El courier aflojó en agosto pero el año ya mueve USD 855 millones: la argentinidad se fue a comprar afuera
Las importaciones por servicios postales cayeron por segundo mes seguido y aun así superan los USD 100 millones mensuales. Un estudio de la CACE revela que seis de cada diez argentinos ya compraron en el exterior y que el precio manda lejos, con la variedad y la indisponibilidad local como escoltas.
Les cuento lo que vi esta semana, mientras bajaba por la ruta y pensaba en la cantidad de cosas que ya no se consiguen en cualquier pueblo del interior: el mes de agosto dejó una postal elocuente para cualquiera que entienda cómo se mueve la plata de los argentinos en este país. Las importaciones que llegan por courier, esos envíos postales que durante años fueron la válvula de escape para comprar afuera lo que acá falta o lo que acá sale carísimo, registraron en agosto USD 104 millones, una cifra que parece alta pero que en realidad muestra el segundo retroceso mensual consecutivo, después del pico de USD 125 millones que se había tocado en junio.
Ahora bien, no nos engañemos con el descenso, porque el acumulado de enero a agosto de 2026 alcanza USD 855 millones, lo que representa un salto interanual del 71,1%, y deja al 2026 a nada, a USD 39 millones, de igualar todo lo que entró por esa vía durante el año pasado completo. Si el ritmo se sostiene, como advierte el informe de Analytica, el cierre del año podría superar los USD 1.200 millones. Seis meses seguidos por encima de los USD 100 millones mensuales dan cuenta de una tendencia que no es un capricho pasajero sino una decisión de consumo instalada.
Por qué la gente cruza la frontera con el clic
El estudio Mid Term 2026 de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) se encarga de explicar el fenómeno desde la vereda de los compradores, y el resultado no debería sorprender a nadie que haya ido a un mayorista o que haya intentado cambiar una pantalla en el pueblo: el precio manda con el 64% de las menciones, seguido por las promociones y descuentos con el 45% y por la variedad de marcas o modelos con el 40%. La disponibilidad también pesa: un 45% de los encuestados dijo que elige productos o servicios que directamente no encuentra en la Argentina, y otro 31% recurre a proveedores del exterior para acceder a suscripciones o servicios digitales como aplicaciones, software y plataformas de streaming.
- 64% compra afuera por precios más convenientes.
- 45% menciona promociones y descuentos.
- 45% busca lo que no consigue en el país.
- 40% valora la variedad de marcas o modelos.
- 31% accede a suscripciones y servicios digitales desde el exterior.
El dato más fuerte, el que a mí más me golpea cuando recorro el interior y veo cómo se vacían las vidrieras de los pueblos, es que seis de cada diez argentinos ya hicieron alguna compra internacional por internet. Pero hay más: el 18% tuvo su primera experiencia durante 2026, contra apenas el 8% que se había animado en 2025. La novedad no está entre los adultos de siempre, sino entre los jóvenes de 18 a 34 años, que se incorporan masivamente a una práctica que llegó para quedarse. El monte no vota, decía un productor de la zona de los palmares chaqueños mientras miraba el celular, y en esa frase seca está la síntesis del asunto: la Argentina profunda queda afuera del mapa de lo que se consigue y de lo que se puede pagar.
Qué se lleva la gente y cómo lo hace
Cuando se les preguntó qué compran, los encuestados de la CACE respondieron con un ranking que parece escrito por las nuevas generaciones: contenidos audiovisuales, software, aplicaciones y servicios de streaming reúnen el 21% de las menciones; la ropa y el calzado no deportivo suman el 17%; la indumentaria y el calzado deportivo, el 16%; pasajes y turismo, el 13%; y celulares y accesorios, el 12%. La frecuencia delata el carácter todavía exploratorio del fenómeno: el 64% compra de manera ocasional y el 27% lo hace de forma regular, lo que muestra que todavía hay un techo enorme para crecer si es que la economía y el tipo de cambio acompañan.
Yo, que vengo de andar por caminos de tierra y de parar en el mismo paraje cada vez que la camioneta me lo permite, donde el pozo de agua marca el ritmo de la tarde y la conversación con los puesteros, no puedo dejar de leer estos números sin que me retumbe una pregunta que ya lleva varios años flotando en el aire de la política económica: ¿en qué momento se decidió que para el argentino de a pie iba a ser más barato comprar del otro lado del mundo que en la tienda de la esquina o en la fábrica del parque industrial de su propia provincia? La respuesta sinceramente no la tengo, pero sí tengo la certeza de que cada paquete que cruza la aduana por courier es un voto silencioso contra un modelo que sigue prometiendo, desde hace décadas, que la producción nacional y el consumo interno se van a encontrar en algún estante de un supermercado. La promesa tiene fecha, y la fecha ya venció.
