Un estudio en más de 157 mil gatos alerta sobre un parásito intestinal con potencial salto a las personas
Una investigación publicada en PLOS One revisó muestras de Estados Unidos y Canadá y encontró que el 6,3 % de los animales estudiados portaba Giardia duodenalis. Los expertos remarcan la importancia de la consulta veterinaria y de mantener pautas de higiene en el hogar.
Me lo venía anotando hace rato y ahora me decidí a contárselo: el otro día, mientras revisaba el correo con el café de la mañana, me topé con un trabajo publicado en la revista PLOS One que me dejó pensando un buen rato. Lo firmo como Griselda Villavicencio, desde esta sección de Sociedad y salud, porque lo que cuenta tiene más impacto en la vida cotidiana de las familias de lo que uno imagina a primera vista.
La investigación repasó 157.616 muestras fecales de gatos domésticos que llegaron a un laboratorio comercial de referencia entre marzo de 2022 y agosto de 2024, provenientes de 49 estados de Estados Unidos y cinco provincias de Canadá. En ese universo, detectaron la presencia del protozoo intestinal Giardia duodenalis en el 6,3 % de los animales analizados. Se trata de un parásito conocido, sí, pero al que pocas veces se le presta la atención que merece en la clínica diaria de los felinos.
Qué dicen los resultados
De los casi diez mil gatos que dieron positivo, 1.840 -el 18,5 %- portaban los ensamblajes genéticos conocidos como A y B, que son justamente los que pueden infectar tanto a personas como a otros mamíferos. El resto de los animales infectados concentraba, en su mayoría, el ensamblaje F, que tiene una afinidad mucho más marcada por los felinos y, por lo tanto, menor riesgo de salto interespecies.
La diferencia por edad me parece uno de los datos más elocuentes del trabajo. Los gatos menores de un año casi triplican la tasa de infección respecto de los adultos, algo que, como me explicaba con paciencia la veterinaria Lorena Romero, especialista en parasitología y docente de la Facultad de Ciencias Veterinarias, suele vincularse con dos cosas: por un lado, los gatitos conviven en criaderos, refugios o camadas donde comparten agua, comederos y bandejas; por el otro, su sistema inmunitario todavía está madurando, lo que los hace más permeables a este tipo de invasores intestinales.
El mecanismo de transmisión es bastante conocido y vale la pena recordarlo. El parásito elimina quistes -una especie de cápsulas resistentes- junto con la materia fecal, y esos quistes pueden sobrevivir un tiempo prolongado en el ambiente. Lo que sigue es simple: agua contaminada, alimentos que tomaron contacto con esas heces, superficies o incluso las manos de quien acaricia al animal funcionan como puente. Romero me insiste en que la sola presencia del parásito en un gato no significa que vaya a haber contagio hacia las personas del hogar, pero sí que el animal necesita una evaluación profesional sin demoras.
Qué mirar en casa
La giardiasis puede dar diarrea, dolor de panza, vómitos y pérdida de peso, pero la trampa está en que tanto gatos como personas pueden ser portadores asintomáticos. En los felinos, las señales a seguir de cerca son heces blandas o líquidas, abdomen distendido, cambios en el apetito y un nivel de actividad menor al habitual. Ninguno de estos signos confirma por sí solo la presencia de Giardia, pero sí justifica una consulta.
El diagnóstico se hace con un examen coproparasitario o, cuando se busca precisión, con técnicas moleculares como la PCR, que detecta el ADN del parásito en la materia fecal. Y acá va el consejo práctico que más repito en casa y que Romero me repitió hasta el cansancio: lavarse las manos después de limpiar la bandeja, mantener al día los controles veterinarios y evitar que el gato tenga acceso a agua que pueda estar contaminada. Esas tres pautas, tan simples como parecen, son la mejor barrera que tenemos en el hogar.
“El gato es parte de la familia y, como tal, su salud intestinal también nos involucra. Un diagnóstico temprano y buenos hábitos de higiene son la diferencia entre convivir tranquilos o exponerse sin saberlo.”Lorena Romero, especialista en parasitología y docente de la Facultad de Ciencias Veterinarias
