volvió a sonar el bombo en el patio de la Radio Máxima, pero esta vez no para abrir la baile del sábado: era el retumbe de un pueblo que se quedó mudo. Se nos fue Marcos Farías, el productor que durante dos décadas tuvo la paciencia y la locura necesaria para pararse adelante de un pibe que se quería bajar del colectivo en Tucumán, vender pantalones de jean y olvidarse para siempre del escenario. Lo bajó, le dijo que no, le prometió una orquesta nueva. Y cumplió.
Un tipo que veía futuro donde otros veían un garage
Farías tenía 58 años y peleaba contra un cáncer de hígado y de páncreas que en los últimos meses se había complicado. Según quienes lo rodeaban, los días previos habían traído incluso algunas señales de mejoría, una de esas noticias que los familiares comparten bajito en el pasillo del sanatorio. Pero el cuadro se deterioró de golpe y se terminó. Lo que queda es su historia, que es la historia misma del cuarteto cordobés de los últimos veinte años.
“Él descubrió a Damián Córdoba. Él descubrió a Ulises Bueno cuando se estaba yendo a vender pantalones de jean a Tucumán. Lo bajó del colectivo y le dijo: No, yo te voy a hacer una orquesta nueva. Bajate, bajate. Ya vas a ver lo que voy a lograr con Ulises Bueno.”César Tapia, periodista y figura de Radio Máxima
César Tapia, que durante años fue la voz de la radio que Farías dirigía, lo conoce de memoria. Lo describe con una frase que a mí, que vengo de estos pagos, me suena a la cosa más cierta que se pueda decir de un hombre así: era el que veía potencial donde otros no se animaban. Y eso, en un género donde sobra talento pero falta quien banque las primeras cuatro o cinco temporadas, vale oro.
Los nombres que llevan la firma de Marcos
- Damián Córdoba, al que descubrió antes de que se transformara en fenómeno de los bailantas.
- Ulises Bueno, el pibe del colectivo tucumano, al que le armó una orquesta de cero cuando todos daban por hecho que se iba.
- Q'Lokura, el proyecto que fue Chipote y al que sostuvo siete años, cuando todavía no pinchaba, hasta convertirlo en éxito nacional.
- La Banda de Carlitos, otra de las apuestas que llevó adelante con la paciencia del que sabe que el pueblo lleva su tiempo.
- Eugenio Quevedo, con quien construyó una relación casi de padre y productor, que terminó en el Movistar Arena.
- Va Como Loco, la orquesta en crecimiento que se quedó sin su principal impulso.
De Quevedo, Tapia contó una frase que a mí me dio vuelta la cabeza, de esas que uno se imagina diciéndole a un nieto en el patio de casa: Quiero entrar con vos al Movistar Arena, quiero entrar con vos, llévame vos. Y el periodista remata: es uno de los tipos que puede decir Eugenio Quevedo que lo que lo creó fue Marcos Farías. Cuando un cantante te dice algo así, en serio, no hay premios ni diplomas que valgan lo mismo.
La radio como una mesa de barrio
Pero a mí me gusta detenerme en lo otro que hizo Farías, en esa parte que no sale en las tapas de las revistas de espectáculo. Me lo contaba mi abuela, que es cordobesa de ley y sabe bien cómo se mide a un hombre en estos pagos: no por la plata que junta, sino por la silla de ruedas que le consigue al vecino. La Radio Máxima, bajo su dirección, funcionaba como una especie de mesa de barrio amplificada: se juntaban remedios, se juntaban sillas de ruedas y bastones, y se repartían entre la gente que los necesitaba. Esa parte de la historia, para mí, es la que más duele hoy y la que más hay que contar.
Yo lo ubico a Farías en esa línea de productores que no inventaron un género de la nada, pero sin los cuales el género no sería lo que es. El cuarteto de Córdoba es una fiesta que se arma entre todos, desde el baterista de barrio hasta el que maneja el boliche, y este hombre entendió eso desde el primer día. Por eso se bancó años de números en rojo con Chipote, por eso bajó a Ulises del colectivo, por eso le aguantó la mano a Eugenio hasta el Movistar Arena.
Me queda la imagen del patio, el bombo, y la recomendación de siempre: este finde, cuando se armela peña, levanten una copa por Marcos Farías, que supo ver a los pibes antes de que el resto los viera. Que en paz descanse el que armó orquestas donde solo había un garage y una ilusión.
