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La VTV del amor: cuando la costumbre y el miedo a la soledad sostienen una pareja que hace doler

El psicoanalista y escritor Gabriel Rolón propuso revisar los vínculos de pareja como se revisa un auto, puso el foco en la resignación y en el temor a quedarse solo, y volvió sobre una de sus ideas más conocidas: conseguir lo que se desea no borra del todo la sensación de que algo falta.

Por Griselda VillavicencioSociedad y salud · 17 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Soy Griselda Villavicencio y hace rato que arrastro una pregunta que aparece cada vez más seguido en las consultas de los lectores que me escriben a la sección de Sociedad y salud: cómo se hace para saber si una pareja todavía funciona o si ya se transformó en una costumbre que duele en silencio. La semana pasada, mientras revisaba material para una nota, me crucé con una entrevista que el psicoanalista y escritor Gabriel Rolón le dio a Luis Novaresio y que me ordenó un poco las ideas, porque el especialista eligió una imagen muy concreta para hablar del tema: la llamó, sin vueltas, la VTV del amor, una manera de decir que los vínculos también merecen una revisación periódica antes de que algo se rompa en el camino.

La comparación con la revisión técnica del auto no es un capricho ni un recurso marketinero: apunta directo al corazón del planteo de Rolón, que es la costumbre como anestesia. Desde su perspectiva analítica, hay personas que siguen adelante con una pareja aunque haya dificultades pendientes porque el día a día fue tapando las señales rojas, y hay otras que directamente se resignaron y ya ni se molestan en mirar el tablero. En los dos casos, el sufrimiento aparece, pero se disfraza de normalidad, y por eso la propuesta del psicoanalista es detenerse, aunque sea un rato, a observar qué sostiene esa continuidad y qué lugar ocupa el malestar dentro del vínculo, en lugar de seguir acelerando como si nada pasara.

El miedo a estar solo como motor silencioso

Hay algo que Rolón puso sobre la mesa y que a mí, como periodista que escucha muchas historias, me parece clave para entender por qué tantas relaciones se sostienen cuando ya no deberían: el miedo a la soledad. Para el psicoanalista, la compañía de alguien querido ofrece calma y abrigo, pero eso no borra toda la experiencia de estar solo, ni siquiera en los mejores momentos del vínculo. Lo dijo con una imagen que vale la pena reproducir textual, porque fue él quien la eligió: incluso un abrazo, explicó, puede aliviar lo que una persona siente sin terminar de resolverlo del todo. Esa frase, sencilla, desnuda una trampa muy frecuente: confundir estar acompañado con dejar de sentirse solo, y usar esa confusión como excusa para no revisar nada.

“El deseo te incomoda porque te señala la falta. Se desea lo que no se tiene.”Gabriel Rolón, psicoanalista y escritor

Esa mirada sobre los vínculos se conecta con otra de las ideas fuertes que Rolón desarrolló en la conversación, y que a mí me parece una de las más lúcidas que escuché en los últimos tiempos: la distancia que existe entre alcanzar algo que se deseaba y dejar de sentir que algo falta. Para explicarlo, el psicoanalista tiró ejemplos de lo más variados, desde una necesidad cotidiana cualquiera hasta el anhelo de encontrar una pareja, y también incluyó proyectos y experiencias más grandes como conseguir un trabajo, alcanzar un éxito, leer un libro o tener un hijo. Según su lectura, ninguna de esas búsquedas consigue eliminar de manera definitiva la sensación de vacío, y eso no es un defecto del deseo sino parte de cómo funciona.

Lo que la costumbre y el miedo se llevan puesto

  • La costumbre como anestesia: seguir en una pareja porque el día a día fue tapando las señales rojas.
  • La resignación como modo de vida: ya ni se mira el tablero ni se cuestiona lo que duele.
  • El miedo a estar solo como motor silencioso: confundir estar acompañado con dejar de sentirse solo.
  • El deseo como señal de una falta: conseguir lo buscado no borra del todo la sensación de que algo sigue faltando.
  • La conciencia de que los afectos no son permanentes: convivir con ese límite como parte de la experiencia humana.

Rolón relacionó esa falta persistente con una de las cosas más difíciles de aceptar: la conciencia de que la vida y los afectos no son permanentes, y que por más que uno se esfuerce, nada ni nadie queda blindado para siempre. Desde su rol como psicoanalista y docente que hace años recorre escenarios y universidades contando lo que ve en el consultorio, presentó la convivencia con esos límites no como una derrota sino como una parte constitutiva de la experiencia humana, y esa es quizás la frase que más me quedó dando vueltas, porque aplicada a la pareja deja una pregunta incómoda pero necesaria: cuánto de lo que somos juntos responde a lo que efectivamente queremos y cuánto, en cambio, lo sostenemos por costumbre, por resignación o por el temor más humano de todos, que es el de quedarse a solas con uno mismo.

GV
Griselda VillavicencioSociedad y salud

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