La momia, la aventura que despertó a Imhotep y conquistó a dos generaciones
A casi un cuarto de siglo de su estreno, la película de Stephen Sommers con Brendan Fraser y Rachel Weisz sigue siendo una de las cintas de aventuras más revisitadas: acá, un repaso por la historia, sus personajes y la huella que dejó en el cine popular.
Todavía me acuerdo del estruendo del bombo en el patio del barrio la primera vez que vi La momia, allá por el 99, en uno de esos ciclos de cine de aventura que mi viejo organizaba los domingos a la tarde. La pantalla se llenaba de arena, de tumbas egipcias y de una criatura que caminaba como si el desierto entero le debiera algo. Era imposible no quedarse pegado al sillón, y a mi lado, mi abuela Palmira, que había visto las viejas películas de monstruos de la Universal en el cine de la calle Rivadavia, no podía creer que aquello fuera la misma momia de su juventud, pero con otra ropa. Esa mezcla de memoria y sorpresa es, justamente, la que todavía conserva esta película.
Un punto de partida bien clásico, con ingredientes nuevos
Dirigida por Stephen Sommers, La momia llegó a las salas en 1999 con una propuesta que se animaba a mezclar géneros sin pedir permiso. Por un lado estaba la aventura pura, al estilo de los cazatesoros que uno veía en la tele junto a mi abuelo; por el otro, un terror con olor a cuento de sobremesa, y en el medio, un romance que aparecía casi sin hacerse rogar. El resultado fue una película que funcionó como puerta de entrada a una trilogía que se completó con El regreso de la momia, estrenada en 2001, y La momia: La tumba del emperador Dragón, de 2008.
La historia arranca con una expedición a las ruinas de Hamunaptra, la mítica ciudad de los muertos en el antiguo Egipto. Allí van a parar Rick O'Connell, el aventurero interpretado por Brendan Fraser, y Evelyn Carnahan, la egiptóloga encarnada por Rachel Weisz, dos personajes que en el papel parecen opuestos pero que se necesitan mutuamente para salir adelante. Rick es más de tirar adelante con coraje y algo de picardía; Evelyn, en cambio, carga con los libros, los idiomas antiguos y una vocación que su propia familia suele mirar con recelo.
Imhotep, el sacerdote que no quiere descansar en paz
En el fondo de esa expedición aparece la tumba de Imhotep, un sacerdote sobre el que pesa una maldición milenaria. Cuando los personajes la abren, sin saber del todo en qué se están metiendo, la criatura vuelve a la vida y lo que había empezado como una búsqueda arqueológica se transforma en una amenaza concreta, palpable, que puede alcanzar al mundo entero. Imhotep funciona como el motor que empuja toda la trama y el que le da a la película ese tono entre escalofriante y divertido que la distingue de otras aventuras con momias.
- Es una aventura con romance, acción y terror, sin necesidad de elegir un solo género.
- Tiene una pareja protagónica con química, la de Rick y Evelyn, que sostiene el corazón de la historia.
- Recupera al monstruo clásico de la Universal y lo reversiona para una nueva generación.
- Funciona como arranque de una trilogía que se extendió entre 1999 y 2008.
- Es una buena puerta de entrada para quien quiera recorrer después las dos secuelas.
Si uno la mira hoy, entiende por qué sigue siendo de esas películas que uno se cruza revisitando en una señal de cable o en una plataforma: tiene el ritmo justo, los personajes están bien delineados y el villano tiene peso propio. Sommers tomó prestada la sombra de Indiana Jones, claro está, pero le sumó un humor más ligero y un terror más explícito, y el combo cerró.
Para mí, La momia ocupa un lugar de privilegio entre las cintas de aventuras que uno guarda en la memoria del barrio, de las que se ven con los chicos, con los amigos, con la familia entera. Si te pasó algo parecido, este finde hay peña y hay buena excusa para volver a ponerla: agarrá el mate, llamá a algún amigo de toda la vida y dejá que Brendan Fraser y Rachel Weisz te vuelvan a llevar a Hamunaptra, como aquella primera vez.
