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Neuquén: aparecieron remedios vencidos en la calle y el municipio salió a explicar adónde hay que llevarlos de verdad

Tras encontrar fármacos mezclados con la basura en dos esquinas céntricas, la comuna reforzó la campaña sobre el programa gratuito de recolección en farmacias y describió el recorrido que sigue cada caja hasta su destrucción final.

Por Griselda VillavicencioSociedad y salud · 23 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Me llamo Griselda y vivo en el barrio Alto Comahue, así que cuando me topé con la imagen de los contenedores rojos repletos de cajitas y blísters sueltos en pleno centro de Neuquén no pude menos que pensar en la cantidad de veces que en mi propia cocina uno abre el botiquín y se topa con esa caja de jarabe o con aquel sobre que ya nadie sabe para qué era. La escena, según me contaron, fue descubierta por personal de Residuos Especiales en las intersecciones de San Martín con Chubut y de San Martín con Río Negro, pleno corazón cívico de la capital neuquina, y lo que empezó como una recorrida de rutina terminó convirtiéndose en una pequeña causa que terminó en la Subsecretaría de Ambiente, Naturaleza y Protección de la comuna.

La primera aclaración que me parece importante compartir, porque es la que más me consultan los vecinos cada vez que escribo sobre el tema, es bien concreta: tirar los medicamentos vencidos a la bolsa de residuos domiciliarios o dejarlos en un tacho de la calle, como se vio en este episodio, está lejos de ser una opción razonable, y la razón no es moral sino básicamente práctica, ya que ese camino termina exponiendo al producto a cualquier persona que pase por el lugar, en especial a los chicos que suelen ir a la escuela o al kiosco y a los perros callejeros que revuelven las bolsas a la madrugada. Lo dijo de manera muy didáctica el titular del área municipal de Residuos Especiales, que insistió en que la clave es entender que un blíster suelto en un contenedor no es un descuido menor sino un riesgo concreto de intoxicación accidental y, al mismo tiempo, un foco de contaminación que termina en el suelo o en el agua si nadie lo intercepta a tiempo.

El circuito que sí funciona y que casi nadie aprovecha

Lo que me tranquiliza como vecina y como cronista es que Neuquén tiene hace rato un mecanismo previsto para esto, que es el programa municipal de Recolección Segura de Medicamentos Vencidos, una idea sencilla pero que sigue sonando desconocida para una buena parte de la población, y que en la práctica funciona así: uno junta en una bolsa o en un sobre los remedios que ya no usa o que están pasada su fecha de vencimiento, se acerca a cualquiera de las farmacias adheridas al sistema y los deposita, sin pagar nada, en unos recipientes rojos especialmente identificados que nada tienen que ver con los tachos comunes. La persona encargada de la farmacia se ocupa de que ese contenido siga el camino correspondiente, y a partir de ahí el municipio se hace cargo del resto del proceso, con un retiro periódico y un transporte diferenciado del de los residuos domiciliarios, algo que parece menor pero que en realidad es lo que garantiza que esos productos no terminen en un relleno sanitario mezclados con cáscaras de naranja y pañales.

  • Juntar los medicamentos vencidos o que ya no se utilizan en el domicilio, idealmente en sus envases originales para conservar el rótulo y la fecha de caducidad.
  • Llevarlos a cualquiera de las farmacias adheridas al programa municipal de Recolección Segura de Medicamentos Vencidos.
  • Depositarlos en los contenedores rojos especialmente destinados a ese fin, sin costo ni trámite alguno.
  • Nunca arrojarlos a la bolsa de basura común, ni a contenedores o tachos de la vía pública, ni al sistema cloacal.
  • Enseñar el procedimiento a toda la familia, sobre todo a chicos y adolescentes, para evitar la ingesta accidental.

Qué pasó con los medicamentos encontrados en la calle

La cuestión puntual que dio pie a esta movida informativa fue, como me la reconstruyeron los propios protagonistas, una inspección del área de Residuos Especiales que se topó con esos productos farmacéuticos mezclados con residuos comunes en pleno centro neuquino, una postal que suele repetirse en distintas ciudades del país y que nunca deja de generar cierto malestar entre los vecinos porque uno se imagina quién los dejó allí y por qué decidió no tomarse el trabajo de caminarlos hasta la farmacia más cercana. La respuesta operativa fue bastante rápida: personal de la Subsecretaría de Ambiente, Naturaleza y Protección, junto con operarios de la empresa Baasa, retiró manualmente los medicamentos de los tachos y los embaló en condiciones seguras para trasladarlos fuera del circuito de los residuos urbanos, ya que la normativa los encuadra como residuos patógenos por su potencialidad tóxica, lo que implica un tratamiento diferenciado y, como instancia final, una incineración en un horno pirolítico, una tecnología que permite destruir los principios activos sin que vuelvan al ambiente ni al agua.

“«Pedimos a los vecinos que no descarten medicamentos vencidos en la vía pública ni en la basura domiciliaria, y que aprovechen las farmacias adheridas al programa, donde la entrega es gratuita y los productos reciben el tratamiento adecuado como residuos patógenos», resumió el responsable de Residuos Especiales de la Municipalidad de Neuquén, y agregó: «Dejar blísters sueltos en un tacho puede parecer un detalle, pero es una puerta abierta a una intoxicación accidental, sobre todo en los chicos que suelen jugar en las veredas.»”Subsecretaría de Ambiente, Naturaleza y Protección de la Municipalidad de Neuquén

Ahora bien, más allá del caso puntual y del operativo que derivó en la quema controlada de los productos recuperados, lo que me parece quedarse es la pregunta de fondo que sobrevuela toda esta historia, porque en casa, con dos botiquines a cuestas entre el baño y la cocina, uno termina acumulando de todo: el antibiótico que sobró de aquella gripe, el antitérmico que compramos por las dudas para los chicos, las pastillas para la presión que ya casi no toma nadie porque se las cambió el médico de cabecera. Saber que existe un tacho rojo específico, atendido por una farmacia y sostenido por un programa municipal gratuito, cambia bastante la lógica con la que uno convive con el botiquín, y por eso me parece razonable volver a recordarlo cada vez que aparece la noticia, no para alarmar sino para que dejemos de naturalizar lo que en realidad es un riesgo evitable, y eso, en tiempos donde las intoxicaciones por medicamentos caseros ocupan páginas completas de los diarios, no es un detalle menor sino una pequeña política de cuidado que empieza en la bolsa del super y termina en ese recipiente rojo que, sin hacer ruido, se ocupa de lo que ya no sirve para curar pero todavía puede hacer mucho daño si queda dando vueltas por ahí.

GV
Griselda VillavicencioSociedad y salud

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