Viajes cortos y repetidos: el motor inesperado del bienestar cotidiano según un estudio australiano
Una investigación de la Universidad de Sunshine Coast siguió a más de 1.200 turistas australianos entre 2020 y 2023 y concluyó que las escapadas breves y cercanas al hogar pueden mejorar la satisfacción con la vida, sobre todo en quienes tienen más dificultades para sobrellevar situaciones adversas. Los autores sugieren que el efecto depende más de la frecuencia que del destino o la duración.
Lo conocí a Enrique una tarde cualquiera en el barrio de La Boca, mientras esperaba el colectivo en una de esas paradas que suelen tener más paciencia que apuro. Me contó, con esa mezcla de orgullo y cansancio que tienen los vecinos del sur porteño, que cada dos o tres semanas se toma un micro a alguna localidad cercana de la Costa y que esa costumbre le cambió el ánimo sin que él supiera bien por qué. Cuando le pregunté si era por el mar o por el paisaje, me miró como si la pregunta fuera rara y me dijo algo que después me pareció una síntesis perfecta de lo que cuenta un estudio reciente: a mí me alcanza con saber que el viernes a la noche ya estoy en otro lado. Esa frase, que parece de experiencia más que de academia, es prácticamente la hipótesis central de un trabajo que acaba de difundirse desde la Universidad de Sunshine Coast, en Australia, y que pone en cuestión la idea de que para mejorar el bienestar hace falta un viaje largo, caro o lejos de casa.
El estudio, encabezado por el profesor asociado Rory Mulcahy, siguió a más de 1.200 turistas australianos en tres relevamientos realizados entre 2020 y 2023, con el objetivo de medir la relación entre la frecuencia de los viajes recreativos, la felicidad declarada, la capacidad de sobrellevar situaciones adversas y la satisfacción general con la vida. La novedad no está tanto en decir que viajar hace bien, algo que la psicología del ocio repite hace décadas, sino en subrayar que las salidas cortas y cercanas, incluso las de apenas un fin de semana, también pueden formar parte de la rueda del bienestar si se repiten con cierta regularidad. Para los investigadores, lo importante no sería tanto a dónde se va ni cuántos días dura cada escapada, sino cuántas veces al año una persona logra cortar la rutina y exponer cuerpo y cabeza a escenarios distintos a los habituales, una idea que se condice con lo que intuyentemente practican personas como mi vecino de La Boca.
Quiénes se benefician más y por qué
El dato más interesante, y el más humano del trabajo, es que los beneficios no se reparten en partes iguales. Según el equipo de Mulcahy, quienes se perciben a sí mismos como más vulnerables o con menos recursos para atravesar momentos difíciles son los que muestran mayores mejoras, mientras que las personas que ya cuentan con herramientas moderadas o altas de afrontamiento experimentan cambios mucho más modestos. Esta diferencia sugiere que las escapadas frecuentes funcionarían como una especie de gimnasio emocional para quienes tienen menos entrenada la resiliencia: cada salida corta, con sus pequeños desafíos logísticos y sociales, ampliaría el abanico de respuestas posibles.
Los autores del estudio se apoyan en una teoría clásica de la psicología positiva para explicar el fenómeno: las emociones agradables tienden a ampliar el repertorio de pensamiento y acción de una persona y, con el tiempo, ayudan a construir recursos internos duraderos. Aplicado al turismo, el razonamiento sería que conocer lugares nuevos, acercarse a otras costumbres o simplemente participar de actividades placenteras ofrece una oportunidad concreta para que ese proceso ocurra. Es una mirada que vuelve a poner en valor a las viejas vacaciones de fin de semana largo, a las visitas a pueblos cercanos y hasta a esas escapadas de un día a una reserva natural que muchos argentinos suelen hacer sin darle demasiada importancia.
Ideas prácticas que dejaron los autores y sus límites
Como derivación concreta, Mulcahy y su equipo sugirieron diseñar experiencias turísticas con apoyos que faciliten la participación de personas menos acostumbradas a viajar, por ejemplo mediante visitas guiadas, traslados organizados y actividades al aire libre adaptadas a principiantes. Entre los ejemplos que mencionaron figuran el senderismo de baja exigencia, el kayak recreativo y la escalada en niveles introductorios, propuestas que requieren poca inversión económica, están al alcance de muchas localidades del interior del país y se pueden repetir con cierta frecuencia sin necesidad de tomarse vacaciones en el trabajo.
- La frecuencia de las escapadas parece pesar más que la duración o la distancia recorrida.
- Los beneficios son mayores en personas con menos herramientas de afrontamiento emocional.
- La mejora observada puede mantenerse más allá de los días de viaje, al menos en parte.
- Los autores recomiendan experiencias guiadas y adaptadas para incluir a turistas con menos práctica.
- Todas las conclusiones provienen de turistas australianos y de un período marcado por restricciones pandémicas, por lo que aún falta replicar el estudio en otros países.
- En la Argentina, las escapadas a localidades cercanas son una tradición de fin de semana largo que podría investigarse con una metodología similar.
Antes de tirar laprimera piedra sobre las generalizaciones, conviene recordar que el estudio tiene un perímetro claro: todos los participantes eran australianos y el período analizado estuvo atravesado por las restricciones de la pandemia, lo que pudo haber modificado tanto la frecuencia como la intensidad de los viajes. Investigadores ajenos al trabajo coinciden en que hacen falta nuevas investigaciones en otros países y con poblaciones distintas antes de poder afirmar que el hallazgo se repite en la Argentina, en Chile o en cualquier punto de América Latina, donde los hábitos turísticos, la geografía y las posibilidades económicas son muy diferentes a las de Australia. Aun así, la idea de fondo es auspiciosa para cualquiera que sienta que un cambio de aire no necesita ni un pasaje al exterior ni dos semanas de licencia: a veces alcanza con subirse a un micro un viernes a la noche, como hacía Enrique en La Boca, para volver el domingo con la cabeza un poco más liviana y la semana un poco más corta.
“Conocer lugares, acercarse a otras culturas y participar en actividades placenteras ofrece oportunidades para desarrollar recursos personales duraderos”Rory Mulcahy, profesor asociado de la Universidad de Sunshine Coast
