Saltar al contenido
Domingo, 4 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Economía /

La mesa se paga en cuotas: casi nueve de cada diez hogares argentinos pidieron fiado, tarjeta o préstamo en septiembre

El IETSE registró que el 88,8% de las familias relevadas tuvo que recurrir a algún tipo de financiamiento para comprar comida. La inflación mensual volvió a acelerarse al 2,1% y la Canasta Básica Total ya supera los dos millones de pesos.

Por Ramón LotoInterior y campo · · hace 1 h
La mesa se paga en cuotas: casi nueve de cada diez hogares argentinos pidieron fiado, tarjeta o préstamo en septiembre

Lo que se ve desde la ruta que cruza el norte argentino, a la altura de cualquier paraje donde el pozo de agua todavía da lo justo para la tropa, es una postal que se repite en los papeles del Instituto de Estudios del Trabajo y la Sociedad, el IETSE: la comida ya no se paga de una sola vez en la mayoría de las casas. El Informe Económico y Social de septiembre de 2026 dejó un dato que golpea de entrada: el 88,8% de los hogares relevados debió recurrir a alguna forma de financiamiento para comprar alimentos. O sea, casi nueve de cada diez familias no llegan a fin de mes con lo que tienen a mano en el bolsillo.

El fiado volvió a quedar en lo más alto del ranking, con un 38,4% de los hogares que lo usaron como principal recurso para llenar la heladera. Las tarjetas de crédito quedaron apenas un escalón más abajo, en el 36,5%, mientras que otro 13,9% directamente sacó un préstamo para poner comida en la mesa. Son cifras que muestran una economía doméstica cada vez más atada al crédito, al compromiso verbal con el almacenero del pueblo o a la financiera del centro.

Inflación que frena la tregua y precios que se van a las nubes

Porque el monte no vota, pero la inflación sí pasa por la cocina de cada casa. El IETSE marcó una suba mensual de precios del 2,1%, tres décimas por encima del 1,8% de agosto, lo que cortó la pequeña tregua que venían teniendo los precios en los meses anteriores. La inflación acumulada del 2026 ya llega al 24% y la interanual se plantó en el 32,8%, un número que se siente en cada changuito, en cada bolsa del súper y en cada mostrador del comercio barrial.

Para tener una referencia concreta, el hogar tipo que el estudio toma como base necesita $2.076.505 para cubrir la Canasta Básica Total, que es la línea que marca quién está por debajo de la pobreza. La Canasta Básica Alimentaria, que es el umbral de indigencia, se ubicó en $1.130.236. Son los valores que el propio relevamiento usa para medir cuánta plata hace falta como mínimo para comer y vivir dignamente.

La restricción se mete en la mesa y se lleva una parte de la porción

Esa plata no aparece, y por eso el ajuste llega directo al plato. El 57,6% de los hogares declaró que tuvo algún tipo de dificultad o restricción para acceder a todos los alimentos que necesitaba en septiembre. Dentro de los hogares con chicos, el 28,6% reconoció que algún niño, niña o adolescente comió menos durante el mes por falta de dinero. La cifra duele y se dice con todas las letras: casi tres de cada diez familias con menores pasaron hambre en algún momento del mes.

Los adultos tampoco se salvaron. En el 39,1% de los hogares, alguna persona mayor redujo voluntariamente su porción de comida para que el resto de la familia pudiera comer. El otro 60,9% dijo que esa situación no se dio, lo que deja al descubierto que la restricción de comida ya dejó de ser una excepción para convertirse en una práctica instalada en buena parte de los hogares.

El mostrador del almacén también levanta la persiana con menos mercadería

El cuadro se completa del lado de los negocios. Las ventas de alimentos y bebidas en los comercios minoristas de proximidad, medidas en volumen, cayeron un 8,3% respecto de septiembre del año pasado. Cuando baja la cantidad de lo que se vende en el almacenero de la esquina, en el kiosco del pueblo o en el super del barrio, lo que está pasando es que la gente directamente compra menos mercadería. Y cuando compra menos, muchas veces es porque no le alcanza, y entonces aparece el fiado, que termina siendo la válvula de alivio del mostrador y del hogar.

A esto se suma el dato sobre la fragilidad de los ingresos: el 61,3% de los hogares consultados respondió que podría mantenerse menos de una semana sin entrar dinero, y otro 32,7% dijo que resistiría entre una semana y un mes. Apenas un puñado quedó afuera de ese rango. Es decir, casi la totalidad de los hogares vive al día, paycheck a paycheck, esperando la próxima fecha de cobro para volver a empezar.

Yo, Ramón Loto, que recorro el Interior y el campo de punta a punta, me quedo con la sensación de que cada número de este informe tiene nombre y apellido, aunque figure en una planilla como un porcentaje. Detrás del 88,8% que tuvo que pedir fiado, del 28,6% que vio a un chico comer menos, del 39,1% que se achicó su propia porción, hay familias que siguen esperando una promesa que viene siendo incumplida desde hace demasiado tiempo: que con el trabajo honesto alcance para vivir dignamente. Y la fecha de esa promesa incumplida se renueva en cada índice de precios, en cada góndola, en cada manzana del barrio, en cada pueblo del Interior. La pregunta que dejo abierta es la que le toca responder a cada lector: ¿qué cambios hubo en la manera de organizar las compras de alimentos en su hogar durante septiembre?

RL
Ramón LotoInterior y campo

Te puede interesar