Jonathan Lipnicki, el nene de Jerry Maguire, se anima a lo más oscuro en Venecia
El actor que todos recordamos como el chico de la mochila en la película de Tom Cruise presenta en el Festival de Venecia Primetime, el thriller de Lance Oppenheim donde Robert Pattinson interpreta al periodista Chris Hansen. Lipnicki encarna a un hombre sorprendido en uno de esos operativos televisivos que persiguen pedófilos en internet, y cuenta por qué aceptó un papel que le daba, según sus propias palabras, “miedo”.
El primer sonido que se me viene a la cabeza cuando pienso en esta nota no es un redoblante ni un bombo legüero, sino el murmullo viejo de un Living que se quedó prendido a las diez de la noche. Imagínenselo: era esa época en que las familias argentinas se sentaban frente al televisor como si fuera la mesa del domingo, y de golpe aparecía un señor de traje, con cara seria, hablándole a un tipo cualquiera que había caído en una trampa. Muchos de nosotros conocimos esos programas sin buscarlo, casi de memoria, porque eran parte del paisaje. Lo que nunca imaginamos es que alguien iba a llevar esa mecánica al cine con dos protagonistas tan improbables como Robert Pattinson y Jonathan Lipnicki, el nene que nos hizo reír y llorar en Jerry Maguire hace casi treinta años.
Una película que nace de los operativos reales
Primetime se presentó a comienzos de septiembre en el Festival Internacional de Cine de Venecia, donde se llevó una ovación de siete minutos, nada menos. La dirección firma Lance Oppenheim, un realizador que venía del documental y que con esta película debuta en el terreno de la ficción. La historia se apoya en los operativos que condujo en su momento el periodista Chris Hansen, interpretado por Pattinson. En aquellos programas, adultos se hacían pasar por menores en chats de internet y, cuando el sospechoso llegaba a la cita acordada, las cámaras lo esperaban con Hansen y la policía para confrontarlo.
Lipnicki, que hoy tiene 35 años, encarna justamente a uno de esos hombres que cae en la trampa. Es un papel durísimo, bien lejos del chico rubio de la mochila que le preguntaba a Tom Cruise por qué lo ayudaba. Y el propio actor lo sabe. En una de las notas que dio por el estreno, tiró una frase que me quedó dando vueltas, de esas que uno repite después en la mesa familiar: “Había rezado por un material oscuro”, dijo, casi como confesándose con un abuelo en la sobremesa.
El desnudo y el vértigo de un papel distinto
El material periodístico que llegó a la redacción cuenta que en la película hay una escena de desnudo frontal del actor. Lipnicki reconoció que ya había hecho uno en la obra teatral Lost Girls, pero esta vez fue distinto. El contexto del personaje hizo que la experiencia le resultara intimidante, según sus propias palabras. Es que no es lo mismo desnudarse en un escenario experimental de Nueva York que hacerlo cuando estás interpretando a un tipo señalado por la sociedad entera.
“Había rezado por un material oscuro”Jonathan Lipnicki
A mí, si me dejan hablar de viejo, esto me recuerda a esas charlas que uno tenía con el abuelo o la abuela cuando preguntabas por qué alguien se metía en esos quilombos. La película no juzga de manera rápida, sino que se queda en esa zona gris donde se cruzan la búsqueda del rating, el trabajo periodístico y la presencia de la policía. Oppenheim, que conoce el tema porque viene del documental, parece más interesado en mostrar cómo funciona la máquina que en repartir condenas.
El recorrido de Lipnicki, dicho sea de paso, es de esos que le gusta recordar a la tribuna cinematográfica de cualquier peña. Debutó en 1996 con Jerry Maguire, al lado de Tom Cruise y Renée Zellweger, y se llevó un Critics’ Choice Award y un Young Artist Award. Después llegó Stuart Little en 1999, que junto con su secuela rondó los 300 millones de dólares de recaudación en todo el mundo. Después, el silencio. De grande, solo dos películas protagonizadas por él llegaron a los cines, y Primetime es la segunda. Es decir, no estamos ante un actor que hace ruido por hacer ruido, sino ante alguien que elige muy bien dónde poner el cuerpo y la cara.
Por qué esta película importa
Primetime no es un film más deploitation ni un thriller barato. Es una pregunta incómoda sobre hasta dónde pueden llegar los noticieros cuando se cruzan con causas judiciales, sobre cómo se construye un monstruo en cámara y sobre qué lugar ocupa el espectador. Que el nene de Jerry Maguire sea ahora el encargado de encarnar a uno de esos hombres tiene, además, un valor simbólico enorme. Es casi como si el cine norteamericano se mirara al espejo y se preguntara qué pasó con sus propios rostros entrañables.
Les digo lo de siempre, con el corazón en la mano: este tipo de historias hay que ir a verlas, comentarlas y discutirlas en la peña del fin de semana, porque no son temas que se agotan en una función. Si andan por Buenos Aires y hay algún ciclo de cine raro programado, arrímense. Y si no, siempre queda el patio, el vino, y la conversación de siempre con los amigos de toda la vida, que es la mejor pantalla que tenemos.
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