Zoey y la música que dice lo que nadie se anima: dos temporadas para dejarse llevar por la playlist
La serie que convirtió las emociones en canciones: repasamos una propuesta que mezcla comedia romántica, fantasía y vínculos familiares con un repertorio que incluye a The Beatles, Queen, Cyndi Lauper, Taylor Swift, Billy Joel y David Bowie.
Me crucé con La extraordinaria playlist de Zoey una noche de esas en las que uno termina haciendo zapping sin rumbo, y la dejé sonando de fondo mientras cebaba un mate. Permaneció en pantalla más de lo que acostumbro, y eso ya dice bastante: cuando una serie te atrapa sin proponérselo, algo está haciendo bien. La propuesta es de esas raras, de las que uno no termina de saber cómo recomendar: una comedia romántica con pizca de fantasía, atravesada por números musicales que no son decorado, sino el corazón mismo del relato.
La historia sigue a Zoey Clarke, una chica cuya vida cotidiana se trastoca después de un acontecimiento extraño. A partir de ahí empieza a percibir los sentimientos más profundos de quienes la rodean como si fueran canciones. La habilidad alcanza a sus amigos, a sus compañeros de trabajo y a sus seres queridos, lo que modifica distintos aspectos de sus relaciones. Esa capacidad para entrar en la intimidad ajena viene con dificultades incluidas, porque no siempre uno está preparado para escuchar lo que los otros callan.
Un repertorio que cruza décadas y emociones
- The Beatles, con clásicos que sobreviven a cualquier generación y le ponen marco a las escenas más emotivas.
- Queen, con arreglos que levantan cualquier número y le dan vuelo a los momentos corales.
- Cyndi Lauper, presente en los picos de alegría y en las crisis de identidad más genuinas.
- Taylor Swift, reclutada para los enredos sentimentales y las amistades que se reacomodan.
- Billy Joel, elegido para los climas introspectivos y las decisiones que pesan.
- David Bowie, reservado para los giros inesperados y las postales más llamativas de la serie.
Lo que me gusta de la serie, y lo aclaro porque uno a veces se deja llevar por el entusiasmo del primer capítulo, es que las canciones no aparecen de prepo: están interpretadas dentro de la historia y funcionan como vehículo para conocer deseos, inseguridades o preocupaciones que permanecen ocultos durante las conversaciones. Una charla habitual puede dar paso a una revelación incómoda, mientras que un encuentro con alguien cercano puede mostrarle a Zoey aquello que esa persona no consigue expresar con palabras. Saber qué siente otro no le ofrece una respuesta automática sobre cómo ayudarlo, y ahí aparece la parte más humana del relato.
“Las canciones conectan los distintos vínculos de Zoey y hacen avanzar una historia que alterna humor, romance y conflictos personales, sin necesidad de estirarse más allá de lo necesario.”Ignacio Sayago, Cultura y folclore
La trama familiar adquiere peso a medida que avanza la historia. Junto con los romances y la amistad aparecen el temor a perder a alguien y las dificultades para acompañar a quienes atraviesan situaciones dolorosas. Mi vieja, que de series musicales sabe bastante, suele repetir que las mejores historias son las que no te regalan las respuestas: te las cantan, y vos las terminás de armar sentado en el sillón. La serie se queda en dos temporadas, y eso, lejos de ser una queja, termina siendo un alivio: hay propuestas que se despiden a tiempo y dejan al espectador con ganas de volver, no de zappingear el final.
Para quienes todavía dudan, vale la pena darle una oportunidad: está al alcance de la mano en plataformas de streaming y se banca un maratón de fin de semana. Y ya que estamos, arrimen a la peña del sábado: si alguno la vio, tenemos tema de conversación asegurada. ¿Qué lugar le dan a las canciones cuando eligen una serie? Me intriga saberlo.
