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Viernes, 9 de octubre de 2026
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Martín Bossi se saca el traje de imitador y se pone seis caras distintas para enamorar en una serie

En "Amores inesperados", el actor se anima a seis personajes muy diferentes, escritos y dirigidos por Marcos Carnevale, que llegan a Disney+ después de cuatro años guardados. Una charla a fondo sobre incomodarse, sobre dejar de "actuar" y sobre por qué eligió el amor como hilo conductor.

Por Ignacio SayagoCultura y folclore · · hace 1 h
Martín Bossi se saca el traje de imitador y se pone seis caras distintas para enamorar en una serie

A mí me gusta empezar las notas escuchando el repique del bombo, ese redoblante grave que parece venir desde el fondo de un patio de barrio donde todavía se hace rueda para ensayar. Y este lunes, mientras escribo esta nota, el bombo me lo imagino sonando para Martín Bossi, que después de décadas de sacarse de la galera a un montón de personajes humorísticos ahora vuelve a la pantalla chica con seis personajes de verdad, uno por episodio, y todos unidos por el amor. La serie se llama "Amores inesperados", la escribió y la dirigió Marcos Carnevale, se filmó hace cuatro años y, ahora sí, llega a Disney+ para que uno la vea sentado en el sillón de la casa, con el mate al lado, como se miran las cosas importantes.

Seis caras, un solo actor y un elenco de lujo

Lo que cuenta la serie, en criollo, es esto: Bossi se pone en la piel de un ladrón, de un enfermero, de un mozo, de un empleado de peaje, de un profesor de tenis y de un hombre encerrado en un departamento durante las fiestas. Son seis capítulos independientes, cada uno con su propia forma de enamorar: el amor obsesivo, el imposible, el no correspondido, el sorprendente y el temido. El elenco que lo rodea es de esos que a uno le iluminan la noche: Betiana Blum, Osvaldo Santoro, Patricia Palmer, Eleonora Wexler, Jorgelina Aruzzi, Julieta Cardinali, Lula Rosenthal y Karina Hernández, entre otros. Ver a esa troupe de actrices y actores curtidos a Bossi en cada historia es, ya de arranque, una garantía.

“Soy un pésimo actor. Soy muy mal actor porque no sé actuar. Yo 'soy' esos personajes.”Martín Bossi

Esa frase, que el propio Bossi repite con una sonrisa que le conozco de verlo en los escenarios porteños, resume un poco el corazón del asunto. Porque el Bossi que uno tiene en la cabeza, el de las imitaciones y las caracterizaciones en el teatro, el que se metió en la piel de Sandro, de Moria, de Susana y de tantos otros, ahora se anima a algo distinto: a construir personajes desde cero, con psicología propia, con una voz que no le pertenece y hasta con una corporalidad que tampoco es la suya de siempre.

El método, los profesores que lo cuestionaron y la frase de Graciela Borges

Yo lo escucho a Bossi y me acuerdo de lo que me decía un viejo guitarrista de Boedo, un señor ya jubilado al que todos en el barrio llamábamos "el abuelo Chiche": para tocar bien, primero hay que incomodarse. Y a Bossi parece que le pasó algo parecido. Según contó, sus propios profesores de teatro le marcaron que su método de meterse "adentro" del personaje es excesivo, casi preocupante. Él, lejos de asustarse, lo tomó como bandera. Y en este proyecto, confiesa, se obligó a llevarlo hasta las últimas consecuencias. "Enano, no tenés que estar cómodo, un actor que está cómodo más de dos veces seguidas me preocupa", le dijo una vez Graciela Borges, y Bossi tomó esa frase como un manual de cabecera para filmar capítulo por capítulo, episodio por episodio, aguantando la carga emocional de los más dramáticos durante semanas enteras.

El rodaje, me imagino, fue de esos que desgastan. Los tres capítulos de tono más cómico, los del ladrón, el del peaje y el del profesor de tenis, habrán sido los más llevaderos para descomprimir entre toma y toma. Pero los dramas más densos, esos donde el amor duele de verdad, le exigieron una preparación sostenida que, según sus propias palabras, le permitió explorar registros que hasta ahora había dejado guardados en un cajón.

Por qué eligió el amor como bandera y no el suspenso

Hay algo que a mí, como cronista de la cultura de aquí y de allá, me llama la atención: Bossi eligió hablar de amor en tiempos donde las plataformas se llenan de violencia y de suspenso. Lo dijo sin vueltas: "Es como un respiro". Y agregó un dato que a los que vamos a las peñas nos alegra el corazón: su próximo espectáculo teatral también va a caminar por esos mismos pagos del corazón. Así que ya tenemos una excusa para ir a buscar entradas en la boletería del teatro de la calle Corrientes o del que nos toque cerca.

  • Ladrón: el amor obsesivo, con la tensión de quien cruza un límite que no debería.
  • Enfermero: el imposible, de esos que a uno le dejan un nudo en la garganta.
  • Mozo: el no correspondido, clásico de café de esquina y de confidencias a las seis de la tarde.
  • Empleado de peaje: el sorprendente, con ese humor nuestro de cada día en la cabina.
  • Profesor de tenis: el cómico liviano, para distender el alma.
  • Hombre encerrado en las fiestas: el amor temido, el que asusta porque llega cuando uno menos lo espera.

Yo te dejo la invitación que siempre pongo al final de estas notas, la que me sale de gaucho viejo y de periodista de barrio: andate este fin de semana a la peña, pedite un vinito, convidá al que tengas al lado y, si te cruza un Bossi por ahí, contale que lo vimos. Y si querés arrancar por las nubes con esta serie, tomátela con un café, en silencio, como se miran las cosas cuando uno se sienta a escuchar el bombo desde lejos.

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Ignacio SayagoCultura y folclore

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