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La jubilación mínima se evaporó: con la misma plata, un jubilado compra apenas seis de cada diez cosas que compraba a fines de 2019

Siete años de inflación le comieron el 41% del poder de compra al haber más bajo del sistema. Unos 2,9 millones de adultos mayores perciben esa magra paga y conviven con un bono de refuerzo que tampoco escapó a la licuación. Mientras tanto, los haberes más altos también acumulan pérdidas históricas que ningún reajuste logró revertir.

Por Ramón LotoInterior y campo · 14 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Arranco por lo que vi esta mañana, cuando paré la camioneta cerca del paraje viejo, a la sombra del eucalipto que bordea el pozo de agua de la estancia: doña Elsa, que hace tres décadas amasa el pan en el pueblo, me contó que el sachet de leche le sale lo mismo que antes, pero la jubilación le rinde la mitad. Y no es una impresión de doña Elsa: es un número crudo que recorre el país de punta a punta. Entre diciembre de 2019 y agosto de 2026, el Índice de Precios al Consumidor trepó 4.231,3%, mientras el haber mínimo jubilatorio creció en pesos apenas 2.468,6%. La diferencia entre ambas cifras marca, sin margen para la épica, el pozo al que se cayó la dignidad de millones de jubilados argentinos.

Para traducirlo a la lengua de la gente: si a fines de 2019 alguien necesitaba cien pesos para llenar el changuito con la misma mercadería de siempre, hoy esa misma compra cuesta 4.331 pesos. Pero el dinero que cobra el jubilado que cobra la mínima no se multiplicó de esa manera: pasó de 19.068 pesos a 489.776 pesos, incluidos los bonos de refuerzo de 5.000 y 70.000 pesos, respectivamente. La cuenta cierra con un resultado que lastima: con esa plata hoy se compra apenas el 59,3% de la canasta que se compraba hace casi siete años. El monte no vota, pero los números de esta inflación tampoco necesitan que nadie los vote: se imponen solos.

Quiénes quedan atrapados en el haber mínimo

Aproximadamente 2,9 millones de personas perciben hoy la jubilación mínima en Argentina, lo que equivale a cerca de la mitad de los beneficiarios del sistema contributivo. Son mujeres que criaron hijos y no llegaron a juntar los treinta años de aportes formales, varones que trabajaron en negro buena parte de su vida y hoy malviven con lo que el Estado les reconoce, personas con pensiones por invalidez o por viudez que arrastran el piso de la pirámide jubilatoria. La promesa incumplida de aquel índice de movilidad que se anunciaba con bombos y platillos a fines de 2019, en plena campaña electoral, tenía fecha de vencimiento escrita en cada góndola del supermercado.

  • El haber mínimo pasó de 19.068 a 489.776 pesos entre diciembre de 2019 y agosto de 2026, con bono incluido en ambos extremos.
  • La inflación acumulada del período fue de 4.231,3%, contra un incremento nominal del haber mínimo de 2.468,6%.
  • El poder de compra del haber mínimo hoy equivale al 59,3% del que tenía a fines de 2019.
  • El haber máximo, que saltó de 103.064 a 2.824.694 pesos, perdió 36,7% real desde diciembre de 2019.
  • Un haber equivalente a tres veces el mínimo de entonces acumula una caída del 36% en su poder de compra.
  • El bono de 70.000 pesos lleva más de dos años sin ajustarse y perdió 56% de su valor real desde marzo de 2024.

El drama no se queda en la punta más baja de la pirámide jubilatoria. Los haberes más altos también retrocedieron con fuerza: el haber máximo trepó 2.640,7% en términos nominales, pero su poder de compra en agosto de 2026 fue 36,7% menor al de diciembre de 2019. Un beneficio equivalente a tres veces el mínimo de entonces acumula una pérdida del 36%, lo que dibuja un cuadro de conjunto en el que ninguna franja del sistema salió indemne. Entre septiembre de 2017 y diciembre de 2023, la jubilación máxima llegó a perder hasta 55,4% de su valor real; a agosto de 2026 esa caída se redujo apenas al 49%, gracias a que desde diciembre de 2023 los haberes sin bono ganaron 14,3% frente a la inflación.

El bono que tampoco se salvó

El refuerzo de 70.000 pesos que perciben los jubilados de la mínima se transformó en otro capítulo doloroso de esta historia: no tuvo ningún aumento desde marzo de 2024. Desde aquel mes, la inflación acumuló 129,2%, por lo que el poder de compra específico del bono se derrumbó 56%. Esa es la razón por la que los haberes más bajos perdieron 4,5% de poder adquisitivo en los últimos doce meses, mientras que quienes no perciben bono empataron con la suba de precios gracias a los reajustes por movilidad, que acumularon 33,5% entre agosto de 2025 y agosto de 2026.

El mecanismo de actualización vigente aplica los índices de inflación con dos meses de rezago, lo que significa que cuando los precios suben los haberes pierden poder de compra y cuando bajan lo recuperan solo a medias. Es una regla que suena técnica pero que en la vida cotidiana se traduce en que la leche, el pan, los remedios y la luz se pagan siempre con plata que ya tiene dos meses de atraso. La promesa incumplida de recomponer el poder adquisitivo de los jubilados tenía fecha cierta: diciembre de 2023, cuando se asumió con el compromiso explícito de devolverles lo perdido. Transcurrieron casi tres años y la herida sigue abierta, sangrando en cada farmacia y en cada verdulería del interior profundo.

RL
Ramón LotoInterior y campo

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