La noche se prende en San Isidro: Mala Fama desembarca en La Paranoli con todo el arte bajo el farol
Hernán Coronel y su banda llegan por primera vez al escenario del Tattersall del Hipódromo, en una velada que combina cumbia villera, cumbia latina del conurbano oeste, DJs y un paseo con food trucks, tarot y arte en vivo.
El primer repique del bombo se siente antes de que arranque la noche, ese golpe grave que va metiéndose en el pecho y que ya todos los que peinamos canas sabemos distinguir: es la señal de que la cumbia villera está volviendo a escena. Esta vez le toca al Tattersall del Hipódromo de San Isidro abrir las persianas para recibir, el viernes 23 de octubre, a uno de los grupos más entrañables del género: Mala Fama, que por primera vez dirá presente en La Paranoli, esa varieté under que nació en 2009 en el Bajo de San Isidro y que con los años se convirtió en un clásico de las noches del conurbano norte.
La velada arranca a las 22 y se estira hasta las 4 de la madrugada en Avenida Márquez 800, en un evento solo para mayores de 25 años que, según aclaran los organizadores, no se suspende por lluvia. Hernán Coronel, el alma de Mala Fama, encabezará la fecha con una banda que se formó en 1998 y que a fines de 2000 editó su álbum debut, aquel que dejó títulos que ya son himnos del género y que cualquier abuelo con nietos adolescentes reconoce al primer acorde: La marca de la gorra y Soy Mala Fama, entre otros.
Una grilla que cruza generaciones y barrios
La noche no se queda solo en la cumbia villera. En el escenario también dirá presente la Orquesta Kaluqueña, agrupación de cumbia latinoamericana del conurbano oeste que pasó por Pasión de Sábado y viene de cruzar repertorios con Los Palmeras y con Diego Mujica, de Tambó Tambó. A las cabinas vuelven dos habituales de la casa. Por un lado, Diyaneiro, que regresa a La Paranoli después de algunas fechas fuera. Por el otro, Sista V, DJ afroargentina que mezcla hip hop, dancehall, funk brasileño y afropop, y que suele ser una de las sorpresas más celebradas por el público más joven.
- Mala Fama, encabezado por Hernán Coronel, debutando en La Paranoli.
- Orquesta Kaluqueña, con su cumbia latinoamericana del conurbano oeste.
- Diyaneiro, de regreso a las cabinas de la varieté.
- Sista V, DJ afroargentina con hip hop, dancehall, funk brasileño y afropop.
- Paseo del Arte con exposiciones, fotografía, arte en vivo y tarot.
- Food trucks, artistas itinerantes y puesto de merchandising oficial.
La Paranoli, esa fábrica de noches
La Paranoli cumple años y se nota. Empezó como una varieté under en el Bajo de San Isidro y hoy se realiza cada quince días en el mismo Tattersall, con más de 500.000 asistentes acumulados en sus distintas ediciones y un paso por el escenario que ya supera los 1.500 artistas, según cuentan sus organizadores. La fórmula es simple y querida: un patio grande, música pensada para no quedarse quieto, un Paseo del Arte con fotografía y exposiciones, lecturas de tarot, food trucks para ir picando entre tema y tema, artistas que aparecen de la nada y un puesto con merchandising oficial. Todo eso, más la música en vivo, conforma una velada que suele compararse con una gran peña de barrio, pero con producción.
Entradas y últimas preventas
Las primeras tres etapas de preventa ya están agotadas. La cuarta y última, que es la que está disponible al cierre de esta nota, tiene un valor de 35.000 pesos e incluye el acceso hasta la 1 de la madrugada. Vale tener en cuenta un dato práctico: no está permitido ingresar con indumentaria de equipos de fútbol argentinos, una regla de la casa que se repite en cada fecha para evitar que la noche se desvíe de su espíritu festivo.
Yo confieso que cada vez que escucho el repique inicial en un Tattersall me acuerdo de mi viejo, que nos llevaba a mi hermano y a mí a bailar a esos patios del conurbano, y la garganta se me hace un nudo de pura nostalgia. Si nunca fueron, esta puede ser la noche para empezar; si ya fueron, saben de qué se trata. Los espero en la peña del viernes, porque cuando suene el bombo y Hernán Coronel se plante en el escenario, la va a entender hasta el que venía sólo a comer un choripán.
