La fibrosis pulmonar, una enfermedad silenciosa que puede tardar hasta dos años en ser detectada y que obliga a revisar los propios límites del cuerpo
Especialistas neumonólogos y reumatólogos consultados coinciden en que la falta de aire y la tos seca persistente no deben normalizarse, sobre todo cuando se instalan de manera progresiva, y subrayan la necesidad de controles periódicos en pacientes con enfermedades autoinmunes, aun cuando no tengan síntomas respiratorios.
Me llamo Griselda Villavicencio y arranco esta nota como suelo arrancar tantas otras: contándoles a quién fui a buscar y cómo llegué hasta su consultorio. En este caso me tocó caminar hasta el barrio de Recoleta, donde funciona el Hospital de Clínicas, para sentarme frente a Juan Ignacio Enghelmayer, un neumonólogo que se la pasa viendo enfermedades pulmonares intersticiales y que tiene una manera muy clara de explicar lo que ve. La conversación fue larga, llena de matices, y dejó en claro algo que muchos pacientes sospechan pero pocos se animan a decir en voz alta: cuando el cuerpo empieza a fallar en los esfuerzos cotidianos, no siempre se le puede echar la culpa a la edad.
La fibrosis pulmonar es una enfermedad que deja cicatrices permanentes en el tejido de los pulmones y, con el tiempo, puede dificultar que la sangre se oxide como corresponde. Esas cicatrices pueden aparecer por motivos muy distintos: a veces por una enfermedad autoinmune, otras por partículas que se inhalaron durante años en un trabajo o en un ambiente, otras veces por determinados medicamentos, y también puede pasar que no se encuentre una causa clara, en cuyo caso los médicos hablan de fibrosis pulmonar idiopática. Precisamente porque las causas son tan variadas, distinguir el origen de cada caso es lo que permite definir qué tratamiento conviene y cada cuánto hay que controlarse.
Los síntomas que sí o sí tienen que llevar al consultorio
- Falta de aire que aparece con esfuerzos mínimos o que empeora en pocos días: la consulta debe ser urgente.
- Tos seca persistente, sobre todo cuando se sostiene en el tiempo sin una causa clara.
- Dificultad para hacer actividades que antes se toleraban sin problema, como subir escaleras, caminar una cuadra o cargar bolsas.
- Sensación de agotamiento injustificado al hacer tareas cotidianas, que no se explica solo por el paso de los años.
El propio Enghelmayer, en su rol de neumonólogo del Hospital de Clínicas especializado en enfermedades pulmonares intersticiales, suele remarcar un punto que parece obvio pero no lo es: la pérdida de capacidad para hacer esfuerzos no debe atribuirse automáticamente al envejecimiento, porque si bien estas enfermedades son más frecuentes después de los sesenta años, la edad no convierte en normal la falta de aire ni la convierte en algo que tenga que aceptarse con resignación. Esa frase, simple y directa, suele cambiar la mirada de los pacientes.
Para orientar el diagnóstico, el profesional revisa los antecedentes clínicos, las posibles exposiciones laborales o ambientales y los resultados de estudios respiratorios que ya se tengan hechos. Un paso clave es la tomografía de alta resolución, que permite observar cambios en el tejido pulmonar que en una radiografía común pasarían desapercibidos. En la auscultación, además, pueden detectarse ruidos similares al sonido del velcro que se pega cuando se despega, un indicio que solo el médico entrenado sabe reconocer y que, bien interpretado, suma una pista importante para pensar en fibrosis.
Cuando el problema viene de una enfermedad autoinmune, la lógica cambia
La evaluación tiene otra particularidad en personas con enfermedades autoinmunes, porque no siempre hay molestias que avisen que el pulmón ya está comprometido. Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía, me lo dijo con mucha claridad en su rol: quienes tienen esclerosis sistémica deben ser evaluados desde el diagnóstico en busca de compromiso pulmonar, mientras que en artritis reumatoidea la búsqueda se concentra en los pacientes que reúnen ciertos factores de riesgo. Es decir, en esos casos no se espera a que aparezca la tos o la falta de aire; se sale a buscar lo que todavía no dio señales.
“En una cohorte argentina en la que participé, el 35 por ciento de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial asociada a autoinmunidad no presentaba síntomas respiratorios, y dentro de ese grupo el 40 por ciento tenía una afectación extensa en la tomografía, por eso los controles indicados no dependen únicamente de sentir tos o falta de aire.”Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía
Lo que escuché en busca por los pasillos del Clínicas y del Ramos Mejía me dejó una sensación que vale la pena compartir: a veces el mayor riesgo no es la enfermedad en sí, sino la costumbre de mirar para otro lado cuando al cuerpo le cuesta cada vez un poco más hacer lo que antes hacía sin pensar. Los especialistas insisten en que el diagnóstico de fibrosis pulmonar puede demorarse hasta dos años, y por eso recomiendan no naturalizar la falta de aire, no dejar pasar la tos seca persistente y, sobre todo en pacientes con enfermedades autoinmunes, sostener los controles aunque uno se sienta bien, porque, como repitió más de un médico durante las entrevistas, el silencio del cuerpo no siempre significa que todo esté bien.
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