Cuando el cuerpo se mueve, la vida sexual también: lo que hay que saber antes de exigirle más al entrenamiento
Una fisioterapeuta especializada en suelo pélvico explica por qué la actividad física puede ser aliada del bienestar íntimo y en qué punto el exceso de entrenamiento empieza a jugarle en contra al deseo. Claves para empezar sin frustrarse y cuándo conviene consultar a un profesional.
Me encontré con Erika Lydon una mañana cualquiera en su consultorio del barrio de Palermo, adonde llegué arrastrando una duda que, sospecho, comparten más lectores de los que se animan a formularla: si el ejercicio mejora la vida sexual, ¿por qué hay quienes entrenan como si no hubiera mañana y, sin embargo, sienten que el deseo se les fue de paseo? La especialista en suelo pélvico me recibió con la franqueza de quien ya escuchó esa consulta muchas veces y se sentó a conversar conmigo como si el tema no tuviera ningún rubor. La conversación, como les voy a contar, dejó más de una idea dando vueltas.
Lo primero que dejó en claro la fisioterapeuta es que moverse bien es una de las mejores cosas que una persona puede hacer por su salud en general, y que de esa mejora general también se beneficia la vida sexual. No por un misterio ni por una fórmula mágica, sino por mecanismos bastante conocidos: mejor circulación, mejor descanso, mejor humor y menos estrés crónico. Sobre esos cuatro pilares, me dijo, descansa buena parte del bienestar íntimo.
Una pauta razonable para empezar sin ahogarse en el intento
Antes de pedirle al cuerpo heroicidades, Lydon propuso un punto de partida bien terrenal: elegir una actividad que le guste a cada uno y que sea posible de sostener en el tiempo. A los pacientes que se acercan al consultorio con la energía renovada de enero y cero constancia, ella suele sugerirles empezar con caminatas de 15 minutos e ir subiendo de a poco. La idea no es exprimirse en una semana, sino construir un hábito que sobreviva a los meses.
Como referencia general para la mayoría de las personas adultas, la especialista citó la recomendación clásica que repiten los manuales de salud pública: sumar 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado o 75 minutos de actividad intensa por semana, repartidos como mejor le quede a cada uno, más dos jornadas de trabajo de fuerza. Ahora bien, esa es una guía pensada para cuidar el corazón, los huesos y el ánimo, y no un tratamiento exprés para el bajo deseo ni una promesa de milagros en la libido. La salud y el estado emocional de cada persona pesan tanto como el plan de entrenamiento.
Cuando el suelo pélvico pide otra cosa
Antes de lanzarse a sumar ejercicios específicos para la zona, la recomendación concreta de la profesional es prestar atención a las molestias. Si hay dolor, incomodidad o preocupación genuina por el desempeño sexual, lo más sensato es consultar a un profesional de la salud o a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico. Esa musculatura sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, pero eso no significa que siempre esté floja y necesite fortalecerse: a veces, el problema es exactamente el contrario.
Por qué moverse puede ayudar a la vida sexual (y cuándo deja de hacerlo)
Sobre los mecanismos que conectan al movimiento con el bienestar íntimo, Lydon fue didáctica. El trabajo aeróbico favorece al corazón y a los vasos sanguíneos, y esa mejora en la circulación facilita la llegada de sangre a los órganos sexuales. Ese flujo interviene en la erección y puede contribuir tanto a la excitación como a la función sexual femenina, así que no es un detalle menor.
El descanso y el estrés, aclaró la fisioterapeuta, también cuentan, y mucho. La tensión sostenida puede dificultar el interés sexual, mientras que el ejercicio suele ayudar a mejorar el ánimo y a facilitar la relajación. El entrenamiento de fuerza, agregó, puede colaborar con procesos vinculados con la energía, el manejo del estrés y el equilibrio hormonal. Todo eso conforma un combo que, sin ser una receta infalible, suele inclinar la balanza a favor del deseo.
Los tiempos, eso sí, no son iguales para todos. Dormir mejor o sentirse menos estresado puede ocurrir bastante antes que un cambio notorio en la vida sexual, y esa diferencia suele confundir a quien espera resultados inmediatos. La recomendación, entonces, es armarse de paciencia, empezar de a poco, sostener la rutina y, sobre todo, no pasar por alto las señales del cuerpo ni las del ánimo. Como me dijo la propia Lydon al cierre de la charla, con una frase que me quedó rebotando en la cabeza: la clave no es entrenar más, sino entrenar mejor y escuchar lo que el cuerpo está pidiendo.
