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Sábado, 3 de octubre de 2026
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Tocar un instrumento en la infancia: lo que dice un nuevo estudio de chico y lo que no dice

Un trabajo de Northeastern con 76 chicos de 7 a 9 años mostró mejores resultados cognitivos y escolares entre quienes practicaban música. Los propios investigadores aclaran que no se puede afirmar que las clases sean la causa, y que el costo de aprender puede ser una barrera.

Por Griselda VillavicencioSociedad y salud · · hace 2 h
Tocar un instrumento en la infancia: lo que dice un nuevo estudio de chico y lo que no dice

Me llamo Griselda, vivo en el barrio de Villa Devoto, y arranqué esta nota una mañana de esas en las que uno se cruza con el dato justo para repensar lo que repite siempre. Esta vez llegó desde Boston, de la Universidad Northeastern, y pone sobre la mesa una pregunta que muchas familias se hacen cuando van caminando con él por la calle y eligen si anotarlo en la escuela de música de la esquina o dejarlo seguir con la pelota los domingos: que les entra por los ojos cuando uno piensa que aprender a tocar un instrumento puede cambiar algo en la cabeza de un chico. Lo que la investigación encontró es tentador, y por eso vale la pena leerlo con calma y con los mismos recaudos con los que uno mira un prospecto de medicamento antes de guardarlo en el cajón de la cocina.

El estudio reunió a 76 chicos de entre 7 y 9 años y los separó en dos grupos que se parecían bastante en edad, en sexo y en nivel socioeconómico. La mitad tocaba algún instrumento, sobre todo piano y cuerdas, y le dedicaba al menos 30 minutos semanales a la práctica; la otra mitad no tocaba. A todos les tomaron pruebas de memoria de trabajo, razonamiento, vocabulario y aprendizaje visual y auditivo, y también evaluaciones escolares de lectura, escritura y matemáticas. En casi todas, los que tocaban un instrumento sacaron mejores puntajes.

Qué habilidades se entrenan cuando se toca

La investigadora Psyche Loui, profesora de música de Northeastern, vinculó esa ventaja con las funciones ejecutivas, ese conjunto de capacidades que permiten planificar, sostener la atención, controlar los impulsos y adaptarse a lo que va cambiando. Tocar un instrumento, según describió, obliga a leer la partitura, mantener el ritmo y coordinar los movimientos al mismo tiempo, y eso ejercita justo esas funciones ejecutivas. La educadora musical Anita Collins agregó que aprender un instrumento pone en juego la escucha afinada, la planificación a varios pasos y la autorregulación, que es esa capacidad de frenarse un poco cuando uno tiene ganas de acelerar de más.

  • Los que tocaban un instrumento sacaron mejores resultados en memoria de trabajo, razonamiento, vocabulario y aprendizaje visual y auditivo que los que no tocaban.
  • En lectura, escritura y matemáticas, los chicos con formación musical también rindieron mejor, sobre todo en comprensión lectora, ortografía y reconocimiento de palabras.
  • En las resonancias que se les hicieron a 50 participantes apareció una diferencia en una vía cerebral que conecta regiones asociadas con la audición, el lenguaje y el movimiento.

Ahora bien, y acá viene el llamado de atención que los propios investigadores se encargaron de hacer público, el trabajo no demostró que aprender a tocar sea la causa directa de esas diferencias. Los chicos no fueron asignados al azar a recibir clases o no; las familias que ofrecen formación musical también suelen facilitar otro tipo de experiencias educativas, y aunque compararon condiciones parecidas, eso no descarta que haya otros factores de fondo explicando parte del resultado.

A eso se suma un punto que los autores no dejaron pasar: el costo de la formación musical puede ser una barrera seria para muchas familias. Un instrumento, las clases regulares, el traslado y el tiempo de práctica que demanda un chico de esa edad no son exactamente una erogación menor, y eso significa que si la música termina ayudando al aprendizaje, no todos los chicos tienen la misma puerta de entrada.

Para los padres que estén evaluando anotarlos, el dato es interesante pero no decisivo, y vale la pena leerlo así: tocar puede ser una herramienta más para acompañar el aprendizaje, y los chicos que ya están tocando suelen aprovechar mejor varias de esas pruebas, como me lo dejó dicho entre líneas Psyche Loui cuando aclaró que las funciones ejecutivas se entrenan con la práctica sostenida y con la exigencia de atender muchas tareas al mismo tiempo.

GV
Griselda VillavicencioSociedad y salud

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