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Lo que comemos, lo que sentimos y lo que le hacemos al intestino: por qué las molestias que se repiten merecen una consulta

La dietista Jenna Volpe y la gastroenteróloga Asma Khapra coinciden en que la variedad en el plato, el uso criterioso de los antibióticos y el manejo del estrés son pilares del cuidado digestivo, pero aclaran que nada de eso reemplaza la evaluación profesional cuando los síntomas persisten.

Por Griselda VillavicencioSociedad y salud · 27 de septiembre de 2026 · hace 46 min

Volví a encontrarme con Mar del Plata a través de un grupo de WhatsApp de vecinas de Punta Mogotes que hablan, como yo, de hinchazón, gases y ese dolor sordo que aparece después de comer. La conversación de las últimas semanas giró alrededor de un tema que en mi familia tratamos como si fuera un secreto: lo que nos pasa en la panza. Por eso llamé a la nutricionista clínica Marcie Vaske, que me respondió desde su consultorio con una frase directa: convivir con gases, hinchazón, reflujo o cambios persistentes en las evacuaciones no debería volverse una costumbre. Cuando esas molestias se prolongan, insistió, hay que sentarse frente a un profesional para entender qué las sostiene, porque pueden estar vinculadas a intolerancias, a una enfermedad digestiva o a una alteración de la microbiota, entre otras causas que ningún consejo genérico alcanza a resolver.

El primer mandamiento: variar lo que se come

Para el cuidado cotidiano, una de las claves está en la variedad. La fibra alimenta a buena parte de los microorganismos intestinales y se la encuentra en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales. La Organización Mundial de la Salud recomienda incluir estos grupos de alimentos y llegar a un consumo diario de, como mínimo, cuatrocientos gramos de frutas y verduras. La dietista Jenna Volpe, a quien consulté por su experiencia clínica, me explicó que cuando se repiten pocas comidas y predominan los ultraprocesados, esa diversidad se reduce y la microbiota se modifica, lo que puede favorecer procesos inflamatorios. Los fermentados, como el yogur o el kéfir, pueden formar parte de una dieta variada, pero sumarlos al carrito no sustituye la consulta si las molestias vuelven.

  • Frutas y verduras: la OMS sugiere al menos 400 gramos diarios, combinando colores y tipos.
  • Legumbres y cereales integrales: aportan fibra que alimenta a los microorganismos intestinales.
  • Frutos secos: en porciones pequeñas, suman fibra y grasas saludables.
  • Alimentos fermentados: yogur y kéfir pueden integrarse, sin reemplazar la consulta médica.
  • Antioxidantes y agua: presentes en frutas y verduras, completan el cuidado digestivo.

Antibióticos, estrés y movimiento: los otros tres pilares

El intestino alberga bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que participan en la digestión, en las defensas y en la obtención de energía de los alimentos. Esa composición cambia con el tiempo y, según el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos, la alimentación y los medicamentos están entre los factores que más la modifican. Los antibióticos son necesarios frente a infecciones bacterianas cuando están indicados, pero su uso innecesario puede afectar a microorganismos beneficiosos: la recomendación sanitaria es tomarlos con prescripción médica y completar el tratamiento tal como se indicó.

El funcionamiento digestivo también puede alterarse por el estrés. La gastroenteróloga Asma Khapra me explicó que esa tensión sostenida puede modificar los movimientos que desplazan el contenido del tubo digestivo y aumentar la sensibilidad intestinal. Por eso, dijo, mover el cuerpo integra los hábitos de cuidado: para adultos, la OMS recomienda entre ciento cincuenta y trescientos minutos por semana de actividad física aeróbica moderada, un rango que se puede repartir en caminatas, bicicleta o baile, según lo que cada uno pueda sostener. Cuidar el sueño, hidratarse y pedir ayuda profesional cuando la angustia se vuelve cotidiana son, para Khapra, partes de la misma conversación.

“Cuando las molestias vuelven, la respuesta no es probar otra dieta de moda sino volver al consultorio y revisar qué está pasando adentro.”Asma Khapra, gastroenteróloga
GV
Griselda VillavicencioSociedad y salud

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