El Pirata se llevó el clásico a la rastra y Talleres se quedó masticando palo
Belgrano ganó 1 a 0 en el Kempes con un gol de Ramiro Hernández después de que la pelota le rebotara adentro del área. Vicentini fue una muralla, la T falló todo lo que fallable había y hasta los postes le negaron el empate.
A mí no me vengan con el libreto del fútbol: el que pega en el palo no entra, y el que entra, gana. Belgrano se llevó el clásico cordobés por 1 a 0 frente a Talleres en el mismísimo Mario Alberto Kempes, y lo hizo con la ley del más vivo: un contraataque, un rebote dentro del área y Ramiro Hernández empujándola con el alma. Cero lujo, cero magia, tres puntos. Y a otra cosa.
El gol llegó a los 41 minutos, justo cuando Talleres se había adelantado en el campo creyendo que el entretiempo lo encontraba arriba. Error. Belgrano recuperó, salió por la izquierda, metió el centro y, después de que Nicolás Fernández no pudiera resolver, Hernández apareció como nueve de emergencia y mandó la pelota a guardar. Entró desde el banco, reemplazó a González Metilli, y le cambió la cara al partido. De eso se trata, muchachos.
La noche de Vicentini y la maldición de los palos
Porque si la historia fue de Hernández en ofensiva, el verdadero héroe se puso los guantes. Manuel Vicentini se comió la cancha: desvió al córner un cabezazo de Valentín Depietri que tenía destino de red, le ahogó el grito a cada centro que cayó al área y hasta le sacó el ángulo a un tiro libre del pibe Giovani Baroni, de 17 años, que se había despachado con una ejecución que terminó dando en el travesaño. Una cosa de locos.
Y ojo, que el palo no fue solo amigo de Belgrano. Rick se había despachado antes con un zurdazo que se estrelló contra el poste, Diego Valoyes cabeceó desviado con el arco libre después de una salida de Vicentini que parecía complicarla, y la T acumuló situaciones como para irse al menos con un empate. Pero no: el fútbol es así, y el que no convierte, pierde.
(Y ya que estamos, una preguntita para la dirigencia de Talleres: ¿hasta cuándo se va a sostener este libreto de jugar bien y no ganar? La tribuna del Kempes se fue masticando bronca, no merecidas llegadas.)
Zelarayán, el palo y la historia que Belgrano quiere escribir
Porque Belgrano no se conformó con defender. Lucas Zelarayán tuvo la pelota para liquidarlo: remató de derecha desde el borde del área y otra vez el palo apareció para salvar a Talleres, con la pelota paseando por toda la línea de gol sin animarse a entrar. Antes, el propio Zelarayán había cabeceado por encima del travesaño y Passerini había fallado un avance mano a mano que terminó en un remate alto. La T respiró como pudo.
El historial manda y habla: Belgrano se llevó un clásico en el que le sobraron actitud y oportunismo, y se quedó con un triunfo que vale doble cuando se juega en casa ajena. Ricardo Zielinski leyó bien el partido, metió la mano con los cambios desde el banco y se llevó un premio justo. Talleres, en cambio, volvió a dejar la sensación de que algo no cierra entre lo que genera y lo que concreta.
Cierro con lo mío: a Zielinski le pido, con todo el cariño, que no se duerma. Este equipo tiene con qué ilusionarse, pero todavía le falta regularidad. Y al hincha de Belgrano, que vaya guardando esta noche en la memoria: clásicos así, con un arquero convertido en leyenda y un rebote que te cambia el año, no se ganan todos los días.
