La receta cotidiana que reúne a médicos y pacientes para cuidar la memoria en cada barrio de América latina
En un encuentro en Buenos Aires, especialistas presentaron los resultados del estudio LatAm-FINGERS, que durante dos años siguió a 1.065 adultos mayores de 11 países y comprobó mejoras en la cognición global cuando se articulan alimentación, movimiento, estímulo mental, vínculos sociales y control cardiovascular, con la mirada puesta en cómo sostener esos cambios en cada comunidad.
Cuando María del Carmen, vecina de Villa del Parque, acomodó la bolsa del mercado y le preguntó a su médica clínica cómo hacer para cuidar la memoria de su marido, no imaginaba que la respuesta iba a empezar por el tensiómetro y el glucómetro antes que por los ejercicios de memoria. Esa escena, repetida en consultorios de toda la región, fue uno de los puntos de partida que se discutieron esta semana en un encuentro internacional realizado en Buenos Aires, donde especialistas en neurología analizaron los resultados del estudio LatAm-FINGERS, una iniciativa que durante dos años siguió a 1.065 adultos mayores de 11 países de América latina con el objetivo de evaluar si una estrategia preventiva basada en hábitos saludables podía mejorar las capacidades cognitivas.
A mí me tocó escuchar estas discusiones en primera fila, en una sala donde convergieron investigadores, clínicos y docentes universitarios que vienen trabajando hace años en la frontera entre la neurociencia y la salud pública. Lo que más me llamó la atención, y que vale la pena contar, es que el planteo dejó de lado la búsqueda de una pastilla mágica y se concentró en algo bastante más terrenal: armar una intervención que una la alimentación, el movimiento, la actividad mental, los vínculos sociales y el cuidado cardiovascular, y que pueda sostenerse en contextos tan distintos como San Pablo, Quito o Buenos Aires.
Una estrategia integral para un problema que no admite respuestas simples
La demencia no se previene con un solo hábito, sino con un paquete de medidas que se sostienen en el tiempo. Por eso, los especialistas insisten en que la consulta médica periódica, el control de la presión arterial, la glucosa y el colesterol forman parte del mismo plan que las caminatas por el parque, la lectura, los juegos de mesa o las charlas con los nietos. El cuidado cardiovascular ocupa un lugar central porque la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y otros factores afectan los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro, y de su buen estado depende en gran parte la salud cognitiva.
En ese marco, el ensayo latinoamericano que se presentó en el encuentro reunió a 1.065 personas de entre 60 y 77 años, distribuidas en 11 países, con un seguimiento a dos años. Los participantes fueron divididos en dos modalidades de acompañamiento: una, más estructurada, incluyó actividades organizadas y contacto frecuente con equipos de salud; la otra ofreció recomendaciones para incorporar los hábitos con mayor autonomía. Ambos grupos recibieron orientación preventiva y acceso a controles clínicos.
- El grupo con intervención más estructurada registró una mejora de la cognición global respecto del grupo con acompañamiento más autónomo.
- El 80 por ciento de los participantes tuvo una adhesión moderada o alta al programa, lo que muestra que la estrategia resulta viable en la vida cotidiana.
- El 84,9 por ciento completó la evaluación final, un dato relevante para pensar políticas públicas de prevención a gran escala.
“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS
La frase de la investigadora principal del estudio, recogida en el encuentro, condensa una de las discusiones más ricas que escuché en la jornada. Crivelli, a quien los colegas describen como una neuropsicóloga con fuerte arraigo en la práctica clínica además de una larga trayectoria académica, explicó que las propuestas alimentarias y la organización de las actividades se adaptaron a los recursos y las costumbres de cada comunidad. Eso significa que en algunos lugares la actividad física grupal se hizo en plazas, en otros en clubes de barrio, y que las recomendaciones de alimentación dialogaron con los productos disponibles en ferias locales y con los tiempos de quienes viven solos o en familia.
Por qué estos resultados no son una promesa exagerada
Antes de cerrar, vale una aclaración que los propios investigadores se ocupan de remarcar: registrar mejoras en la cognición global no equivale a decir que una rutina saludable garantiza que se evitará la demencia. El enfoque que se discutió en Buenos Aires se mueve en un terreno más modesto y, a la vez, más honesto, que consiste en sumar pequeñas acciones sostenidas en el tiempo, con el acompañamiento médico adecuado y con la red social como aliada. Y es precisamente esa modestia la que vuelve a esta estrategia interesante para pensar la salud de los mayores en cada barrio, en cada ciudad y en cada país de la región.
